Conversando con… Julián Gutiérrez Conde

Entrevista realizada por Jose Mª Escudero Ramos, en Madrid en noviembre de 2020
Julián Gutiérrez Conde

Julián Gutiérrez Conde, fotografía de Jose Mª Escudero Ramos

Julián Gutiérrez Conde fue un excelente ejecutivo de altas esferas hasta que se jubiló, ahora es un excelente escritor. Fruto de su experiencia como directivo de grandes corporaciones ha publicado varios libros sobre liderazgo. “El Manuscrito de Ochatgan. Descubre el lado oscuro de la sociedad” es su decimoctavo libro, una inquietante novela publicada por Kolima.

Según pone en el epílogo del libro, lo acabó de escribir el 30 de octubre de 2019, todavía no sé sabía lo que se nos venía encima.

Bueno, yo no desde luego.

Igual lo sabían los del lado oscuro de la humanidad, pero nosotros no.

En “Atrapados por el futuro”, publicado en 2018, hablo sobre los riesgos que yo veía entonces, lo escribí hará cinco años. No es que haya que prepararse para el futuro, es que llega cuando ni siquiera nos hemos dado cuenta.

El Manuscrito de Ochatgan” se desarrolla en Irlanda, ¿cuántas veces has viajado allí?

Por trabajo, siete u ocho veces, por placer, recorrerla, cinco o seis, la he hecho en moto con mi hijo.

El viaje que quería hacer el protagonista de la novela ya lo has hecho…

Es uno de los que he hecho, pero los sitios que menciono en el libro son ficción, menos West Port, un pueblo grande, el resto son creados para la novela. Situé la novela allí porque es un país al que le tengo mucho cariño. No quería que se desarrollase en España porque necesitaba un sitio que estuviese más aislado.

¿Quién es Ochatgan?

Es un maestro que se dedica a entrenar a los cachorros del poder a los que les habla con la crudeza que puedes ver en el libro.

¿Está basado en alguna persona real?

No, es todo ficción. Aunque digo al principio que este libro tiene tres autores: el del manuscrito, mi amigo Wallsy y el que lo escribe, esto es una licencia creativa.

Es que se parece tanto a esas teorías sobre los Iluminati, el gobierno en la sombra, que al leerlo pensé que se había basado en alguna de esas teorías, o en alguna persona fría y calculadora a la que le gusta jugar con millones de vidas para sacar beneficio económico y quizás algo más… no hace falta dar nombres.

En el libro hablo de las ovejas, los mastines, el pastor, el dueño, el hombre que paga al pastor y menciono a alguna persona que, sin dar la cara, posiblemente pague a este último para que todo se mantenga según lo establecido, Ochatgan, un hombre atormentado que se salvó de un naufragio y así llegó a esa costa de Irlanda, me imagino que hace su discurso como venganza a la humanidad… por ponerle el símbolo negativo.

Como venganza a la humanidad…

Es una de mis muchas dudas: probablemente la humanidad lleva muchos años queriendo autoconvencerse de que es mejor de lo que es, pero predicamos la bondad. Y aquí utilizo este predicamento de la bondad y la conciencia como una herramienta para controlar a la masa mientras el poder está en guerra mundial, actualmente hay cientos de guerras a lo largo del planeta de la que conocemos solo unas pocas, no les interesa que salgan en los medios de comunicación.

A lo largo del libro, metafóricamente, no dejas títere con cabeza.

Así intento reflejar un poco mi rebeldía, soy convencional en mi apariencia, en mi forma, pero he sido muy rebelde incluso en mi forma de dirigir. Y soy muy ácido con el poder porque aunque sean buenos, tenemos la obligación de exigirles más, porque siempre hay cosas que mejorar. Se trata de hacer que la energía potencial se convierta en energía positiva y evitar el derroche.

¿Cómo podemos hacer para que los jóvenes no lleguen a ser ovejas, corderitos mansos, y puedan tener ese espíritu crítico que hemos perdido los mayores?

Es un tema de convicciones personales, hay que enfrentarles a una realidad que existe y que le provoque cierta arcada. Que digan “yo con esto no voy a ser feliz, yo quiero actuar de otra forma”.

Una realidad que provoque cierta arcada…

A nuestra sociedad lo que le hace falta es ser una sociedad civil, nos hemos acostumbrado a que nos representen los partidos políticos, los sindicatos, y eso nos quita responsabilidad a la hora de tomar decisiones.

Habría que aplicar en España el modelo finlandés, es decir salir a la calle y hacer una revolución pacífica “no queremos este tipo de gobierno», queremos reducir gastos, senado, políticos, sueldos vitalicios, rescatar banca con dinero público que da beneficio en bolsa,etc. ¿es factible aquí en España?

Hoy por hoy creo que no, será factible el día que haya una sociedad civil que sea intolerante con ciertas cosas. En Finlandia es inviable que un político tenga cuatro coches oficiales o que diga una mentira, en su filosofía no cabe.

No queremos que se hagan el Harakiri pero que al menos dimitan o incluso que alguno vaya a la cárcel si lo merecen.

Aquí tenemos un margen de tolerancia que no es bueno.

Manipulados como para aceptar lo inaceptable y esperar a poder volver a votar de nuevo para ver si cambian las cosas.

Los principios de Ochatgan son tan antiguos como la humanidad, el poder se maneja por las zonas oscuras de la humanidad permanentemente.

Es la lucha entre la luz y la sombra…

Pues más o menos. Hay quien ha entendido que hago una crítica a las religiones, a la iglesia, cuando hablo de la creación de conciencias. Crear la “conciencia de” es crear un referente que a ti te conviene, o interesa, en las personas.

¿Cómo son las empresas actuales en relación a las de hace 50 años? a las de antes de la transición, por decir una fecha.

Las empresas han ganado en eficacia, en rendimiento económico, pero han perdido en humanismo. En aquella época existía la empresa modelo que procedía del capitalismo alemán que competía directamente con el capitalismo americano, y era una empresa que se sentía muy orgullosa de que sus empleados y trabajadores tuvieran la máxima garantía de permanencia, persistencia, con las máximas posibilidades de desarrollo, a eso se le bautizó, yo creo que falsamente, de paternalismo. Uno se sentía parte de la empresa. Tenía sus inconvenientes, ciertas tolerancias mal entendidas, sobretodo en España. Yo he trabajado con empresas en las que los empleados se sentían muy orgullosos de pertenecer a ella.

Me contrataban empresas y me decían, el año pasado ganamos mil y este año 950 cuando teníamos que haber ganado mil cien. ¿Qué podemos hacer? Y me decían de despedir a cien empleados. Yo respondía, si quieres que la empresa gane más dinero despide a ochenta y cinco, entre ellos tú, con tu sueldo ahorramos despedir a quince empleados. El principio de “cualquier cosa vale con tal de conseguir más” me parece intolerable. Para ganar más hay que desarrollar más, explorar y desarrollar las cualidades que tiene tu organización y las personas que hay dentro. Una cosa es hacer empresa y la otra hacer negocio.

Antes las empresas eran familiares y se conformaba con ganar para vivir pero ahora hay que ganar el siete por ciento más que el año pasado y así año tras año… el crecimiento desorbitado tiene un límite.

Quitar ese idealismo de ganancias para hacer algo de verdad mejor, no para convertirlo en una estratagema simplemente para estar en el poder y mandar más… un jefe cuanto más manda, más inútil es. Es un principio que siempre está ahí, e igual ocurre en la política. El jefe líder es el que es capaz de generar más movimiento interno para que se desarrolle la sociedad.

Dale Carnegie escribe que el líder es el que “hace hacer”, no impone a través del miedo sino que hace que cada quien desarrolle su potencial a través de influir positivamente sobre las personas.

Un jefe no es un líder, es “el que manda en”, pero de líder no tiene nada, y en muchas ocasiones son despreciables, tenemos una carencia de líderes muy importante.

¿Y de talentos?

A la humanidad la valoramos porque hemos tenido un crecimiento de conocimiento intelectual muy potente pero el talento, la inteligencia relacional, lo tenemos incipiente, estamos absolutamente en la época prehistórica.

¿Qué piensa de la empresa social, aquella que o bien da trabajo a personas desfavorecidas o dedica el beneficio a una acción social?

Para mi el concepto es el de empresa cuyo objetivo es desarrollarla. Yo creo que toda empresa ha de tener como objetivo un fin social. Claro, un fin social no es, exclusivamente, trabajar con mujeres, con personas, desfavorecidas, el fin social es trabajar con personas normales. Se nos olvida a veces, es verdad que los grupos marginales existen, los desfavorecidos por una serie de cosas, pero que la gran masa social son personas normales que viven en familias normales, con hijos normales y a estos también hay que favorecerles.

O por favorecer a unos, desfavorecemos a otros.

Cuando la empresa se preocupa de desarrollar la técnica y no el capital humano, la empresa deja de ser social. Si una empresa quiere dedicar una parte del beneficio a una labor social o que los empleados dediquen tiempo de su trabajo a labores sociales está muy bien pero que toda ayuda se haga por convicción no por lavado de cara.

¿Un defecto de la sociedad?

Hemos de aprender a gestionar la calma. La prisa, la inmediatez, nos quita profundidad, nos quita encontrarnos con nosotros mismos, conocernos. Vivimos en unos estándares de velocidad y de prisas muy vinculados a la impaciencia y al “parecer” más que al “hacer”. La profundidad de hacer las cosas bien requiere su tiempo.

¿Cómo controlan a la gran masa los señores de la oscuridad?

Con la cultura de los estándares, colocamos una pancarta y detrás de ella vamos todos, ahora toca aplaudir, pues toca aplaudir, y yo soy muy renegado para esas cosas.

Si pudieras volver al pasado y encontrarte con el joven Julián de 16 años, ¿qué consejo te darías?

Haría mucho esfuerzo por hacerme recuperar la esperanza. Le enseñaría parte de esto para aterrizar ese idealismo, esa energía que tiene la gente joven que es muy idealista y muy valiosa para hacerle más desconfiado, decirle no te olvides que detrás de esto hay mucha manipulación. Le enseñaría de alguna forma a ser más independiente en este sentido.

Le enseñaría a saber buscar mejor y más las oportunidades entre las personas, incluso entre las que piensan diferente, a concentrarse en lo que une y en los proyectos que pueden desarrollarse juntos porque concentrarse en lo que te separa es un absurdo.

Lo que suelo decir a los directivos de empresas es: No convertir una desavenencia en un problema, ni un problema en un conflicto, ni un conflicto en una batalla, ni una batalla en una guerra, porque se convierten en guerras que te llevan a la nada. Trata de centrarte en la avenencia posible. Es un camino más interesante e inteligente y es el camino por el que los grandes negociadores van.

¿Nos puedes decir un libro que te haya cambiado la vida?

El elefante y al pulga” de Charles Handy, este libro me marcó mucho. Decía como las pulgas estaban constantemente cicateando a los elefantes, los elefantes son las grandes corporaciones y me llamó la atención. Me ayudó a tomar una decisión importante cuando dejé la empresa y monté mi negocio de asesor, de mentor de grandes corporaciones, resolución de conflictos, etc. Me ayudó a volver a ser emprendedor. Yo empecé de empresario con 23 años, compré acciones de un negocio quebrado y estuve hasta los 28 que pasé de director de negocio a la aseguradora Plus Ultra.

También soy muy amigo de biografías, una que me llamó mucho la atención, por la gestión del fracaso, fue la de Walt Disney. De él hay muchas cosas desconocidas. Leí que cuando consiguió entrar a trabajar de muy joven en un periódico a realizar caricaturas, viñetas, su jefe, con una visión muy estratégica le dijo “dedicate a otra cosa porque tú jamás serás capaz de hacer una viñeta”, en el fondo tenía razón porque Disney no hacía viñetas, daba vida a personajes. Otro libro muy bueno, “Barreiros, el motor de España” de Hugh Thomas, escribe la historia de Barreiros desde que comenzó en su taller hasta que vende su empresa a General Motors. Barreiros se recorría cada mañana toda la empresa y saludaba a todo el mundo de una manera muy especial, es un libro de management, de liderazgo. Y otro de Winston Churchill, “Mis años de juventud”, es un libro del cual aprendí mucho.

¿Y una película?

Es una chorrada pero una película que me abrió mucho los ojos fue “El graduado”, como una cosa especial, con la música de Simon y Garfunkel, entonces yo tenía catorce años, aquello me chocó mucho. Una película que me enseñó mucho de negociación fue “El silencio de los corderos”, recomendaría “El puente sobre le río Kwai”, como modelo de negociación y como gestión de equipo “30 días”, sobre la gestión de la crisis de los misiles. “Ghandi” también, hay muchas… “La gran evasión” como gestión de equipo también. Y otra sobre negociación, “Al encuentro de Mr. Banks”, Disney y P.L. Travers, y la larga negociación, quince años, para conseguir los derechos para llevar la novela Mary Poppins al cine.

Muchas gracias por dedicarnos tu tiempo, deseo que la sociedad civil despierte y todos encontremos, o recordemos, esas convicciones personales que nos hagan re-movernos interior y exteriormente.

Julián Gutiérrez Conde

Julián Gutiérrez Conde, fotografía de Jose Mª Escudero Ramos

1 comentario en “Conversando con… Julián Gutiérrez Conde

  1. Jesús Núñez García

    Magnífica entrevista plena de enjundia y sentido común tan raro en la actualidad. Hacer de la rebeldía el motor de un cambio no violento es una maravillosa utopía para esta sociedad llena de caprichos, acrítica e inmediatez. El Ochtagan es un negativo de la foto más real de nuestra sociedad.
    Enhorabuena al entrevistador y al entrevistado. Cada vez admiro más a Julián Gutiérrez Conde, un explorador de montes, desiertos, países y sobre todo de hombres

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