Ensayo sobre la identidad I

Identidad, ser y parecer

La esencia del SER

Desde hace tiempo he querido hacer un proyecto sobre la identidad del ser.

¿Qué somos? ¿Quiénes somos?

¿Somos lo que representamos o representamos lo que creemos que somos?

Todo empezó cuando un buen día de verano tuve que hacer un encargo algo accidentado, accidentado porque no me lo pagaron, pero durante ese trabajo hice la primera foto de esta serie.

Me encontraba haciendo fotos a un equipo médico dentro de un quirófano. Yo iba vestido de verde y cubierta la cabeza, la boca…me hizo gracia y me hice una foto con el móvil que colgué inmediatamente en Facebook. Al día siguiente coincidió que me encontré con un casco de bombero de New York City, en casa de mi hermano. Y me hice otra foto que colgué en la famosa red social. Los comentarios de los amigos fueron muy graciosos y así fue como ha ido cogiendo forma un proyecto que puede parecer vanidoso, autorretratarse y mostrarse todos los días, pero mi objetivo es demostrar que la esencia del ser humano está dentro de uno mismo, no es como se viste uno lo que nos hace ser buenas personas, es lo que llevamos en el interior. El aspecto exterior es una representación en una sociedad que te obliga a actuar en diferentes escenarios, pero en el fondo todos somos iguales.

Eso es lo bonito de la vida, mirar al interior de los demás. Iluminarnos con su luz, iluminarles con la nuestra.

Así de un acto negativo como el de ir a currar sin que te paguen, sale un acto positivo que es mi primer trabajo sobre la identidad del ser, que espero nos haga reflexionar un poco.

Técnicamente, las fotos están hechas con la cámara digital de un teléfono móvil corriente, no da mucho juego, pero eso es lo que me ha gustado. La mayoría de las fotos están hechas desde la perspectiva de mi brazo, lo que da de largo, excepto algunas ocasiones en las que he puesto el auto disparador y me he situado posando. En ningún momento he mirado el visor al hacer la foto, no sabía cuál sería el resultado final, hacía varias tomas y luego elegía.

Todo empezó como un juego y ha terminado siendo un bello proyecto dónde muestro parte de mi vida cotidiana, ha sido mi diario, mi confidente, mi corazón y a veces, un homenaje.

 

Mi reflexión “en voz alta”, si me lo permitís, es que juzgamos y somos juzgados por como vestimos, como llevamos el pelo…yo podría contar unas cuantas anécdotas sobre mi pelo…cuando tenía mejor tipo un obrero me lanzó un piropo y cuando me di la vuelta y vio a un hombre que le decía “pero que mal gusto tienes” se quedó blanco. O la gente que se cruza de acera porqué se cree que un tipo de pelo largo y vestimenta informal les van a atracar, o el tierno caso de una niña del colegio de mi hija que me preguntó que por qué llevaba el pelo largo si no soy una chica.

Todos tenemos prejuicios marcados por unos estereotipos inculcados desde que nacemos, con este proyecto quiero mostrar que todos podemos/debemos ser lo que queremos, que no deberíamos juzgar por nuestro aspecto o porque uno  lleve una chilaba o cofia, boina o chistera, delantal o abrigo de marca.

Nosotros hemos venido a este juego llamado mundo en este lado del tablero, pero nos podía haber tocado otro lugar, otro estamento social, otro color de piel, otra religión. Pero en realidad, todos somos lo mismo, todos somos humanos, somos energía, y debemos sentirnos llenos de amor y  no de odio, porque hasta el que creemos más diferente a nosotros también ama a sus hijos, y también puede disfrutar de tu sonrisa.

En esto de los autorretratos yo no he sido el primero ni el último en fotografiarse durante un tiempo determinado. En mitad del proceso de creación, un periódico dominical publicó un reportaje de los autorretratos en las redes sociales, y es que resulta que con los teléfonos móviles y las redes sociales han puesto de moda autorretratarse. También hay artistas que han llegado a galerías de arte con sus series de autorretratos.

Todo llegará en su debido momento, yo, por ahora, me conformo que hacer sonreír y disfrutar a los que me rodean. Hacer pensar y fomentar la tolerancia hacia lo que no nos es común.

Hace mucho tiempo pasé un año en una zona del mundo muy distinta a lo que me había rodeado hasta entonces, era la selva maya de Quintana Roo en la Península de Yucatán en México. Cuando llegué todo lo que veía me parecía extraño, la gente con su forma de hablar y sus físicos eran tan distintos a lo que yo conocí hasta entonces, en la Europa blanca de la que venía, que mis primeros pensamientos fueron como para salir corriendo. Me enfrenté a mis temores y superé un gran muro. Después de ese año, cuando llegó la hora de irme, con lágrimas en los ojos por dejar a toda esa maravillosa gente que me trató como si fuese de su familia, sufrí mucho para retornar a mi rutina anterior y si he de ser sincero, confieso que al volver me sentí extraño en mi propia tierra.

