La espiritualidad en la fuente

Jose Mª Escudero Ramos, Madrid, 15 de agosto de 2020

He tenido la oportunidad de disfrutar de unas vacaciones conscientes muy curiosas. Lo primero porque para mí no eran propiamente vacaciones pues iba a acompañar en el duelo a una amiga muy querida, por lo que en lugar de vacaciones era una suerte de trabajo exterior e interior.

El destino fue Artaza en Navarra. Las vacaciones conscientes organizadas maravillosamente desde hace años por la Asociación Aroa han resultado ser un remolino de emociones.

Cuando uno va a estos encuentros sabe que va a salir removido, en esta ocasión nos hemos encontrado con situaciones realmente hermosas de crecimiento personal y grupal.

Debido a ciertas situaciones vividas en el camping, se nos pidió que no hiciéramos más actividades de danza, talleres, música y entretenimiento en ese lugar, así que se tomó la decisión de ir a una nave en el mismo pueblo, a un kilómetro del camping.

Al final se canceló todo, ¿y qué hicimos? muchos cambiaron de destino y para los que nos quedamos, estos días se convirtieron en unas No Vacaciones Conscientes entrañables. En un mundo en donde nada es lo que parece, tenía que ser así, No Vacaciones Conscientes.

¿Y cómo vive cada uno sus vacaciones sean conscientes o no? Se tiene por idea que las vacaciones han de servir para cargar pilas para todo el año, ¿el tiempo vacacional se vive como un premio por el esfuerzo realizado el resto del año? Cada estación tiene su fruto, algunos son amargos pero siguen siendo frutos y hay que saborear todas las estaciones con todos sus variados sabores pues el verdadero premio es ese, disfrutar de cada fruto hasta el hueso o las pepitas.

Llevamos demasiado tiempo sembrando, hemos plantado demasiadas semillas, es hora de recoger frutos, de cobijarnos bajo las sombras de los árboles crecidos por el esfuerzo de todos, tanto los que estamos al pie de árbol como los que están más alejados, los que están presentes, como los que ya no están fisicamente con nosotros.

Unas vacaciones conscientes son el fruto de una vida consciente, no debería ser el tiempo de cargar pilas para aguantar el resto del año resilentemente, si no el tiempo que te ofrece más herramientas para vivir coherentemente toda la vida.

Es mi punto de vista, el enriquecimiento está en compartir, en amar, en servir sin mirar a quien, sin juicio, sin querer saber si se merece alguna atención.

Fuimos un numeroso grupo de personas, mucho menor que años anteriores. Bailamos, nos abrazamos y compartimos alegría, cantos, rezos y bailes. Conversamos y desnudamos nuestras almas sobre la tintineante luz de las velas. En este tipo de encuentros puedes compartir energías con todo tipo de personas. Pasaron muchas cosas hermosas, todos estamos en una frecuencia parecida, al menos en una apertura de mente que nos une.

Escucho a unos y a otros, observo como cada persona hace, actúa, según son, unas viven al servicio de la humanidad, otras son guías para el grupo, otras personas sienten y se liberan entre lágrimas. Hay personas más discretas que trabajan en el anonimato, las hay muy habladoras, las que ríen contagiando al resto… Somos tan variopintos, somos tan diferentes que eso es lo que nos hace iguales, que todos somos diferentes. Muchas de estas personas han dejado una huella imborrable en mi corazón.

Las vacaciones conscientes giran en torno a la espiritualidad, a la idea de hermanar todo tipo de pensamiento espiritual, no importa la religión a la que se pertenezca, ni siquiera importa si se es ateo. Bailamos, cantamos y oramos en cualquier credo y en el idioma que sea necesario pero siempre desde el corazón, quizás sea ese el lugar donde se junten las almas encarnadas.

Pasó una cosa muy hermosa que quiero destacar, durante las No vacaciones, una pareja y yo, después de ayudar a desmontar la carpa en dónde se tenían que haber realizado los diversos talleres, fuimos a refrescarnos a un lavadero. Allí coincidimos con oriundos de Artaza. Tres mujeres y un chico. Las mujeres se fueron y el chico se quedó y nos dio conversación. Según hablaba sentía que era un poco un reflejo mío, sentía su energía consciente, en sus vacaciones, allí, en su pueblo, con su gente, sin compartir espacio con nosotros pero en la misma frecuencia, o al menos con la misma apertura de mente. Charlar con él fue muy enriquecedor sobre todo porque cuando uno se junta con personas afines es normal que sientas unas emociones, a veces hasta nos sentimos diferentes a los que no están junto a nosotros, pero hay muchas personas que vibran en la misma onda que son entre lobos esteparios y ángeles encarnados para dar señales a los que las quieran ver. Los tres que fuimos allí, teníamos que estar ahí y hablar con esa personita que nos alegró todavía más una mañana cualquiera entre chistes, profundos pensamientos y cuentos con moraleja.

Otra de las situaciones que me marcó fue escuchar a un joven que está pasando un proceso de evolución importante y que vino acompañando a su hermana. Yo siempre digo que los seres de luz toman diferentes formas y a lo largo de mi vida he podido reafirmar este pensamiento en mis encuentros con moribundos, con enfermos, extoxicómanos o personas sin hogar. Goyo habló en público, dijo unas palabras tan sinceras que enmudeció la locución del mejor gurú. Más tarde tuve la oportunidad de compartir con él un poco de servicio a la comunidad. Mientras hacíamos nuestros quehaceres me dijo algo que quiero compartir: Cuando siento esto tan especial en mi interior me siento tan pleno, me siento tan lleno que desbordo amor y quiero compartirlo. Escuché a un místico, sus palabras me conmovieron. Días más tarde, cuando nos despedimos, las palabras que me dedicó fueron tan hermosas y llenas de gratitud que hicieron que brotasen perlas de mis ojos, las cuales resbalaron por mis mejillas. Lágrimas de emoción y gratitud.

Goyo me hizo pensar mucho, me dijo “En la vida a veces hay que rendirse y otras veces renunciar”. Rendirse a la voluntad del Universo. Renunciar a lo que uno tiene por bien pues el camino puede ser otro. En el mundo de los iluminados a veces parece que somos como moscas que por ir hacía la luz chocamos una y otra vez contra un cristal: renunciar a creerse con la razón.

Hablando con otra amiga quien sabe por el momento de dudas que estoy pasando y al que te invito te unas, me dijo muy segura de si misma: Tú dudas de todo y yo me lo creo todo de una manera relativa. Haz lo que mejor creas, cree en todo de una manera relativa y duda, saldremos todos fortalecidos porque todo pensamiento va al inconsciente colectivo: Saldremos fortalecidos, tu responsabilidad es dudar.

Buscamos inspiración en grandes personas que hacen grandes cosas pero la espiritualidad está en la fuente de agua, la fuente de la eterna sabiduría, entre personas como tú y como yo.

Gracias por hacerme más consciente de lo agradecido que he de ser.

Gracias, Gracias, Gracias

1 comentario en “La espiritualidad en la fuente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *