La pajarita adorable, un cuento de Desam. Ferrández

Cuento escrito por Desam. Ferrández. Asunción, 20 de noviembre de 2019

Había una vez una pajarita qué no volaba.
Un día un humano encontró, mientras paseaba por el campo, a una pajarita.

Al humano le extrañó que la pajarita no volara, se acercó a ella despacito, diciéndole cosas lindas para que no se asustara y con mucha suavidad la consiguió agarrar, entonces se dio cuenta de que tenía las alitas rotas, “habrá tenido un accidente” pensó el humano.

Él no sabía como ayudar a la pajarita que permanecía inmóvil y temblando en sus manos, el humano decidió llevarla al veterinario.

El veterinario la examinó en profundidad y dijo que tenía las dos alitas rotas y que era imposible repararlas porque no era una fractura de ese día, debía de hacer días que se las había roto y le dijo al humano que si la soltaba otra vez en el campo, al no poder volar se moriría de hambre o la matarían enseguida.

El humano sin pensarlo decidió llevarla a su casa y se la enseñó a la humana que vivía con él, mientras se fue a comprarle una jaula dejó al pajarito adorable en manos de la humana, la pajarita estaba asustada y no entendía ni dónde estaba ni el porqué no la soltaban.

El humano llegó con la jaula y la comida, lo preparó todo y metió a la pajarita en su nuevo hogar, como no volaba le dejó la jaula abierta y en el suelo, en lugar de colgada en la pared.
La pajarita se fue acostumbrando a la jaula y a esta pareja de humanos que cuando la miraban movían la boca.

Cuando hacía bueno el humano la sacaba al balcón, de noche la entraba a la casa y en épocas de frío le ponía una mantita por encima de la jaula para que no tuviera frío.

Un día de verano de los que estaba en el balcón, llegó un pajarito y se enamoró de la pajarita, el pajarito le cantaba desde la barandilla y poco a poco se iba acercando más a la pajarita, hasta que ya se ponía encima de la jaula y allí se pasaba horas.

El humano, al verlo, pensó que podía dejar la puerta abierta de la jaula para que el pajarito, si quisiera, pudiera entrar en ella.

Al cabo de unos meses el pajarito empezó a hacer el nido sobre la jaula, era muy, muy trabajador e incansable, traía ramas que la pajarita acomodaba, así los dos trabajaban hasta que hicieron un nido muy grande.

La pareja de humanos se pasaban horas mirando como hacían el nido, los miraban cómo trabajaban en equipo la feliz pareja de pajaritos, eran hermosos.

Los humanos se sentían felices de ver a la pajarita feliz y tener la posibilidad de ver cómo construían el nido era algo que los tenía encantados.

Los pajaritos siguieron construyendo el nido hasta que fue tan grande que el clavo de la pared no soportó el peso y se cayó todo, jaula y nido.

La pareja de humanos se puso muy triste, con todo lo que habían trabajado los pajaritos, pero no podían arreglarlo, así es que decidieron dejar la jaula en el suelo, por supuesto, con la puerta abierta para que el pajarito pudiera entrar a la jaula y estar con la pajarita, entonces, para sorpresa de los humanos, empezaron a hacer un nido en el suelo.

Hicieron un nido muy grande, muy grande y de la misma manera, el pajarito traía las ramitas y la pajarita las colocaba hábilmente.

Los humanos procuraban no salir cuando estaba el pajarito en el balcón para no asustarlo, hasta que el nido fue grande, entonces ya no sabían cuando estaba el pajarito, aun así salían despacito sin hacer mucho ruido al balcón cuando les tenían que poner el agua y la comida.

Un día la pareja de humanos oyó más ruido del habitual, era un piar más débil y supusieron que habían tenido bebés, así transcurrió el tiempo hasta que por fin los poyuelos crecieron y salieron a volar.

Los humanos estaban felices viéndolos volar, ahora ya no salían de día a ponerles la comida, solo de noche cuando la familia de pajaritos estaba dentro del nido.

Un día la humana llegó del trabajo y se asomó al balcón de lejos, entonces se dio cuenta de que la pajarita estaba en el suelo y no se movía, había entrado un ave rapaz y había matado a la pajarita y herido gravemente al pajarito que se encontraba en el árbol de enfrente.

La humana lloró mucho, estaba muy triste porque habían matado a la pajarita, la tenia en sus manos cuando de pronto, entre su llanto, escuchó un piar, por lo menos había un pajarito que había conseguido esconderse y por lo tanto salvarse.

La humana empezó a deshacer el nido muy despacio y nerviosa, no quería lastimar al pajarito, pero no sabía si el atacante volvería, para su sorpresa rescató a los cuatro pajaritos, todos estaban vivos.

Los pajaritos eran pequeños así es que tuvieron que comprar una jaula grande y poner en ella a los cuatro pajaritos, al principio los alimentaban con la mano hasta que se acostumbraron a las pipas, y al alpiste, poco a poco fueron creciendo.

Tres de los astutos pajaritos consiguieron salir de la jaula y vivir en libertad, se quedó uno que un buen día también se escapó.

Los humanos siguieron poniéndole agua y comida porque al estar acostumbrado a que le dieran de comer, los humanos no sabían si el pajarito sabría alimentarse y vivir solito.

A los pocos días el pajarito volvió al balcón y a la jaula donde había un comedero lleno de pipas, tenía tanta hambre que tuvo un empacho y empezó a devolver, los humanos lo mantenían en la mano y le acariciaban para que se sintiera bien.

El pajarito siguió creciendo, cuando hacía bueno estaba en el balcón y cuando hacía frío o era de noche estaba en el salón con la jaula abierta para que pudiera salir como su mamá solía hacer. Muchas veces trepaba por la jaula y se quedaba horas encima de ella, otras volaba por el salón haciendo recorridos cortos porque no estaba acostumbrado y se cansaba, a la pareja de humanos le gustaba mirarlo mientras volaba o mientras comía.

Y así creció feliz el pajarito que se salvó.
Y colorín colorado este cuento ha terminado.

Ahora la humana ha crecido y ya no quiere pajaritos dentro de jaulas, sin embargo sigue deleitándose con los pajaritos que surcan y juegan en el cielo o en los árboles.

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