Editorial de Noviembre

Por mí y por todos mis compañeros

Hace unos meses fui con mi hija María a la urbanización a las afueras de Madrid en donde pasé mi infancia. Cuando era niño me parecía que la urbanización tenía unos jardines enormes que, entonces, me costaba mucho tiempo recorrer, cruzarla de lado a lado era toda una proeza.

Ahora que he vuelto a ese espacio de la infancia donde todo era especial, recorro mi vida en perspectiva y aprecio la relatividad de las cosas.

Tomando distancia ves las cosas con la perspectiva adecuada.

Siendo pequeños todo nos parece enorme, las distancias, los espacios, la amistad, el amor y los desafíos.

Cuando regresé a ese espacio mágico en el que pasé mi infancia, me hice una reflexión: cuando crecemos las cosas no son lo que parecían, lo que teníamos en el recuerdo.

El otro día me dio por pensar en las perspectivas de lo que se pueden llamar momentos de consciencia, aquellos en los que te sitúan, para bien o para mal, en una posición diferente, sacudiéndonos, sacándonos de la zona de confort en la que nos sentimos protegidos. Vemos un grano de arena como una montaña, como cuando éramos pequeños y teníamos que subir un montículo jugando al Rey de la montaña… había cuestas duras… viéndola ahora, esa gran montaña que nos hacía reyes por un momento era un simple terraplén, pero en aquel entonces era enorme.

Los problemas o los desafíos con los que nos podemos cruzar en el camino del crecimiento personal parecen enormes cuando los estamos viviendo pero con el paso del tiempo, tomando perspectiva, los apreciamos pequeños. Es como si fuésemos hormigas intentando subir un escalón… ¡es gigante!…

A veces es bueno tomar distancia, ver nuestra propia vida como observador y no permitir que nos asusten las medidas de las circunstancias. Si pudiésemos recordar en esos momentos todo lo que hemos subido desde que corríamos de niños por las enormes montañas de la vida, creeríamos ciegamente en todo nuestro potencial.

Tenemos dos opciones: pensar que no podemos y dejar de intentarlo o creer que podemos e intentarlo una y o otra vez.

La decisión que tomemos será la correcta en el momento adecuado.

Un día brindaremos por el éxito obtenido.

¿Cuál éxito? Ser conscientes de la relatividad de los procesos vividos y de los que nos quedan por vivir, las distancias son las mismas, lo que ha variado es nuestra perspectiva y escala de las cosas, mi zancada es más larga, el jardín es el mismo.

Lo que ayer veíamos desde abajo como un gran acantilado ahora lo vemos desde arriba como un simple bordillo. Es la perspectiva de la experiencia y la mía avanza a cada paso que doy. Ser consciente de ello es lo que da valor a cada acción de vida, a más experiencias, más aprendizaje, más crecimiento del ser, más evolución… Por mí y por todos mis compañeros.

Jose Mª Escudero es editor y fundador de Revista y Asociación susurros de luz

1 comentario en “Editorial de Noviembre

  1. María José Durán

    Este artículo lo guardaré (como algún otro), para esos momentos en el que intento quitarme miedos y salgo de mi zona de confort… Cuando estoy en esa montaña donde no veo el final de la subida y pienso que no lo lograré.
    Siempre lo he logrado y después lo he visto desde la altura, qué satisfacción. ¿Porqué tanto miedo entonces otra vez, otras veces? El ego hace muy bien su función. Todo es perfecto.
    Gracias por recordarnoslo.

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