Hani en San Sebastián

Cuentos escritos por Desam. Ferrández

Llegó como una exhalación, sin previo aviso.

Rodeada de luz y alegría, interrumpiendo bruscamente la meditación que estaba realizando.

Me encontraba sentada plácidamente en la playa de San Sebastian, escuchando la suave música que realizaban las olas del mar al acariciar con delicadeza la arena, había madrugado y quería ver salir el sol después de mi meditación matutina, de repente alguien me susurra al oído “¿quién soy?”. Del susto doy un brinco hacia el lado contrario de donde vino la voz e inmediatamente abro los ojos, encontrándome a mi amiga Hani justo delante mí.

D: ¡Qué susto me has dado! Ja, ja, nos reímos las dos. ¿Qué haces aquí Hani? Que alegría verte de nuevo.

H: Me enteré de que venías a San Sebastian, que el viaje te hacía mucha ilusión y que era una ciudad preciosa, por lo que no me lo quise perder y aquí estoy.

D: ¿Cómo te enteraste?

H: Me llegó tu felicidad.

D: No entiendo nada ¿cómo que te llegó mi felicidad? Hablas como si te hubiera mandado un paquete con mi felicidad dentro.

H: NOOOOO, ja, ja, ja. A veces me llegan cosas por el aire pero que no conozco de quién son y las dejo pasar sin darle mayor importancia, pero la tuya la reconocí y pensé “ésta info es de Desam, voy a prestarle atención”, entonces te vi preparando las maletas para este viaje y además estabas muy ilusionada, así es que quise darte una sorpresa y aquí estoy.

D: ¿Enserio te llega la información desde tan lejos?

H: Sí

D: Se me olvidaba que tengo una amiga con súper poderes, ¡qué bien que estés aquí!

-Por si alguien no conoce a Hani todavía les aclaro que es una mezcla entre hada y niña muy pequeña, que los humanos, por suerte, no la pueden ver, excepto yo. Tiene unas características diferentes a los humanos y es que vuela y se comunica a través de la telepatía. Es muy viva, simpática, amable y muy, muy cariñosa.

Nos abrazamos con entusiasmo, tanto que mi amiga me recordó que es pequeña para que no la espachurrara tan fuerte pues no la dejaba respirar. Por un momento nuestras miradas se encontraron, se detuvieron para reconocerse y en ese instante hubo una comunicación tan amplia como una conversación humana, nos dijimos sin palabras lo mucho que nos amamos y respetamos, también una forma de agradecimiento por estar una en la vida de la otra, fue muy intenso y hermoso. Son esos momentos los que me hacen reconocer que los humanos no somos los más inteligentes del planeta.

H: Desam ¿qué planes tenías para ahora?

D: Pues la verdad es que tú no estabas en ellos, ja, ja.

Las dos no reímos cómplices, comprendiendo mucho más de lo que había expresado la respuesta.

D: ¿Es la primera vez que vienes a San Sebastian?

H: Sí.

D: Pues vamos a pasear por la playa de la Concha hasta llegar al Peine del viento, te encantará, se llama así porque hay tres esculturas de acero incrustadas en unas rocas dentro del mar, las realizó el escultor vasco Chillida, hay un mirador precioso donde contemplar el paisaje y depende como esté el mar, la olas embisten contra el acantilado generando hermosas imágenes con miles de gotas, además hay unos tubos que atraviesan el muro y salen hasta el mirador emitiendo un sonido único y cuando hay gran oleaje el sonido va acompañado de agua pulverizada ampliando la belleza del espectáculo, pero lo más divertido es que podemos jugar a adivinar si la ola atravesará el muro y llegará hasta la parte del mirador, o incluso podemos asomarnos por los agujeros y observar como el agua entra en los tubos generando el ruido y también si hay muchas olas jugar a ver si nos mojan las gotitas.

H: ¡Bien! Me apetece jugar con el agua del mar, donde vivo no hay mar.

Nos dirigimos hacia el mirador sin prisa, Hani va volando a mi lado mientras yo camino descalza por la fría arena, de vez en cuando nos paramos a deleitarnos con las olas que se generan cerca de la playa, las dos sentimos lo mismo, hay calma en el ambiente, el olor a salitre despierta nuestro olfato y lo invita a reconocer otros olores. A pesar de haber gente paseando en la playa nuestra concentración en el mar es tal, que parece que estemos solas y en un planeta diferente donde solo existe paz y armonía.

H: Guauuu Desam esto es maravilloso, me podría quedar todo el día admirando el mar y la danza de las olas cuando bañan y peinan la arena, donde la coreografía del baile no se repite nunca, inventando pasos diferentes en cada ir y venir.

D: Cierto, yo también. ¿Si quieres nos sentamos un ratito a observar el mar?

H: Sí por favor.

