Diario de un ratón de biblioteca llamado Dix capítulo X

Otro cuento compartido por Desam. Ferrández

Puedes leer la primera parte aquí 

Cloe estaba súper feliz de que su amigo estuviera viviendo en su casa, ya le había enseñado muchas cosas y hoy quería sorprenderlo de otra manera.

Cuando se levantó Dix Cloe le dijo:

Hoy te voy a invitar a comer el mejor bizcocho del mundo.

¿En serio? Has dado en mi punto débil ¡me encantan los bizcochos! Contestó Dix con una sonrisa que abarcaba toda su cara, estaba súper feliz.

Los dos amigos salieron de casa y se fueron hacia la cafetería se pidieron un desayuno para cada uno que consistía en un trozo de bizcocho súper esponjoso y una horchata. Cloe no paraba de mirar a Dix para ver que cara ponía al probar el bizcocho y la horchata, Dix se relamía hasta los bigotes pero no decía ni una palabra, se había percatado de la mirada atenta de su amiga, manteniendo así la tensión que sentía Cloe.

Tienes toda la razón Cloe es el mejor bizcocho que he probado nunca ¿dónde está la diferencia?

Te lo voy a contar, le contesto Cloe deseosa de dar la información a su amigo, este bizcocho es típico de esta zona , aquí le llaman coca, lleva patata y almendra es totalmente diferente, queda muy tierno y es muy sabroso.

La horchata también me gusta, no la había probado nunca, en Madrid no es muy habitual encontrarla.

Aquí está en todos los bares y pastelerías, además durante todo el año.

De repente escuchan en la tele la noticia de que Madrid la van confinar por barrios, los dos se quedan petrificados, a Dix casi se le sale el corazón, de su cuerpo peludo, del susto.

Cloe mira con los ojos muy grandes a Dix, alcanza la mano de su amigo sobre la mesa y se la aprieta fuerte sin decir nada, solo quiere hacerle entender que no está solo.

Cloe por favor vámonos a la biblioteca tengo que informarme mejor de la noticia que acabamos de oír, porque a lo peor me tengo que ir rápido si cierran el transporte entre Castellón y Madrid.

Buena idea ¡vamos!.

Leeremos en los periódicos toda la información que podamos.

Los dos amigos terminan de desayunar rápidamente y se dirigen a la biblioteca.
Cuando entran a la biblioteca se dan cuenta de que Ange está allí, hola la saludan los dos amigos mientras se dirigen a ella para darle un abrazo.

¡Hola!, ¿qué hacéis por aquí? Pregunta Ange un poco sorprendida de ver allí a sus amigos.

Pues es que hemos oído en la televisión que van a confinar barrios de Madrid y venimos a recabar información para ver la veracidad y el alcance del asunto, o si es solo una posibilidad a valorar.

¿Queréis qué os ayude? Les pregunta Ange.

Los dos amigos responden que sí al unísono.

Por favor, toda ayuda es siempre bien recibida.

Empiezan a buscar y leer todos los periódicos que hay en la biblioteca entre los tres.

¡Carambolas, qué susto me he llevado!

La forma de dar la noticia parecía que ya estaban confinados.

Cierto Cloe, pero por lo que estamos leyendo todavía no hay barrios confinados y ni saben que barrios van a ser confinados, por lo que de momento el transporte entre Castellón y Madrid es el habitual.

¿Eso quiere decir qué no te vas aún? Pregunta Ange.

Eso quiere decir que no hay prisa por irme, entre que lo decidan y lo hagan efectivo pasa unos días y también que si solo son algunos barrios los transportes no se verán afectados, de momento.

Cuando salen deciden ir a pasear a un parquecito donde haya árboles y puedan darse un baño de paz, para calmar la tensión producida instantáneamente por la noticia.

Cloe les lleva al lugar más próximo que conoce. Caminan por un jardín enorme, los aspersores están en funcionamiento regando el césped, un perro está jugando con el agua.

Mira, Dix, como en Madrid, dice Cloe, ¿Te acuerdas qué había un montón de perros jugando en el parque?

Claro que lo recuerdo, mira, aquí están jugando con el agua.

Varios perros se perseguían y se mojaban pasando cerca de los aspersores, luego se sacudían el agua y de vuelta a empezar, los tres ratoncitos se quedaron mirando, disfrutando de ver como jugaban los animalillos. Se dieron cuenta que las dueñas de las mascotas también miraban satisfechas a sus perros, divirtiéndose y a la vez haciendo ejercicio entre los aspersores y el gran espacio verde que tenían para correr.

