El poder de la palabra

Quizás sea que estamos viviendo en la Era de la Comunicación y nos creemos con derecho a todo, o que nos han atrofiado la parte del cerebro que retiene la información, la memoria, o lo que sería peor, la parte que gestiona los sentimientos, pero nos atrevemos a decir las cosas con una alegría que nos desborda. Usamos las malas palabras sin importar su repercusión. Somos capaces de decir auténticas barbaridades sin ser del todo conscientes de lo que puede conllevar para el que las recibe o incluso para el mismo que las pronuncia.

Ya he hablado en otras ocasiones sobre Masuro Emoto, el científico japonés que experimentó con el agua, hizo un trabajo muy hermoso con varias botellas de agua a las que puso, en unas etiquetas con palabras positivas, en las otras, uso léxico díscolo, agresivo, soez. Cristalizo unas gotas de agua y las fotografío. El resultado es sorprendente, las palabras que recibieron las ondas positivas crearon imágenes preciosas, limpias, con figuras geométricas hermosas,  las otras, eran grises y amorfas.

Nosotros somos, en un alto porcentaje, agua, creo que en un 70%. Cuando insultamos o mentimos sobre otras personas les estamos dejando  etiquetas negativas, pero eso mismo repercute en nosotros porque Yo soy otro tú, es un maravilloso juego del ser consciente. En cuanto entendamos que dar un puñetazo a otro es dártelo a ti  mismo, entonces, dejaremos de hacer tantas cosas que, por malos hábitos hacemos contra los demás y, por ende, contra nosotros mismos. Cuesta creer en ello, cuesta ponerse en cada situación, cuesta cambiar de hábitos, pero todo comienza con una inquietud, y ya estás leyendo esto, la inquietud la tienes; luego pasa por querer entender y llegar a más;  después es caer y levantarse, más consciencia; para al final crear un nuevo hábito.

Dejar de decir palabras feas, luego dejar de pensarlas, eliminarlas de nuestro vocabulario. No existe el NO, jajaja, otra paradoja…me encanta este juego, si no existe el no, entonces existe.

Es la forma de pensar lo que nos hace superarnos, ¿sabes por qué llegué dos veces a la meta en la ultramaratón Madrid Segovia de 104 km? Porque nadie me dijo que no podía.

Es así de sencillo, el poder de las palabras, del pensamiento. Si alguien me llega a decir que yo no podría haberlo hecho, me hubiese rendido, pero la primera vez que la corrí me encontré con un ángel en la carrera, Salva de Castellón, cuando llegué al km 63 me dijo “has llegado hasta aquí muy bien, ahora descansa, come algo y llegas a Segovia”  Y llegué feliz, tal y como me había visualizado, junto con mi amigo Alberto, otro ángel más.

Cuando nos enfadamos y soltamos improperios estamos soltando ira, muy bien, no te quedes con nada dentro, pero quizás sea mejor pegar una patada a una almohada, aunque tampoco te ha hecho nada la almohada, también son energía, somos lo mismo, aunque también cueste entenderlo. Dejamos nuestras energías en la persona que es presa de tu ira. Bueno, vale, crees que se lo merece, pero sabes que te has pasado, pues tras un rato trata de decir un “perdón, siento lo que dije” arreglaría bastante las cosas, es mejor no soltar burradas, pero si se hace, el arrepentimiento y el resolver positivamente los hechos con comunicación positiva es mejor.

Ahora, el punto  es que una vez seamos conscientes de nuestros prontos, de nuestras iras, antes de soltar fuego por la boca, es mejor respirar tres veces, contar hasta diez, iluminarse, sentir en nuestro interior paz, y amar incondicional. El resultado siempre será mucho más óptimo.

