Hani y las lagrimitas, II parte (lecciones)

Otro cuento de Hani compartido por Desam. Ferrández

Puedes leer la primera parte aquí

Buenos días Desam, le susurra Hani a su amiga que todavía está en la cama.

Hani se ha puesto encima de su hombro y le está dando los buenos días a Desam con mucho cariño para que esta se despierte sin sobresaltos.

Buenos días, pequeña contesta Desam abriendo cuanto apenas sus ojitos.

Hani es muy pronto ¿ya no puedes dormir?

No, las hadas necesitamos dormir menos que los humanos, quiero enseñarte un parque que he visto cerca de aquí, es chulísimo te va a encantar, además quiero decirte algo.

¿Dime qué necesitas para desayunar o cuál eran tus planes para desayunar?, ¿ hoy por la mañana no trabajas, cierto?

No, Hani, no trabajo en todo el día.

¿Y qué necesito para desayunar? Pues me iba a hacer un té y sandía que hay en la nevera, ¿por qué lo dices?

Porque me gustaría que nos fuéramos a desayunar al parque y te quiero contar algo, ¿puede ser?

Espera que lo piense, dice Desam desperezándose.

No sé lo que estás tramando pero me gusta el plan, y sí podemos ir al parque, me apetece mucho.

Podemos pasear por el parque, bueno, tú volarás y yo caminaré, ja, ja, o podemos volar las dos como antes.

Claro que sí, Des, podemos volar las dos.

Hani, dime una cosa, en ese parque ¿la gente lleva mascarilla?

Bueno, hay gente que la lleva y hay gente que no, de todas maneras es lo que os toca vivir ahora.

Yaaa, lo que quieren es que no hablemos, que no nos comuniquemos.

¿Estás segura de ello, Desam?

Sí, porque nos comunicamos menos con la dichosa mascarilla.

Yo te voy a dar mi opinión. Desam tú en el hospital ¿te pones una coraza para que no vean como eres? ¿Para que no te sientan ni tus compañeros, ni los enfermos?

No, por supuesto que no.

Entonces te ven como eres y te expresas con total naturalidad, tal cual eres cuando estás con ellos.

Sí, claro.

¿Crees que la mascarilla oculta lo que eres?

Pues claro que no.

Para demostrar lo que eres no solo hace falta hablar, también se demuestra con el tono y la acción. ¿Tú te ocupas de los pacientes y de tus compañeros lo mejor que puedes y sabes?

Sí, claro.

Yo creo que la mascarilla hace que consigáis demostrar lo que sois sin necesidad de hablar, sin necesidad de emitir sonido, o sea, a ver si me explico, si antes necesitabas presentarte hablando diciendo yo soy… y ahora esa opción no existe porque todos vais con mascarillas, la forma que tienes de presentarte ahora es demostrándote, demostrando tu esencia, tu luz a través y alrededor de la mascarilla, entonces para mí la mascarilla, ya sé que es muy incómoda y no me gusta tampoco veros con ella porque no os veo la sonrisa que lleváis por la calle, pero las mascarilla os hace que aprendáis a demostrar vuestro amor al prójimo de otra manera. Se os sale el amor por los ojos y por las manos que acompañan las bellas acciones que hacéis los humanos.

¡Gualá! Hani, nunca lo había pensado ni visto desde esa perspectiva, gracias. Tengo que meditar sobre eso, y lo voy a hacer todavía mejor, muchas gracias, querida amiga.

Las dos amigas se ponen a preparar las cosas y se van al parque que está cerca del hogar de Desam. Cuando llegan se encuentran con un bosque grande, hermoso, frondoso, con un montón de árboles, pájaros jugando en el cielo mientras vuelan, otra variedad de pájaros en el césped comiendo gusanitos o semillitas, Hani no se puede contener y empieza a volar y retozar entre los árboles, entre sus hojas.

¡Qué rara es mi amiga! Ja, ja duchándose entre los árboles y sin agua claro, dice que si se roza con las hojitas le hacen como si fuera nuestra ducha. Qué suerte tengo de tener una amiga tan original.

De repente Hani se frena en seco.

Desam ¿qué te parecen aquellos árboles? Pregunta Hani mientras señala unos árboles que hay a la derecha.

Espectaculares nomás.

Las dos amigas se acercan al grupito de tres árboles grandes y esbeltos que a su vez estaban rodeados de más árboles, los tres árboles centrales eran iguales, aunque Desam no sabe porque a Hani le llamó la atención le pareció perfecto, segura de que son los árboles que en este momento necesitaban.

No lo dudes Desam, le dice Hani que lee el pensamiento de Desam.

¿Qué árbol es, cariño?

No lo sé, no me conozco los nombres que les ponéis los humanos, pero a mí me encanta.

Mira, mira, qué pedazo de nido han hecho las cotorras en aquel árbol, señala Hani con la boca abierta de admiración por tan gran trabajo.

Se sientan en el suelo a desayunar, Desam saca la fiambrera con la fruta ya cortada, los vasitos y sirve el té para las dos, le da los cubiertos a Hani para comer la fruta.

Ja, ja Desam, si no puedo ni levantarlos, son enormes, dice Hani con su forma característica de reír a mandíbula batiente mientras se agarra la tripa.

Es verdad, ja, ja, pues te he traído los pequeños.

Ya, pero si son más grandes que yo.

Las dos amigas reían mientras comían el desayuno tranquilamente y charlaban de cosas variadas, al acabar Hani se pone encima de la manita de Desam con rostro serio.

Vamos al tema que nos compite, Des.

Uy, que seria te has puesto, no me asustes .

Ayer me dijiste que tú veías a un paciente o a los pacientes sufrir y que tú sufrías por ellos.

Sí, cierto.