Como observador no podría decir quien se lo está pasando mejor los perros o los dueños.

Ja, ja tienes razón dice Ange, todos se ven felices.

Los tres amigos siguen caminando, estirando sus patitas, estando conscientes de que están tocando la tierra, con esto Dix se relaja completamente.

Cloe ¿Qué excursión tenías preparada para hoy?

Pues quería llevarte al monte, pero como nos hemos ido a la biblioteca lo podemos dejar para mañana.

Buena idea, tengo ganas de ver más cositas. A la tarde voy a empezar a mirar posibilidades para volver a Madrid. Por cierto ¿nos podemos acercar al hospital?

Pues sí, ya que no vamos a la montaña podemos ir al hospital y echar un vistazo a ver cómo está, yo nunca he entrado al hospital y no te sabré guiar, pero bueno la entrada supongo que estará fácil de encontrar aunque tendremos que ir con mucho cuidado ¿no, Dix?

Sí, tenemos que ser muy sigilosos para que no nos vean, yo creo que la hora más adecuada sería la hora de la siesta, por la mañana hay más gente ya que hay consultas médicas, así no coincidimos con el horario de las visitas y no habrá gente entrando y saliendo.

Me parece bien, contesta Cloe.

Yo tengo otras tareas que hacer me es imposible acompañarlos en esta actuación, se disculpa Ange, pero si necesitan volver a la biblioteca para recabar información contad conmigo que me apunto rápido, además deciros que me ha encantado poder estar ahí ayudándolos.

Bueno realmente hemos colaborado todos juntos en la misma labor, muchas gracias, Ange.

Los tres amigos se despiden con sendos abrazos y sonrisas en los hocicos, se queda una sensación de unión bonita entre ellos, de buen rollo… Dix y Cloe deciden ir hacia el hospital paseando para hacer tiempo y de paso seguir conociendo la ciudad, al llegar al hospital está todo tranquilo, no se ve movimientos ni de ambulancias ni de humanos. La primera puerta que encuentran es la de urgencias y entran por ella, asoman los bigotes en las esquinas para ver si hay peligro, todo tranquilo, siguen avanzando arrimados contra la pared hasta llegar a las escaleras, suben asomándose a las plantas, a Dix solo le interesa una planta donde haya Covid y no quiere arriesgarse más de lo necesario. Han perdido la cuenta de los pisos que han subido y al fin llegan a una zona dónde ve a personas vestidas con EPI en el pasillo.

Cloe estos son los EPIs de los que te he hablado en otras ocasiones, le susurra Dix al oído.

Se esconden en un lugar donde nadie puede verlos y desde ahí observan lo que pasa. Dix se da cuenta que este hospital es mucho más pequeño que el de Madrid, al que ha entrado en varias ocasiones, una vez ubicada la zona de las habitaciones se mueven hacia allí, andando en silencio para ver cómo están las habitaciones. Se encuentran a un sanitario quitándose el mono de plástico, lleva la chaqueta de su uniforme toda mojada, sale suspirando se quita lo que cubre su rostro y se puede ver la tristeza en los ojos, aunque la media sonrisa en su boca quiere decir que está ronda salió bien. Dix cree que estos buzos les tienen que molestar para trabajar aunque no tengan otra opción y se conformen. Dan un vistazo rápido a las habitaciones donde los pacientes dormitan con el pip constante de algún monitor.

Vamos a buscar la máquina de café donde los trabajadores se reúnen a ver si, como en otras ocasiones, encontramos algún humano comentando algo.

Cloe no se atreve ni a decir palabra y contesta con un movimiento afirmativo de cabeza, cuando la encuentran se aproximan todo lo que pueden para oír a los trabajadores hablar, están un poco hartos de la situación y algún compañero de ellos está de baja, se sienten impotentes porque tampoco tienen una varita mágica para que esto se solvente, se ven enfadaos aunque Dix no entiende muy bien con quien o con qué ya que mencionan nombres que Dix desconoce.

Los sanitarios han acabado el café y van a volver al trabajo con rostro indignado, Dix y Cloe se retiran en silencio para no dar pistas de que hay algo fuera de lugar, cómo sería ver dos ratoncitos en un hospital.

Cloe, este hospital está muy tranquilo seguramente habrán pocos casos de Covid ya que por suerte hemos visto poca gente disfrazada con el traje de astronauta.