Otra forma que tenemos de dejar nuestras energías en los demás es manipulando los hechos, contando las cosas de manera que puedan generar dudas, malas interpretaciones, quiero poner el ejemplo siguiente, y no sé por qué, pero me sale así. Si se escribe una carta a un colectivo pidiendo voluntarios para algo, no se debe poner “el compañero que lo hacía abandonó el cargo a pesar de que el pasado febrero acepto su compromiso” lo primero porque el compañero al que se refiere no abandonó, a lo mejor dimitió por asuntos personales graves, o porque no se lleve bien con la junta actual, que parece que pierde el tiempo en manipular la realidad, su realidad, claro. En el ejemplo que estoy poniendo no se menciona que el que supuestamente ha abandonado el barco a la deriva, ha respondido tres mails poniéndose a la disposición de esa junta para lo que necesiten, como lo lleva haciendo hasta más de tres años.  ¿a quién creéis que le influyen las malas energías en este caso?

Os voy a contar un cuento zen al hilo de esto.

Dos monjes que pertenecen a una congregación que no permite tocar a mujer alguna se encuentran, en su camino de regreso al monasterio, que tienen que cruzar un caudaloso río, en su misma orilla hay una mujer que les pide ayuda para cruzar. Uno de los monjes la monta a su espalda y cruza con ella. Al llegar al monasterio, el monje todavía sorprendido pregunta a su maestro, ¿se da cuenta de qué no nos dejan tocar mujer alguna y usted ha llevado a una a sus espaldas,, a lo que responde, “sí, pero yo la deje a la otra orilla del río y usted todavía la lleva a cuestas”. Y no sé porque lo cuento, cada uno ve su camino con sus propios obstáculos u oportunidades, cada uno cuenta su verdad como quiera, cuando se manipula, sin querer o no, perjudicando a otros en el camino, el problema no es más que del todavía lleva la mujer a cuestas…yo hace tiempo que la deje en la otra orilla. Ahora soy más como el río y dejo fluir para que mi agua sea hermosa y cristalina y no fea y gris como el agua de las botellas que sufrieron malos tratos en el experimento del Dr Emoto.

Yo cuido tanto el envase como el contenido, sé que hago mal las cosas, en mi camino de aprendizaje está en ayudar a otros a evolucionar a través de mis errores, como en el camino de los otros está errar para que yo pueda evolucionare con los suyos. Y así es el mundo que nos creamos a cada día, una mezcla de caminos con más o menos imperfecciones que va creando el perfecto universo de uno mismo, cada estrella, cada constelación,  está en su sitio, cada bache, cada árbol y su sombra, cada señal, cada sonrisa y cada palabra…

Yo voy a cuidar el uso que doy a mis palabras, porque al final, como suelen decir, soy esclavo de mis palabras y dueño de mis silencios.

Mejor me callo, vamos a reflexionar sobre lo aprendido…

Jose Mª Escudero Ramos

2 comentarios en “El poder de la palabra

  1. Anonimo

    Estoy de acuerdo contigo querido contador de historias, las palabras son importantes, el tono con el que las arrojamos tambien.
    A veces tengo dudas sobre si decir algo o callarme, por no herir a la otra pesonita, pero si no lo digo y me lo trago tampoco me beneficia, entonces comienzo un debate interno…
    Algunas veces lo escribo y la persona a la que va dirigida jamas sabra que se lo dedique, otras mando una carta ya que asi tengo tiempo de elejir bien mis palabras, para hablar desde mi necesidad, sin dañar al receptor en lo mas minimo, vaya lo que es hablar con asertividad y otras veces meto la pata hasta lo mas hondo porque salio sin pensar una frase.
    Dicho esto te contare que ayer fue dia de consejos, me pase todo el dia hablando, cosa que no me cuesta ningun sacrificio, desde mi humilde opinion hable de mi experiencia y por la noche tube un gracias muy sentido. Atesorar experiencias aunque en el momento de vivirlas me duelan, sirven para el servicio otros, me encanta.
    Tampoco se porque te escribo esto, supongo que como tu tengo necesidad de comunicar.
    Un saludo

    Responder
  2. Anonimo

    Y que opina sobre cuando las palabras llevan una gran carga de mentiras conscientes, cuando a veces descargamos esa ira porque sabemos que la persona a la que miramos a la cara nos engaña y miente y cree que tu no lo sabes.Es la vanidad del mentiroso

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *