Taller de abrazos en el colegio SEO

Desam. Ferrández. Asunción, 11 de agosto de 2019

Estoy súper recargada energéticamente hablando y emocionada por un Taller de abrazos que dimos, el jueves 8 de agosto, Jose y yo, a alumnos de tercer grado en la escuela de San Enrique de Osso en Limpio. De tanta energía y emoción no pudimos conciliar el sueño esa noche ja, ja.

El año pasado hicimos el taller, el cual también disfrutamos mucho, para las docentes y dirigentes de la misma escuela teresiana, Damiana se acordaba de ello y al vernos de nuevo este año por allí nos pidió tímidamente si podíamos hacer el taller de abrazos para los chicos, ya que éstos están algo movidos y algunos un poquitito faltos de abrazos. Aprovecho este artículo para agradecer a la profesora el interés que demuestra hacia sus alumnos al organizarles con tanto cariño y entusiasmo un taller tan especial como es el de abrazoterapia.

El universo lo arma todo demasiado bien, este taller llega en el momento más adecuado para mí. Yo soy la primera que necesita esos abrazos.

Ha sido espectacular, Jose y yo hemos disfrutado muchísimo. Los alumnos, 29 en el turno de la mañana y 28 en el turno de la tarde, han querido abrazar a todos sus compañeros, al principio alguno ha estado un poco tímido y con reticencias de abrazar a depende que compañero, sin embargo, con unas payasadas por parte de Jose y el hecho de abrazar con naturalidad tanto a varones como a damas, se han ido soltando y hasta corrían para abrazar a alguno que huía de tanta muestra de afecto y felicidad.

El encuentro lo hemos hecho en una plaza, al aire libre, un lugar perfecto porque así hemos aprovechado para abrazar tanto a árboles como a compañeros, comprobando, luego de la euforia inicial, que hasta podíamos sentir el corazón del que nos abrazaba.

La profe nos ha dispuesto en círculo, muy inteligentemente por su parte, a mí también me gusta hablar desde esa posición de igualdad, así nos vemos las caras todos y disfrutamos, hay gestos que no tienen desperdicio y seguro que no se repiten fuera de este contexto.

Para ellos ha sido una clase diferente ya que este tipo de talleres no están contemplados en la enseñanza, una lástima porque socializar con el compañero que tengo durante casi 10 meses es muy beneficioso para todos, nos permite vernos desde otra perspectiva y hasta ser más amables.

En este acto no hay competencia, simplemente permito que una personita “invada” mi espacio para darme un abrazo y a la vez me permite abrazarla en un silencio donde no existe nada más que ese abrazo. Para finalizar el taller aún les queda tarea, han de enseñar en su casa, a todos los que viven en el núcleo familiar, lo que han aprendido hoy, cómo se abraza y cuantos abrazos diferentes saben, también tendrán que escribir una redacción sobre cómo se han sentido.

Todos han repetido los diferentes abrazos hasta el final del taller, incluso al despedirnos, ya en el aula, han seguido abrazándonos, expresando sin palabras la gratitud del momento, palabras “te quiero” han salido espontáneas de sus pequeños labios.

Me he emocionado mucho sentir el abrazo de Jonathan, un lindo niño que conocía del año pasado, quedándose entre mis brazos sin prisa y sin miedo a demostrar afecto y sensibilidad, cosas que la sociedad ni enseña ni invita a que muestres.

Otras alumnas conocidas del año pasado que todavía recuerdan mi nombre perfectamente, me agarraban de la mano mientras íbamos charlando alegremente hasta la plaza en cuestión.

He comprobado que los niños quieren jugar y que responden al cariño rápidamente cuando se les demuestra ese mismo cariño y respeto, si se exceden en la fuerza o en la intensidad en el abrazo solo hay que decirlo para que aflojen porque, a pesar de su tamaño, son fuertes y la emoción hace que aprieten un poquitito más de lo que conviene ja, ja.

Jose y yo, al llegar a casa y comentar el taller, nos emocionamos al recordar la jornada y nos sentimos muy agradecidos por poder hacer esto. El humano necesita muy poco para ser feliz, lo más difícil es darse cuenta de ello y nosotros somos muy conscientes de que estos momentos no tienen precio y no queremos cambiarlos por nada.

Al final de un día tan hermoso, donde han calentado nuestras almas esos hermosos abrazos, queda agradecer y saborear este sentimiento profundo y alguna lagrimilla osada que quiere aparecer, ¡cómo me gusta!, ¡qué feliz me siento!

Una dicha enorme invade cada célula de mi cuerpo y para colmar la felicidad, Jose, pareja de camino, siente lo mismo que yo al compartir estos días tan especiales, ¡qué suerte!

Mil gracias a Damiana, a Jose y a los 57 pares de pequeñitos brazos que me han abrazado repetidamente.

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