Los dos amigos se dirigen a casa en silencio necesitan digerir lo que han visto, al igual que las noticias de los periódicos y de la televisión, al llegar a casa cada uno se retira a su habitación para descansar y prepararse para el día siguiente.

Dix tiene un sueño muy reparador y se despierta pronto, como Cloe todavía no se ha levantado decide meditar, igual en la meditación se disipa la duda que invade su mente de si se tiene que ir ya o se puede quedar unos días más de vacaciones, aunque la verdad es que está un poco inquieto pensando que en cualquier momento pueden cerrar la biblioteca, que los libros a lo mejor están intranquilos, él ya lleva muchos días fuera… y un sin fin de pensamientos parecidos.

Cloe se levanta dispuesta para la excursión a la montaña, prepara los sándwiches para desayunar, su idea es comer debajo de un árbol, con sus espaldas apoyadas en el hermano verde, está muy emocionada por la excursión, tanto que ha olvidado del día de ayer totalmente.

Dix, ¿ya estas listo? No hay transporte que nos lleve al lugar solo nos acerca y de ahí tendremos que caminar.

Sí, ya estoy. Buenos días, Cloe, en tus ojitos veo que has descansado.

Sí, la verdad que el día de ayer fue agotador por tantas emociones y estresante por donde nos metimos, ja, ja.

Cierto. ¡Estrenemos un nuevo día! Por favor, comencemos la excursión.

¡Allá vamos! Contesta Cloe feliz.

Cloe le da una mochila a Dix y ella se pone otra y se dirigen al autobús, cuando llegan a la parada correspondiente se bajan.

Ahora tenemos que caminar un ratito, por suerte ya no es pleno verano y refresca un poco con lo cual se hace grato el camino.

Sí, la temperatura está muy agradable y este paisaje es hermoso, desde el autobús no se veía lo frondosa y verde que está la montaña, gracias por traerme a este lugar.

Te llevo a un lugar que para mí es muy especial.

¿Sabes, Cloe?, me siento un poco intranquilo, pienso que a lo mejor los libros están nerviosos por estar yo tanto tiempo fuera y luego las noticias que leímos ayer me han dejado pensativo.

Me lo imagino, contesta la ratita mientras siguen caminando.

No me quedo más tiempo de vacaciones, me quiero ir, eso no quiere decir que no pueda volver si tu me aceptas en tu casa, claro.

Ja, ja, cuando decidas volver hablamos, me gusta viajar y no me comprometo a nada sin fecha establecida.

Tienes mucha razón, no sabemos donde estaremos mañana, así es que hoy a disfrutar de la excursión y mañana ya se verá. ¿Tu también crees que el aumento de casos al empezar las escuelas era evidente?

Sí, eso se veía venir, porque los niños se resfrían todos los años, sudan, corren…

Supongo que también influyen las emociones, nervios, compañeros o profesores nuevos, abandonar el hogar donde estás con tus padres y su protección…

Sí, he leído mucho sobre como nos influyen las emociones en todo lo que hacemos y es brutal, como reacciona el cuerpo ante un miedo, la rabia o cualquier otra emoción.

Dix se detiene, coge las manos a Cloe haciendo que ella detenga el paso, la mira a los ojos y le da las gracias:

Cloe eres muy bonita, eres una gran anfitriona, me has tratado muy bien, estoy súper a gusto contigo, me encantaría volver o que tú vinieras a Madrid, eres una gran amiga, gracias de todo corazón.

La abraza fuertemente dejando que sus corazones se fundan en un único latido, sintiéndose, dando el tiempo necesario para que suceda la comunicación entre sus almas, al separarse los dos se miran.

¡Carambolas!¿Has sentido lo mismo que yo?.

Creo que sí, wow.

¡Cómo me gusta sentir tu corazón pegado al mio!.

Vamos a seguir la excursión si no se nos hará tarde, contesta nerviosa Cloe.

Siguen caminando hasta llegar al mirador con el que Cloe quiere sorprender a su amigo por el magnífico paisaje.

Mira, Dix, esta vista es preciosa se ve toda la vegetación autóctona, se ve el pueblo, el mar y a nuestras espaldas sigue quedando montaña, está montaña tiene una energía muy bonita, ya sé que todas las montañas tienen energía, pero aquí, no sé si es que yo estoy acostumbrada a venir a este mirador y por eso noto una energía especial, tan especial y diferente… por eso vengo a meditar. Cuando puedo me retiro aquí, diría que es mi lugar de meditar y silencio.