Miro el perfil de mi pequeña amiga, mientras ella mira atenta el océano con los ojos muy abiertos y una gran sonrisa dibujada en su redonda y menuda cara.

H: ¿Por qué me miras?

D: Me pareces muy bonita, cuando te veo feliz y absorta en el horizonte me pregunto en que estarás pensando.

H: Pues a diferencia de los humanos no tengo nada en la cabeza más que estar viendo el panorama que está frente a mí.

D: Me fascina la sencillez que demuestras en tu forma de vivir. ¿Continuamos el recorrido, por favor?

H: Vale

Llegamos al mirador del Peine del viento sin pronunciar ni una palabra, ella absorta en el paisaje y yo con mis pensamientos volando dentro de mi cabeza.

Cuando Hani ve toda la panorámica, suelta una gran exclamación mirándome con sus grandes pupilas negras inundadas de emoción.

H: ¡Ualaaaaa!, ¡esto es más que precioso, Desam! Gracias por traerme hasta aquí.

D: De nada preciosa, sabía que te iba a encantar.

H: Supongo que gustará a todos los que se acerquen por aquí.

D: Yo creo que sí.

Tiro de ella hasta llevarla a los tubos por donde se cuela el agua haciendo ese ruido tan especial, advirtiéndola de que puede salir agua por ellos, de hecho hay agua en el suelo, alrededor de dichos agujeros.

H: ¿Podemos, antes de jugar, admirar un rato este majestuoso paisaje?

D: Claro.

La pequeña se fue volando hasta el pico más alto de la montaña para ver toda la inmensidad del océano, dejándome en la parte final del mirador. Aunque no es la primera vez que vengo a este mirador también me parece un milagro que la naturaleza tenga estos acantilados y que en la roca el viento y el agua puedan grabar su huella de una forma tan hermosa.

Estuvimos un buen rato disfrutando viendo como las olas rompían en el acantilado, gracias a ello miles de gotas saltaban por los aires, como si estuvieran en un parque de atracciones natural, sin construcción humana alguna.

Cuando Hani tuvo bastante bajo de las alturas y vino a mi lado para jugar.

H: ¿Cómo quieres jugar?

D: Ven, vamos a los agujeros que dan a los tubos y comprenderás lo que te quería decir.

Llegamos a los orificios y nos asomamos, de repente una ola pega fuerte se mete por los tubos y se queda a un palmo de nuestra cara.

D: Uyyy, esa casi nos alcanza.

H: Ja, ja es cierto, ¿si viene una ola más grande atravesará el muro y saldrá hasta aquí afuera?

D: Sí, mira todo esto está mojado porque algunas olas grandes ya han salido.

H: Entonces podemos mirar a las olas y si vemos que viene una muy grande asomarnos al agujero a ver si nos moja.

D: Ja, ja. Parece que lo has entendido perfectamente. También podemos jugar a adivinar cual es la ola que atravesara los tubos y además del ruido saldrá por los agujeros que hay en el suelo del mirador.

Estuvimos un buen rato jugando como dos crías, riéndonos por todo, muchas veces sin saber ni cual era el motivo de nuestras carcajadas. Hani tiene una forma de reírse muy graciosa, ya que cuando se ríe a carcajadas se sujeta la panza y abre muchísimo su diminuta boca, haciendo muchas muecas y eso a mí me provoca todavía más risa. Acabamos con dolor de mandíbula y panza de tanto reírnos, a mí se me olvidó que las personas no ven a Hani y había veces que alguna persona que paseaba por el mirador me miraba con cara extraña porque parecía que estuviera yo sola riendo y hablando con algún amigo invisible.

Pasaron las horas y el sol empezaba a despedirse tras el horizonte, una vista que también nos dejó estupefactas por la belleza de los tonos que se podían divisar en el cielo. Ninguna de las dos parecía que quisiera irse, a pesar de que la temperatura ya había bajado considerablemente.

Yo fui la primera en romper el silencio.

D: Hani tengo mucho frío ¿nos vamos?

H: Sí. Desam me lo he pasado súper y además he aprendido mucho, el agua del mar es muy diferente al de los ríos y cataratas que hay donde vivo. Seguro que repito la excursión en otro momento.

D: Genial, igual podemos quedar y volver a esta playa o a otra, juntas.

Nos despedimos con un gran abrazo, esta vez sin apretar ja, ja.

Gracias amiga por venir a visitarme. Te quiero mucho.

Ídem, me contestó Hani mientras volaba a escasos centímetros de mí, tomando la dirección de su destino mientras ponía el turbo para desaparecer de mi vista en un abrir y cerrar de ojos.

Que suerte tengo de tener a Hani como amiga, pensaba mientras me dirigía al hogar que me acoge en San Sebastian.

Como siempre, voy dando las gracias al universo por todo lo que me proporciona. Ha sido un día precioso.

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