Me he llegado a sentir vulnerable cuando me afeité la cabeza, sufrí en carne propia y de una manera totalmente voluntaria lo que otras han sufrido a lo largo de la historia. Desde los egipcios, los romanos y los griegos, hasta en los grandes genocidios del siglo XX o en la propia actualidad, los presos de ciertas cárceles…todas las culturas cuando han querido abusar, vejar y menospreciar a los demás seres humanos les han rapado el pelo al cero. Mientras escribo esto me viene a la memoria una película que vi cuando era pequeño y que me dejó bastante impactado, se llama “Cinco mujeres marcadas”, trata precisamente de eso, de cómo castigan a cinco mujeres por ser acusadas por algo que ni siquiera podían probar, pero se vieron sometidas a escarnio público exhibiendo su cabeza rapada.

Por otro lado, es verdad que en algunas religiones a los seguidores, a los monjes, sobre todo en Oriente, se les corta el pelo. Quizás sea, viéndolo desde un punto de vista más positivo, porque al quitarles “esa identidad” dejan de ser, y como en la meditación y en el Reiki, cuando se deja de ser es cuando se llega a SER.

También es inevitable pensar en cantantes como Sinead O´connor quien saltó a la fama con una hermosa canción de Prince, cantándola con la cabeza rasurada…yo estaba completamente enamorada de Sinead, una mujer bellísima que se atrevía a mostrarse sin pelo porque lo que realmente importaba era su voz y sus mensajes…algo parecido a lo que yo intento mostrar en este proyecto, ahora que lo pienso.

A mí personalmente, un autorretrato al día, me ha servido para ser consciente de mí ser, del presente; para ser más creativo, para tener una escusa para encontrarme con amigos, para encontrarme a mí, para filosofar, para homenajear, para ser solidario, para terminar un sueño que tenía aparcado. Para dar forma a un proyecto.

He disfrutado mucho haciendo día a día las fotos y quiero agradecer a todos los que han formado parte del mismo con sus comentarios en especial a Blanca, a sus hijas Emma y Patricia; a la presidenta de mi club de fans, Sara; a Pedro, quien continua haciéndose sus autorretratos día a día, me encanta que siga la idea; a Carlos, en poco tiempo que bien me conoces, hermano, será porque hemos compartido muchos caminos de asfalto y arena.

Todo tiene un fin (fin de término y de propósito) y este proyecto también lo tiene.

Que conste que me he reído un montón haciéndolo, he disfrutado con todos mis amigos que han comentado cosas graciosísimas, que llevaré siempre en mi memoria.

Ha habido un tiempo de risas, de solidaridad, de amor… ahora toca un tiempo para meditar.

Y sí, somos iguales en una cosa, en que todos nos sentimos diferentes pero en el interior de nuestro ser somos esa energía que nos une, que no es otra que un brote de amor incondicional.

 

Llegados a este punto, si os ha gustado el presente proyecto, os propongo un ejercicio.

Id a vuestro banco ya sea bueno o malo, seguro que la persona que nos atiende tiene las mismas inquietudes que nosotros, los mismos miedos y las mismas alegrías; sonreíd y pedíd algo de dinero de vuestra cuenta. Mimetizaros con los seres interiores del personal del banco. No con lo que representan en ese momento. Demostremos educación, respeto  y amor incondicional sonriendo siempre.

Salimos del banco con nuestro dinero y sintiéndonos bien por haber empatizado con los trabajadores, hemos dejado una estupenda semilla que dará su fruto todos el día.

Ahora nos dirigimos a un supermercado y allí, vamos a comprar comida, un kilo o dos de productos no perecederos. Hacemos lo mismo, sonreímos a todas las personas con que nos cruzamos, el reponedor, el carnicero…nos ponemos en sus lugares, sentimos sus vidas como nuestras y seguimos el camino hacia la salida. Pagamos nuestros productos sonriendo a la cajera. Dando amor incondicional y dejando la misma semilla de luz en todos los corazones que hemos tocado.

Nuestros pasos nos llevan a un banco de alimentos, un comedor social o algún otro lugar donde sabemos que necesitan esa comida. Por el camino nos cruzamos con muchas personas, algunas sonríen alegres, otros tendrán la mirada triste y perdida, a todos les regalamos nuestra mejor sonrisa; puede que nos encontremos con alguna persona que nos pida ayuda. Les miramos a los ojos y sonriendo les ofrecemos la posibilidad de darles algo de comer. Buscamos un lugar donde comprarles algo. Sonreímos a los dependientes, a los clientes y salimos con nuestra bolsa de ayuda para aquel que lo necesita. No perdemos la oportunidad de repartir sonrisas y sembrar amor.

Llegamos a nuestro destino, el comedor social. Allí veremos a muchas personas haciendo un voluntariado, algunos lo hacen por inercia, otros por lavar su propia conciencia, otros por rutina, otros serán auténticos seres de luz y amor incondicional…empatizamos con todos ellos y les dejamos la comida y las semillas de luz en sus corazones.

Todo el mundo, aunque no lo creamos damos porque recibimos, recibimos mucho más de lo que damos. Y esa es la primera lección. Humildad como cuando un karateca entra al Dojo. De todos podemos aprender, del más humilde de nuestros pupilos, del más zarapastroso de los indigentes…detrás de ese corazón puede haber escondido un ángel. Yo así lo creo… nunca hemos de dejar pasar la oportunidad de toparnos con un ángel o incluso de ser un ángel para alguna persona que te necesita en un preciso momento.

Hasta la persona más fría que piensa que no da propinas ni limosnas las da y las recibe. Quizás las recibamos incluso más de lo que pensamos…

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