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Crónica de la I Campeonato del mundo de Carreras descalcistas de fondo

 

Foto de Emilio Sáez Soro, cedida por la organización.

Es curioso cómo el universo nos sitúa a cada uno en nuestro lugar en el universo, cómo uno va tomando decisiones según uno vaya sintiendo unas descargas eléctricas en el cerebro que hace que esto funcione así de perfecto…y decidas si por la derecha o por la izquierda, si apuntarte a una carrera o no en diferentes momentos de la vida.

Este fin de semana tendría que haber estado en Madrid, pero una tarde de verano, de las últimas tardes de agosto, fui a pasear con mi chica por la playa, he de decir que no somos mucho de pasear por la playa, somos más de paseos por la montaña o en bici…pero esa tarde se decidió ir a “esa precisa playa” donde nos encontramos con Emilio, organizador de la carrera. Él iba a correr una horita…justo por esa playa…Estuvimos hablando y le dije que no sabía si podría correr el campeonato del mundo porque, como bien he dicho, no iba a estar en Castellón. De pronto le pregunté si podría dar una conferencia durante la feria del corredor, me dijo que sí al instante…la cosa cambia, no es lo mismo venir a dar una conferencia y correr que solo venir a correr…el cerebro pensante que busca excusas para tomar decisiones ya encontró una…”!Voy a Oropesa a dar una conferencia y de paso corro!”. El universo me lo pone en bandeja. Trabajar y disfrutar. La conferencia es gratuita pero es más Currículum. Creo que estuvo muy bien, el respetable público disfrutó mucho y yo también. Hablamos de correr y meditar y de quién no ha dejado una carrera para ayudar un amig@. Hablamos de sentir, de escuchar nuestros cuerpos, nuestros corazones, de disfrutar.

El domingo corrimos una gran carrera. Mientras esperaba la hora de la salida pude hablar con la concejala de deportes de Oropesa, me propuso dar otra conferencia en una feria de Salud y deporte que tendrá lugar en diciembre. También Juanma, organizador del Maratón de Castellón me ofreció su feria del corredor para otra charla…

Al acabar la carrera que tanto disfrutamos, vino a verme una gran amiga con su madre. Tanto la madre de mi amiga como yo compartimos unos días de verano en el Hospital General de Castellón, en la planta de Neurología porque nos dieron, a ambos, sendos ictus. Ella todavía tiene secuelas. Vino a verme y nos emocionamos. Me miró los ojos y me confesó que yo era su referente. Cuando su hija, mi gran amiga, le comentaba estando todavía en el hospital, que yo ya caminaba, ella me admiraba. Cuando se enteró que iba a correr 10 km tres meses después de mi ictus, me admiró más. Esta gran señora vino a verme para trasmitirme esa admiración,  para darme su amor, para empatizarnos en un sentimiento de ayuda mutua, de compasión. Al final, entre lágrimas, la entregué mi medalla pues se la merece más que yo, es su premio por seguir luchando contra toda prueba que nos plantee la vida, sean de 10 km o un maratón. La mente lo puede todo, amiga, cuando te de bajón, coge la medalla con tus manos y saca fuerzas para seguir, visualízate llegando a la meta.

Parece que se hacen las cosas sin sentido pero un determinado día, todo cobra sentido…

El domingo corrimos una carrera de texturas pues corrimos por arena, piedras, agua, asfalto, madera.

Una carrera de alquimistas, de corredores descalzos que, golpeando con nuestros piececitos el planeta tierra, cargamos nuestros espíritus con el fuego de la pasión, del puro amor por vivir.

Golpeando las maderas que había en una parte de la carrera, pasábamos haciendo música, tocando los tambores al ritmo de los corazones de todos esos locos corredores descalzos, para que el universo nos oiga al unísono…esa mañana, nosotros marcamos el ritmo del planeta con amor.

Me encantó disfrutar de la carrera con nuevos amigos, llena de compañerismo, de amistad.

Me encantó el trato de los voluntarios, ángeles de las carreras, indicando el camino, dando de beber, de comer o una medalla y camiseta de Finicher.

Solo puedo decir GRACIAS a todos.

Gracias, Emilio, por hacer que las cosas pasen, gracias por juntar almas.

Vivo dejando fluir la vida y me encuentro con que todos los días me puedo sorprender por algo nuevo.

¿No es la vida algo maravilloso?

 

¿Por qué corro descalzo?

Artículo publicado en Pressenza

¿Por qué corro descalzo?

Sí, corro descalzo.

Corro descalzo por asfalto, por tierra, por ciudad, montaña o en la playa.

En mis entrenamientos matinales o carreras he de escuchar todo tipo de miradas y comentarios, desde palabras de ánimo o sorpresa hasta algún insulto espontáneo pero con gracia como el que me escupió un hombre mayor de un pueblo quien  nunca pensó hubiese alguien capaz de semejante aventura: “!gilipollas, qué has perdido las zapatillas!”.

Muchas personas me preguntan ¿Por qué? La pregunta correcta sería ¿Para qué?

Todo empezó hace unos tres años, corría maratones y ultramaratones con zapatillas. Lento, a mi ritmito, me gusta mucho correr y meditar, sin prisa, disfrutando del hecho de correr. El contacto con mi ser interior en las carreras facilita el dejar atrás etiquetas y egos y encontrarse con el yo más intimo, con mi autentico ser interior. En esa época corría y corría y me lesioné. Tuve un par de fascitis, una falsa ciática, todo era provocado por pisar mal.

Una tarde mientras firmaba en la Feria del Libro de Madrid  ejemplares de mi tercera obra, Misterios y enigmas de Madrid, amigos corredores pasaron a saludarme, estábamos como en casa, el Parque del Retiro es el lugar de entrenamiento de muchos de nosotros. Hablando con ellos me preguntaron cuando volvería a correr…tras un rato callado dije, “pronto, además voy a probar a correr descalzo, creo que me lesiono por las zapatillas”.

Al poco tiempo, otro amigo con el que comparto meditación y carreras, me regaló Nacidos para correr de Christopher McDougall. En este libro cuentan los beneficios de correr descalzo o minimalista con los huaraches que usan los indios tarahumaras de México. Al parecer la mejor obra de ingeniería que ha hecho la naturaleza son los arcos de los pies, los arquitectos se basan en ellos para hacer los puentes pues pueden sujetar todo el peso que sea preciso.

Somos la mejor obra de ingeniería del universo pero no nos lo creemos

Las zapatillas con sus cuñas y tacones, plantillas con gel y burbujas de aire a modo de calzas nos estropean la pisada y a su vez la espalda, pues no corremos naturalmente, como lo hacían nuestros antepasados, nuestros ancestros. Otros factores como la sociedad del bienestar; el exceso de vida sedentaria, cada vez caminamos menos, usamos transportes a motor en lugar de caminar o usar la bicicleta; los tipos de trabajos e incluso el ocio nos han hecho emocionalmente blanditos y nos hace ser carne de cañón para las lesiones de uno u otro tipo, físicas o emocionales.

Me regalaron un dorsal para la carrera de Juegoterapia, justo el día antes murió María de Villota, corredora de Formula 1, todo el mundo hablaba de su eterna sonrisa, de su muerte, de su vida, de su obra, “La vida es un regalo” escribió como legado, pero nadie hablaba de los 800 muertos que había habido el mismo día en Lampedusa. Inmigrantes que cruzaban ilegalmente unas fronteras imaginarias para intentar conseguir un motivo para sonreír, por cierto ¿Os fijáis que esos “negritos” ilegales que hay en la puerta de los supermercados son los únicos que sonríen, al menos en Madrid? Sonríen porque es su forma de entender la vida. Sonríen sin esperar nada a cambio, les demos o no unas monedas como pago para limpiar nuestras conciencias. Sonríen.

Esa carrera de diez kilómetros, solidaria por la ong Juegoterapia, era mi vuelta a las carreras de asfalto.
Reflexionaba sobre esa idea de las sonrisas sin entender  muy bien las prioridades de occidente…la vida es un regalo para todos. Durante mi proceso de meditación en movimiento reflexioné ¿y si corro el último kilómetro sin zapatillas? Me hacía falta una excusa para atreverme a dar el paso al descalcismo, así que me dije “Lo haré por los muertos en Lampedusa por los que intentan llegar a un mundo en el que poder sonreír”.

Ese kilómetro fue un autentico placer de sentimiento de libertad, de empatía, compasión y contacto con la tierra. Sentía el latir de Pachamama bajo mis pies, mis raíces llegando al corazón de la tierra. Entendí que ponía en su lugar a los fallecidos anónimos en una tragedia olvidada, honraba a su memoria, pero el favor que ellos me hicieron no tiene comparación. Ese día cambió mi vida.

Al día siguiente otra carrera en la que corrí los dos últimos kilómetros descalzo pero esta vez por mí, sin excusas.

Así dejé las zapatillas a un lado.

Hice nuevos amigos minimalistas que me aconsejaban muy bien desde dónde comprar material para hacerme yo los propios huaraches hasta cómo hacer una correcta transición añadiendo poco a poco kilómetros descalzo o la forma de correr, como un lince, las rodillas un poco dobladas como cuando haces TaiChi, los pies como garras y el alma dispuesto a volar. Y así hice una carrera de montaña de 34 kilómetros volando entre las piedras. Contacté con mis animales de poder de cada momento, pasé de ser jaguar a halcón en cuestión de minutos y me sentía volar entre las piedras, era libre. Mi mente trabajaba en la meditación, en el aquí y el ahora, no era yo el que corría, era Mi niño interior disfrutando del momento.

Las enseñanzas de correr descalzo no acaban con la carrera, no me importa pararme durante una, en mitad de la montaña, a abrazar árboles. No importa llegar el último, lo realmente importante es conectar con la esencia del ser, con la unicidad, sabiendo que todos somos uno.

Tras mi transición también cambié mi forma de alimentarme, me he convertido en vegetariano ético. Amo la vida y evito hacer daño a todo ser vivo. Abogo por un consumo responsable y coherente con nuestros propios principios de sostenibilidad en contra de la industrialización salvaje de la alimentación que no contempla el bienestar de los animales o del propio planeta.