Cloe, te agradezco enormemente que lo hayas querido compartir conmigo.

Cierto, quería compartirlo contigo, ¡es qué me encanta!. Aquí podemos desayunar, dice Cloe mientras señala un árbol, se apoyan en el tronco de dicho árbol para desayunar mirando el paisaje que tienen bajo sus pies.

¡Carambolas! Esto es maravilloso, la brisa, el olor todo me encanta.

Sí, qué bonita está la ciudad vista desde aquí arriba.

Qué bonita la naturaleza que rodea tu ciudad, está todo exuberante, se podría decir que la ciudad está a los pies de esta montaña. Después de desayunar me gustaría meditar aquí, si me lo permites y me das tiempo, claro.

Sí, no tenemos prisa, meditemos los dos.

Gracias.

Así los dos amigos pasan un día espectacular, entre energías, emoción, sentimientos…

Al día siguiente Dix se levanta pronto para preparar su mochila y espera a que Cloe salga para despedirse, ella lo acompaña hasta la estación donde vuelven a despedirse con un abrazo intenso como el del día anterior, los dos quieren volver a sentir lo mismo que sintieron ayer, esa conexión de los dos corazones con sus latidos acompasados.

Mil gracias por todo, Cloe.

Gracias a ti por venir, que tengas un buen viaje.

No saben cuándo volverán a encontrarse, pero en este momento no es relevante lo único importante es lo a gusto que han estado juntos y las cosas que a los dos les gustan, si vivieran juntos podrían compartir muchísimas cosas, piensa Cloe cuando Dix se aleja dentro del vagón del tren, con este ratoncito podría compartir muchas actividades.

Dix por su parte, está pensando en lo bonita que es Cloe, es un ángel que piensan con los demás y piensa en agradarme, ayer por ejemplo compartiéndome sus secretos, sus lugares favoritos esos en los que ella siente calma y conexión con la naturaleza.

Dix llega a su ciudad natal y se siente como en casa, lo primero que hace es ir a la biblioteca a saludar a sus amigos de tinta y papel, a decirles que ya ha regresado a casa, que los extrañaba y que ha estado súper a gusto con Cloe, a contarles su viaje junto con todo lo que ha visto, las veces que se ha bañado en el mar, un mar que nunca antes había visto y ahora pudo chapotear en él.

Sus compañeros de verbo y palabras lo reciben con un gran ovación a pesar de la gran sorpresa que es para ellos verlo así de sopetón y sin anuncio previo, baten las tapas en señal de alegría.

Chicos contarme ¿cómo estáis, qué sentís?.

Los libros comentan que están un poco inquietos por la situación, han leído la noticia de que van a confinar los barrios más humildes de Madrid, pero que como en realidad todavía no hay mucha alarma social la biblioteca permanece abierta por lo que ellos mantienen la cama, aunque están expectantes por si acaso la cierran de un momento a otro.

Todavía disfrutan de lectores que pasan horas ojeando entre la repisas, acariciando los lomos de los libros y dudando entre qué libro leer o qué libro llevarse a casa, el momento de indecisión del humano, son momentos de subidón en los que el libro piensa que va a ser el elegido, tanto que sería capaz de saltar de la repisa dónde está colocado para decirle llévame a tu casa, léeme, disfruta de mis palabras, de los viajes que describo o con las emociones que el escritor ha plasmado su narrativa y su verborrea hermosa e inacabable.

La verdad es que todos quieren ser los elegidos en ese momento pero siempre, aunque no sean los elegidos, admiran al lector que tiene que elegir entre tantos libros y admiran como los ojos del lector se quedan observando los lomos de los libros como si fuera lo más bonito que hubiera en ese momento delante de ellos, eso no se puede explicar con palabras, se tiene que sentir.

Los libros identifican perfectamente los tipos de lector que hay, está el que pasa rápido, el que busca una cosa muy concreta y pasa por todas las estanterías hasta que llega a la zona donde quiere llegar y cierto es, que mira los libros pero no les hace caso, el que va que no sabe que elegir entonces mira todos los libros esperando que uno llame su atención y sea el libro el que elige al lector.

Saben que hay algo que llama la atención del lector, no importa el color de la tapa, ni las letras, lo que atrae al lector es la energía, el mensaje del libro.

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