Taller de oratoria de Dale Carnegie

Jose Mª Escudero Ramos. Asunción, 31 de julio de 2019

Llegué a Asunción hace seis semanas, una de las primeras cosas que vi fue el Centro de formación Dale Carnegie, que curiosamente está cerca de la casa donde vivo. Curioseé su web y vi que daban unos talleres muy interesantes.

A mi padre le encantaba Dale Carnegie, yo creo que su libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” era el libro más leído en casa cuando era adolescente. El ejemplar que tenía mi padre estaba muy usado, recuerdo que incluso tenía cinta adhesiva en el lomo para que no se deshojase más. Me encantaba leer el marcapáginas que ofrecía unas semillas de sabiduría en forma de proverbio árabe que han quedado grabadas a fuego en mi corazón:

No digas todo lo que sabes,
no hagas todo lo puedes,
no creas todo lo oyes,
no gastes todo lo que tienes;

Porque :

el que dice todo lo que sabe,
el que hace todo lo que puede,
el que cree todo lo que oye,
el que gasta todo lo que tiene;

Muchas veces:

dice lo que no conviene,
hace lo que no debe,
juzga lo que no ve,
gasta lo que no puede.

A partir de ahí el libro no tiene desperdicio, aporta unas reglas básicas para dejar huella en todo aquel con quien te cruces sin importar el estatus, además afirma que cualquier persona nos puede aportar un nuevo conocimiento, ¡qué gran verdad!.

A mi hermano Juancho también le encantaba, de hecho, creo que todavía guarda el ejemplar de mi padre y además ha comprado dos nuevas versiones.

Cuando gracias a la Revista Susurros de luz entrevisto a alguna persona influyente y a la pregunta de ¿Recomiéndenos un libro?, me responden “Cómo ganar amigos…” enseguida me viene mi padre a la mente y un estado intenso de gratitud al corazón.

Al llegar a Asunción y ver el centro lo primero que pensé es que me encantaría hacer un curso allí, vi las fechas de los próximos talleres y me apunté, con mucha ilusión, al de Oratoria del 27 de julio.

Y llegó el día del taller, voy con mucha ilusión pero sin expectativas al centro de formación. Una de las cosas que he aprendido a lo largo de los años es que si esperas algo grande de un evento, lo mismo lo encumbras y al final no es cómo esperabas, lo que produce cierta desilusión y tristeza, sin embargo, si vas con la mente abierta dispuesto a compartir y a aprender de toda circunstancia, entonces disfrutas con cada pequeño detalle. Si te dejas sorprender, si no esperas nada grande, observas con atención los pequeños detalles de la vida y así cada instante se convierte en sí mismo en algo grande.

Según van entrando veo a los que serán mis compañeros de curso. Me encanta observar el comportamiento de cada uno. Unos vienen solos, otros con compañeros de trabajo. Hay mujeres jóvenes, hombres de todas las edades, un chavalín algo tímido, es una futura estrella del fútbol. En general todos son bastante tímidos y respetuosos. Me encantaría empezar a preguntar ¿qué os ha movido a estar aquí hoy? Pero me aguanto las ganas.

Nos hacen pasar a la sala donde pasaremos las próximas horas. Todas las sillas formalmente colocadas, pizarra de hojas al frente, están todos sentados. Esperé para pasar el último. Me siento en la última fila.

Llega el instructor, nos mira en silencio, se presenta “Soy Pope Spinzi” y comienza el curso con una dinámica. Nos hace ponernos en círculo ¡Bien! La energía se renueva, ya es otra cosa menos formal y más entretenida.

Nos presentamos. A partir de aquí comenzamos a conocernos todos los compañeros.

Durante el día realizamos diferentes ejercicios de oratoria con los que vamos desnudando nuestras almas.

Confirmo que hay un fuerza superior que forma cada grupo, que hace que estemos los que tenemos que estar para escuchar lo que nos toca en cada momento y doy gracias a ese Universo que hace tan bien las cosas.

A lo largo del taller aprendemos la fórmula de cómo podemos influir sobre nuestro público a través de nuestra oratoria, cómo formar el discurso, qué debemos contar, cómo hemos de trabajar para dejar esa huella imborrable en nuestros interlocutores.

En el proceso escuchamos historias hermosas, lecciones de vida, nostalgias, actos de valor, de amor, de sacrificio y de superación. No voy a destrozar el taller, hay que hacerlo, los ejercicios son tan intensos que al hacer un sencillo taller de oratoria estamos haciendo un taller de emociones escritas y habladas.

Hemos compartido la fuerza de un nacimiento, el sufrimiento de una pérdida, de un atraco o de un accidente mortal. Hemos conocido el sincero testimonio de un joven que de niño hizo mobbing hasta que “el gordito de turno” le dio una paliza, entonces, esperando juntos al director de la escuela, se dio cuenta de que su “enemigo” y él tenían muchas cosas en común y han llegado a convertirse en mejores amigos. He conocido la posición de una persona que ha llegado a la capital, desde “del interior” del país, sin saber hablar español y que gracias a un gran esfuerzo en poco tiempo pasó de no hablar por no entender a “no parar de hablar”, no callar ni bajo el agua, como solemos decir en España. Y no es el único caso, otro compañero nos contó su situación, de no hablar nada de español a ser un gran comercial con facilidad de palabra y todo gracias a una persona que le ha empujado a ser lo que es ahora, un amigo que, por cierto, también estaba haciendo el curso.

En el taller se han vivido momentos muy hermosos de gratitud. He conocido a gente muy trabajadora cuyos sueños hacen que la vida cobre sentido, siempre lo tiene y más cuando se comparte la felicidad, ya sea en forma de abrazo o con una sincera sonrisa. Los magos son ilusionistas, juegan con nuestra ilusión. Pope se convirtió ese 27 de julio en mago y creó con su profesionalidad un día mágico.

Quizás el curso resulte un poco caro pero el conocer almas tan bellas como son mis compañeros de curso no tiene precio.

La forma de enseñar, de vivir, de orar de esa “gente normal” me hizo sentir la vida de una forma tan hermosa, son personas que no salen en los periódicos pero son de los que vale la pena escribir.

Sus discursos han sido dados desde el corazón. Hemos reído, hemos llorado, hemos sentido. Hemos recibido lecciones de vida en primera persona y ese es el secreto de un buen orador: contar con humildad y desde el corazón aquello que quieres transmitir.

Así es como influyes en las personas: Dejando ese aroma de ti en el alma de tus compañeros de humanidad.

Gracias, profe, gracias, compis. Ha sido toda una muy grata experiencia.

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