Lugares invisibles

Jose Mª Escudero Ramos, Limpio, Paraguay, 13 de agosto de 2018

Desam y yo hemos estado en un lugar que no existe y hemos visto cosas que no podemos contar porque es un lugar en el que “nunca pasa nada”.

Un lugar que se ha convertido en especial para nosotros aunque no salga en los mapas, no hablen de ello en los periódicos precisamente por eso, porque nunca pasa nada.

En este lugar la gente cultiva y trabaja en lo que buenamente puede. Los que lo conocen saben qué cosas ocurren pero como es mejor no saber… Si uno cruza por sus callecitas de tierra y piedras así, sin darse cuenta, como nosotros hicimos, para ver sus huertas y cultivos, para que esa gente que no existe pueda compartir con otras personas “que nunca hemos estado allí”, todo lo que tienen, que no es mucho ni es poco, es todo, se sentirán como nos sentimos Desam y yo, afortunados.

Durante el camino de ida nos pasó una cosa muy llamativa. Fuimos en el coche de una de esas personas que se ofrecen a hacer nuestra vida mucho más hermosa, una nueva gran amiga que nos invitó a ir a casa de la familia de su marido pues él amigos con unas huertas de película. En el trayecto, sorprendido por tanto contraste, me pasé un buen rato haciendo fotos del río, la frontera natural entre Paraguay y Argentina, hice, “quité”, unas fotos a un grupo de personas, uno de ellos miró al coche y gritó “han hecho fotos”. Al poco tiempo nos cruzamos con un policía en moto que se dirigía hacía ese lado del camino donde los trabajadores se asustaron por mi cámara. Al poco rato regresa a por nosotros y nos para, se dirige únicamente a mí y pide que me identifique. Una fuerte intuición me dijo que no debía identificarme como “prensa”, así que guardé mi carnet y le ofrecí mi pasaporte. Se disculpa  y me dice de muy buenas maneras que he hecho unas fotos que han incomodado a unas personas, le digo que no era mi intención molestar, que no sé lo que estaban haciendo y que mi intención era sacar fotos del río y de la naturaleza. Vemos las últimas fotos y borro tres de ellas, sin sentirme extorsionado, libremente, por respeto a esas personas que viven en un lugar que no existe, que casi no sale ni en Google Earth. 

El policía se volvió a disculpar muy amablemente, nos miramos a los ojos con respeto, nos dimos la mano en señal de pacto de caballeros de esos que valen más que una firma en un papel, y mis amigos y yo, seguimos camino disfrutando de un lugar invisible.

Hoy, tras un par de semanas de reflexión, siento la necesidad de hablar de los habitantes de ese hermoso lugar, esas personas que nos enseñaron a apreciar el momento, la tierra, sus frutos, que nos hacen ser agradecidos.

Conozco lugares que, por menos, hubieran mandado al matón de turno para, sin hacer preguntas, solucionar sus problemas “haciendo que parezca un accidente”, si hubiese  sido así, Beterete Cue sí que hubiera salido en los periódicos, si existiría.

Beterete Cue, el lugar en el que sus habitantes trafican amor con la humanidad, no más.

Quizás no recuerde en un futuro el nombre de esa zona donde estuve, pero siempre querré volver a ella.

Gracias, gracias, gracias, me siento tan afortunado por poder contar tantas gratas experiencias.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *