Archivo de la categoría: cuento

Cuento entre Cuencos

Cuento entre Cuencos y Meditación Vibracional con Gregorio Soto y Carme Balmes

El pasado 16 de junio, tuve la oportunidad de improvisar un cuento durante la meditación vibracional que Gregorio Soto y Carme Balmes hicieron en la Librería Azul en Castellón.

Para mi fue algo muy especial, el primero de muchos cuentos que narramos entre percusión, ondas vibracionaes, palabras y amor.

Gracias por hacerlo posible

Leyendas sobre el Amor y el universo

Cuenta una leyenda que durante la primera mitad del siglo XX, un hombre sabio vivió con humildad en una cueva a las afueras de una gran y moderna ciudad. Su austeridad llamaba la atención a las personas que paseaban cerca de dónde él solía estar recogiendo plantas medicinales o meditando. El sabio siempre tenía una palabra hermosa que decir a cada persona con quien se cruzaba, es más, sus palabras eran como pequeñas profecías que se acababan cumpliendo, tornando así su fama de ermitaño a la de adivino. El “Oráculo del atardecer” decía que tenía cuando se le preguntaba por su don.

Su fama le hizo ser muy visitado por todos los habitantes de la ciudad, incuso venían de otras más lejanas. Su bondad y amor por la naturaleza le engrandeció, pero él siempre fue humano, humilde, trabajador.

Un día murió lleno de amor. Los científicos, que tienen esa insana curiosidad de encontrar una razón a todo, pidieron hacer la autopsia para ver cómo es un hombre santo por dentro. Le abrieron y descubrieron que estaba hueco a la altura del  pecho, no tenía corazón.  Llamaron a filósofos, místicos, ascetas, maestros y toda la comunidad científica para intentar dar respuesta al misterio. Llegaron a una conclusión, “se quedó sin corazón de tanto regalar amor”. Pero a muchos ascetas no les gustaba esa teoría porque nadie se puede quedar sin corazón por dar amor. Así que tras semanas de debates, un atardecer, se presentó el Sabio en medio del grupo de investigación para dar un mensaje “Vais por buen camino, el corazón no se consume por dar amor, lo que me ha pasado es que he amado tanto que mi corazón creció y creció y ya no me cabía en mi pequeño cuerpo. He rebosado de amor y me he convertido en todo lo que he amado. Ahora Yo Soy, como, sin saberlo, lo Sois Vosotros. No tengáis miedo a entregaros porque a donde vais a llegar es todavía mucho más hermoso que eso que estáis viviendo ahora en este mundo lleno de dudas, a donde se llega, donde he llegado y a donde llegaréis, es a la comprensión absoluta del bien y del mal, para ello hay que ver el camino del bien a través de la senda oscura y entender la senda oscura a través de la luz que aporta el bien, ese bien que todos llevamos dentro. Todos somos Uno y ese se llama Amor”. Y desapareció  su imagen pero no su esencia.

Uno de los científicos reunidos allí alzó la voz y dijo: El ser humano forma parte, con una limitación y el espacio, de un todo que llamamos universo. Piensa y siente por sí mismo, como si estuviese separado del resto… Esa es una cárcel que nos circunscribe… hay que traspasar sus muros y ampliar ese círculo para abrazar a todos los seres vivos y a la naturaleza en todo su esplendor”. Esa persona que habló fue Albert Einstein.

Desde entonces el mundo brilla y ama con comprensión y conciencia, aunque a veces tenga que pasar por algún tramo oscuro…la famosa noche oscura del alma que denominó el místico santo católico San Juan de la Cruz en el siglo XVI, y a la que ya hacían referencia pensadores como, el místico sufí andalusí Ibn Abbad al-Rundi en el siglo XIV o Aristóteles en el siglo IV A.C.

Nuestras crisis, nuestros miedos o dudas no son parte de una época, son parte de un camino de evolución permanente.

 

El ángel de las carreras. Cuento infantil y para adultos

-Cuando Julia creía que ya no podía más, sintió una voz que susurraba en su oído “Quizás crees que no llegarás a la meta, pero todavía te quedan fuerzas para hacer 30 kilómetros más”.  Miró mas no vio a nadie, pero esas  palabras dejaron un mensaje que entendió bien clarito. Su ángel de la carrera se le apareció en el momento más oportuno y Julia aceleró y terminó su San Silvestre con un buen tiempo y una mejor experiencia.

-Papá, papá, cuéntamelo otra vez, por fis…

-No hija, es tarde y tienes que ir a dormir…mañana nos espera un largo día. Tenemos que preparar la cena, que vienen los abuelos, recuerda que mañana es Nochebuena.

