Bellos gestos, bellas vidas, bellos amigos y bellas amigas

Tengo la gran fortuna de viajar últimamente mucho, de los lugares que más frecuento es Castellón y su provincia, Montanejos, Benicasim…me he encontrado con un hermoso grupo de seres de luz, todo gracias mi gran amiga Desam, de quien ya he hablado en otras ocasiones. Desam es como un hada, como Campanilla, y sus amigas y amigos no son menos. Me gusta compartir tiempo con ellos porque en este plano físico son personas normales pero su inmenso corazón y su forma de entregarse a los demás les hacen ser especiales. No van fanfarroneando de lo que aparentan o tienen, sencillamente van compartiendo. Nadie pregunta qué haces ni juzgan si no estás en su línea. No tienen expectativas, viven y lo que tienen lo comparten, sin mirar a quién.

Alicia es una de esas amigas que dejan huella. Es muy reivindicativa, solidaria, justa, dentro de lo que cada uno pueda aportar a esa palabra, es luchadora, tiene carácter. El otro día, durante las fiestas de la Magdalena, salimos de un bar, bajamos por una calle y yo observo a una cocinera que empuja como puede un cubo de basura muy pesado. Observo la escena e intuyo que Alicia va a dar un paso adelante para ayudar a la pobre trabajadora, es de esas intuiciones que sabes que va a pasar y dejas que pase disfrutando. Era un día de fiesta y los restaurantes estaban a tope, la mujer tenía que estar cansada sí o sí, y encima pesaba el cubo. Pues como decía, Alicia da un paso hacía ella y le ayuda a meter la pesada bolsa en el contenedor pertinente. Cuando regresa a mi lado mantiene la conversación como si nada, yo le interrumpí para decir que me había encantado ese gesto, que sabía que lo iba a hacer. Sin dar más importancia al hecho por su parte, seguimos charlando.

El día anterior fuimos de romería a la ermita de la Magdalena, Desam y yo nos hicimos unos riquísimos bocadillos de tortilla de habas y ajetes. Sobró un cacho de tortilla y un trozo de pan con el que hice un pequeño bocadillo más “por si nos encontrábamos a alguien a quien dárselo”. Lo guardé en la mochila. Cuando bajamos de la romería, vamos a por un café para entrar en calor, se ve que llevé el frío de Madrid para Castellón ese fin de semana. Bajamos del autobús y enfilamos una calle cuyo nombre no recuerdo, Desam me pide el bocata que teníamos preparado y se lo acerca a un mendigo que pedía. Ella lo vio, estuvo despierta y sintió que ese ser lo necesitaba. Inés, la prima de Desam, me regaló unas galletas que sabía me habían gustado mucho, así que pregunté a Inés si le importaba que las diésemos también, respondió que no le importaba y fueron juntas a dar de comer al que lo necesitaba.

Una vez más la sencillez y la humildad de acción me hicieron reflexionar.

Me encanta la vida sencilla, no tener que estar aparentando. Poder ser uno mismo en todo momento, valorar una buena charla y un silencio, valorar una mirada comprometida y otra de complicidad. Amar sin límites, compartir, aprender, dejarse sorprender, escuchar, respetar, en definitiva, vivir sin expectativas, siendo, es más, dejando de ser uno para llegar a ser algo más que un individuo, llegar a trascender y alcanzar el sentido completo de la palabra UNIDAD. Todo lo que es, todo lo que eres, yo soy.

Buff, me emociono recodando el calor que he sentido estos días fríos de la Magdalena.

Gracias, gracias, gracias, amigos de corazón. Gracias, me siento como en mi casa, estoy en casa.

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