¿Sabes que he visto esta noche en el “bocadillo” de tus sueños?

Caramba, Hani, cada vez me sorprendes más, ¿tú ves en el bocadillo de los sueños de la gente?

Claro, ¿no te lo he dicho nunca? Pues sí y me encanta, hay muchas veces que los bocadillos no son nada más que escenas, palabras, verborrea que no te lleva a ningún lado, pero hoy en tu bocadillo, como ayer estuvimos hablando de eso lo tenías muy fresquito, he visto una cosa muy interesante y quería decírtelo; además quería decírtelo en un lugar donde tú no reconozcas que estás en tu territorio como sería tu hogar, en un lugar abierto donde la naturaleza deje que tus bocadillos y tus pensamientos se expresen con naturalidad, que no haya un techo donde pueda impedir la conexión del universo o un suelo que te impida la conexión con la madre Tierra, es por eso que hemos venido aquí.

Bien, pero empieza ya que de verdad me tienes en ascuas, por favor, dímelo ya.

Haya voy, en tu bocadillo he visto qué sufres por tu propio miedo.

Anda ahora ya me he perdido totalmente, ¿qué me quieres decir con que sufro por mi propio miedo?, ¿ me lo puedes explicar?

Claro, mira tú tienes miedo de que cuando estés en el preciso momento de partir, de abandonar este plano y pasar al siguiente, te agarres con uñas y dientes a este plano terrenal, que no sueltes esa agarradera que te mantiene en este lugar, es el reflejo de tu propio miedo que de tanto agarrarte tu cuerpo se deteriore e impidas que tu cuerpo no vaya al siguiente plano por miedo a no sé qué.

Wow, madre mía, todo lo qué me has dicho.

Ya sé lo que vas a decir, sí, Desam esto es para meditar, tú no quieres sufrir y ves el sufrimiento en el otro y tienes miedo de llegar a ese punto y estar como ese cuerpo, yo sé que tú puedes ayudar a ese cuerpo, mándale luz pero no para que se vaya al otro plano, no obligándolo a partir, no diciéndole lo que tiene que hacer, mándale luz para que tenga una apertura de conciencia y haga lo que más necesita en ese momento no lo que tú creas que necesita.

Wow, me has dejado patitiesa, esto lo tengo que integrar, nos podemos quedar aquí todavía un rato.

Claro, has dicho que no trabajas, tenemos todo el día, podemos seguir jugando, volando, disfrutando.

Des, ¿sabes debajo de qué árbol nos hemos sentado? Es un almendro, ¿sabes cuál es su cualidad?

Uff, no para nada, yo no estoy muy puesta en botánica.

Te vas a quedar de piedra tiene la cualidad de generar alegría, vitalidad, aceptación. Además trabaja el “miedo a envejecer”.

¡Toma ya!, ¿lo has elegido adrede?

No, me acerqué por pura intuición, me he dado cuenta después. ¿Qué hace un almendro? Un almendro primero saca flor, luego esa flor se transforma en fruto y ese fruto alimenta a todos los seres vivos que quieran comer de él, es un árbol que alimenta y alimenta energéticamente el cual podríamos decir que su flor sufre una transformación, entonces si utilizamos la misma metáfora, “tú flor, tú miedo” puede sufrir una transformación y de ser un miedo al sufrimiento transformarse en consciencia plena, soltar sin miedo, todos hemos venido a nacer, morir y entremedio vivir, sin aferrarse a ese sufrimiento. Además este conocimiento puede ser luz para ti en el momento de partir, ya sabes hasta donde se puede llegar para al final partir al mismo lugar. También puede servir de luz para otra persona para que pueda hacer la misma transformación, si quiere.

¡Gualá! mega amiga, te amo, como te requeteamo, !qué bonito todo lo que me dices¡, podría ser que tuvieras razón, bueno lo integraré, lo meditaré y luego me transformaré como el proceso de la flor del almendro.

Las dos amigas siguieron en silencio durante un buen rato, Hani se quedó tumbada en el césped mientras Desam integraba toda la información de su bocadillo, esto era nuevo para ella, su amiga hada sabía que tenía que darle tiempo y silencio, Desam se quedó pensando, con la mirada perdida en el horizonte, mientras miraba como los pájaros se alimentaban y como el almendro que tenía sobre su cabeza tenía algunas almendras y es cierto que parecía que hasta el almendro estuviera en su propio proceso porque tenía muchas ramas sin hojas, como muertas, pero habían otras ramas preciosas con fruto para alimentar al que se siente debajo.

Después de un buen rato de pensamientos y silencios las amigas siguieron revoloteando por el parque jugando, riendo y respirando aire puro, mirando las nubes, los pájaros y observando como todos viven su propia historia, qué bonito, respetándose unos a otros maravillosamente.

Cuando ya regresaban, Desam iba mirando la cabeza de todos los humanos que había en el parque.

Sí, Desam, todos tiene bocadillo y ruido o pensamientos dentro de el.

Ja, ja, me has vuelto a leer el pensamiento.

Y sí, cada uno está viviendo su realidad, nosotras mismas, cada una tiene su propia realidad y todas son válidas y conviven juntas perfectamente dentro del mismo inconsciente colectivo.

Gracias preciosa hada, me ha encantado que vinieras a visitarme.

Con un abrazo de esos que derriten el alma se despiden las dos amigas y cada una se dirige a su hogar con esa luz que ilumina el rostro reflejando el disfrute del último día junto a la satisfacción de haber aprendido grandes lecciones, los juegos en el bosque generan calma de cuerpo y mente, así podrán integrar mucho mejor la enseñanza recién recibida.

Desam lleva un pensamiento de gratitud en su bocadillo. GRACIAS, HANI.

 

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