-Papí, ¿los abuelos conocen la historia de los ángeles de las carreras?

-Pues no lo sé, María,  se lo preguntaremos mañana. Buenas noches, hija, que descanses.

-Papí, una pregunta más…¿Tú crees que yo me encontraré con mi ángel de las carreras alguna vez?

-Seguro que sí, pero para eso hay que descansar, dormir bien, comer mejor y entrenar mucho.

A la mañana siguiente, Roberto se preparó, como todos los días para salir a correr. Hacía frio y no madrugó tanto como acostumbraba. Cuando bajó las escaleras  se encontró con María vestida con su ropa de corredora, buff y guantes incluidos.

-Papá, hoy voy contigo. – Roberto sonrió y se preparó para pasar una gran mañana.

-¿Sabes? Hoy es la carrera de Navidad de Villanueva de Perales, ¿quieres ir?

-Sí, respondió con una enorme sonrisa.

Padre e hija fueron en coche al lugar donde se hacia la gran carrera de la Navidad. Al llegar vieron el ambiente de la carrera que era muy especial, había gente disfrazada y mucho sentido del humor, pero sobre todo había mucho amor.

-María, tienes que correr sola, no me dejan correr contigo, pero te esperaré en la meta.

-Vale, haré como dices, no gana el primero que llega a la meta sino el que más disfruta.

-Eso es María, disfruta cada zancada.

-¿Y veré a mi ángel?

-Seguro que sí, si corres con el corazón.

-La carrera infantil era de 3 kilómetros para los niños de 8 años, la edad de María.

Se preparó en la línea de salida junto al resto de niños…sonó el disparo y todos los niños salieron corriendo.

Una niña se cayó y no pudo continuar corriendo, los primeros chicos se dieron cuenta de eso y pararon la carrera, se volvieron a por la pequeña que se había caído y agarrándola entre todos, fueron juntos hasta la meta.

Llegaron todos a la vez. No hubo ganadores, solo hubo ángeles.

Quería continuar con un cuento

Érase una vez un joven muchacho educado en un mundo competitivo típicamente occidental de finales del siglo XX. Un día estaba jugando con sus amigos y cuando le intentaban explicar un juego no podía entender que no ganara nadie, “Solo jugamos por diversión, no gana nadie” le explicaron pero aún así, no entendía el sentido de un juego que se hiciese sólo por diversión. ¿No gana nadie? ¡Vaya juego!. Al final entendió que en el hecho de jugar estaba la diversión y que no había necesidad de ganar, ganaban todos los que disfrutaban de compartir un momento  de ocio y entretenimiento. Después de esto en una intensa búsqueda de si mismo recorrió medio mundo. Conseguía un trabajo tras otro en lejanos lugares, todos ellos bien diferentes. Unos muy bulliciosos, otros demasiados tranquilos. Vivía al día, no tenía ataduras y se sentía tan libre como el viento que le llevaba de un sitio a otro.

Un día, nuestro joven amigo fue consciente de que se hacía mayor. Se miró con los ojos de la realidad y pensó que ya, a sus años debía sentar la cabeza, pues socialmente estaba llegando a la edad crítica de “lo que no has conseguido hasta ahora, ya no lo conseguirás”.

Volvió a su ciudad natal y se encontró con todo aquello con lo que creció. Se encontró con sus amigos, hermanos y respectivas cuñadas y sobrinos, con sus casas y demás posesiones materiales. Y con los mismos trabajos grises desde hacía años, para pagar todas las deudas que la sociedad les obligaba a tener.

De repente se encontró más sólo y fuera de lugar que nunca. Después de todos esos años de libertad y de vivir al día, pensando sobre su futuro, no había acaparado nada.

Muy triste se sentó en una mesa y en un papel comenzó a escribir en dos columnas todo lo que tenía, en una lo material, en otra las enseñanzas que había aprovechado en su larga y atareada vida. En la primera no escribió nada pero en la segunda columna había tantas cosas que se dio cuenta que su propia vida era lo que le podía servir para conseguir el sustento para su día a día y posible futuro. Decidió comenzar a escribir. El primer libro fue su biografía, y los siguientes hablaban sobre sus pensamientos, su filosofía de vida, todo lo que había aprendido en todos esos lugares donde había estado. Recordó a toda la gente que había conocido y los sentimientos que todos ellos provocaban. Y tal cual sentía lo escribía.

Se sentía que poseía un gran tesoro.

Al final de su vida, acabo como había vivido, sin nada material, pero con una interminable lista de amigos que habían marcado su existencia.

Sus hermanos y amigos aprendieron mucho de sus conversaciones y de sus libros y todos, al dedicarle el último adiós, pensaron lo feliz que fue.