¿Cómo era la pregunta que me estoy desviando del tema? ¿Para qué corro descalzo?

Para sentirme parte de la tierra, para recordarme que los límites que tengo los pongo yo y que cuándo quiera rompo mis miedos y salto al vacio…¿límites? No existen.

Meditar y correr, correr y meditar. Ser consciente de mi cuerpo, mis pisadas, la respiración, de dónde termino yo y empieza el ego. Sentir el dolor de pisar una piedra como una señal de algo que he de mejorar y olvidarme del sufrimiento que conlleva ese dolor.

He llegado a una meta, en los 10k de Parla y el servicio médico me llevó a su carpa. No sabía por qué, había hecho mi mejor marca en  un 10.000, estaba feliz no entendía por qué me llevaban. Me suben a una camilla y me dicen que levante el píe. Estaba ensangrentado, pisé mal durante la carrera y se hizo una rozadura. La piel levantada cubría un poco de arena pegada a la carne, había que quitarla y los enfermeros lo hicieron muy bien, sin escrúpulos. El dolor que no sentí en mi meditación durante la carrera lo sufrí en un eterno segundo. Volví a casa observando el origen del dolor, lo encontré, lo abracé  y lo dejé ir. Entonces el dolor se convirtió en gratitud. Llegué a casa sonriendo.

He corrido el maratón de Madrid descalzo y 63 km de los 104 de Madrid Segovia con huaraches…ahora no entiendo otra forma de entrenar ni de vivir.

El ser minimalista es conocerte, empoderarte, aprender a ser fuerte a pesar de las debilidades, es mente, es poder del pensamiento, es fusionarte con la naturaleza, es amar la naturaleza, es amarse, AMAR.

Cuando corro me siento poderoso, cuando corro descalzo me siento invencible, no habrá monstruo, pesadilla ni sombra que pueda conmigo, ni siquiera yo mismo.

 

 

 

 

Correr descalzo

Cuando te pones las zapatillas te sientes poderoso, cuando te las quitas, invencible.

Corre descalzo.

He estado leyendo un libro, del cual hago la reseña en éste mismo boletín, sobre unos locos que corren descalzos.  Llevo observando, tiempo antes de leerlo, como me han llegado diferentes señales para probar semejante locura… Amigos que han empezado a correr descalzos, o con calzado minimalista, es decir, con una simple suela de goma; he sufrido diferentes lesiones… recuerdo que el pasado mes de junio comenté a una amiga la posibilidad de hacer una carrera de 5 km descalzo por mi dolor de pies, sufría de una fascitis plantar. Al final no fui a esa carrera porque me quedé dormido, no era mi momento. Pero me quedé con las ganas.

El pasado sábado 12 de octubre, corrí una carrera por asfalto bastante fea, entre calles de un polígono, carretera y ciudad, fea, sin gracias. He de reconocer que yo soy más de montaña, pero bueno, ésta era solidaria, iban muchos amigos, se planteaba como una fiesta.

Durante la carrera me dio una intuición, sentí una señal, tenía que descalzarme y hacer un sacrificio por las personas que sufren y mueren al intentar cruzar un mar para intentar conseguir un mundo mejor, la carrera fue el día después de la muerte de varias personas intentando llegar a Lampedusa y de la muerte de María de Villota.

Así que siguiendo mi instinto, me paré, me quité las zapatillas y corrí el último kilometro descalzo.

Lo que sentí no se puede describir, esa conexión con la tierra, con la naturaleza…fueron momentos mágicos y solidarios.

Valió la pena el sacrificio, sentí todas las almas en mí, como todos somos uno y nos unimos en la tierra, nuestras raíces conectadas por algo más que tierra, energía pura de amor incondicional.

Volví a correr descalzo al día siguiente y al otro…sé que he de ir con cuidado porque puedo mejorar los pies pero me puede repercutir en la espalda, habrá más lesiones, otras diferentes, pero el sentimiento que he tenido al correr descalzo se queda pequeño con la mejor de las descripciones. De verdad que no hay palabras. Dicen que hay que desaprender a correr con zapatillas y que el regreso a lo natural conlleva posibles lesiones…y seguro que vale la pena de posibles lesiones por sentir todo esto…Seguro.

Es puro amor, esencia de una conexión sin límite, el límite lo ponemos nosotros, en nuestra cabeza, en nuestros pies, pero yo tengo muchas motivaciones para correr.

Cada día que pruebo, me pruebo a mí mismo. Cada superficie nueva es una nueva experiencia, algunas más dolorosas, las rugosas son tremendas…la meditación constante con el punto de consciencia que da el fijarse bien en donde pones los pies, cuidando no pisar ramas, piedritas o suciedad, zancada tras zancada, cada pisada es un punto de referencia de la conexión planeta tierra y uno mismo.

He llegado a sentir los latidos del corazón de la tierra a través de los pies, he sentido como la tierra tiene una enorme necesidad de amor, pero que es bella y sabia y nos dará siempre lo que necesitamos, como una buena madre, como la Madre Naturaleza que es.

Y he sentido que yo no corro por huir, corro para encontrarme.