Todos vivimos entre Luces y sombras

Toda ser iluminado proyecta su sombra, de hecho cuando más te aproximas a la luz más grande es su sombra.

Evitar hablar del mal, que te intenten hace el mal o hacer el mal es negar la vida. He hablado en otros  post anteriormente que todo lo que hacemos, aunque creamos que es el bien para toda la humanidad, al final puede que nuestros actos no gusten a todos, incluso la repercusión que pueda tener un acto aparentemente sencillo e inofensivo pueda causar un sufrimiento a alguien.

Vivir es un acto de rebeldía en si mismo. Enfrentémonos a ello, asumamos el riesgo de estar vivos.

Estamos llenos de miedos, de prejuicios. Vivimos huyendo de los estereotipos creados pero estamos creando unos nuevos al intentar acabar con los anteriores.

El miedo nos paraliza, no solo a nosotros. Muchos de los consejos que damos son limitadores completamente aunque los demos de corazón… cuidado con vivir.

Yo ya no escucho casi nunca decir “arriesga”, “lánzate a la piscina” por el contrario vivimos transmitiendo el miedo con el que nos han programado con el terrible Lobo feroz o los cuentos de brujas que nos han enseñado a tener miedo siempre a algo…¿y si esa brujita era de magia blanca? ¿Quizás curandera? Por hacer Reiki me podían haber quemado fácilmente durante los siglos de la Inquisición ¿y si el lobo no es tan fiero como lo pintan? Todavía recuerdo Bailando con lobos, la película que quiere romper estereotipos, ni los indios ni los lobos eran tan malos.

El miedo que nos condiciona nos debilita. La ignorancia nos hace débiles. Para fortalecernos hemos de enfrentarnos a lo desconocido, poner en duda todo lo que nos plantean como verdad. Yo sé que no tengo la verdad absoluta, tengo la duda eterna pero lo que tengo claro es que, hoy por hoy, siento que vivimos dentro de una gran partida de ajedrez, todos somos una determinada pieza, peones la gran mayoría, vivimos enfrentados a los otros que nos son del mismo color pero tenemos las mismas características, vivimos tan aterrados que nuestro miedo nos hace vulnerables, víctimas y verdugos y sobretodo, ignorantes. Matamos sin juicio justo previo para evitar ser asesinados pero en el fondo no corremos ningún riesgo, el único riesgo es creer en aquellos que nos han inculcado la doctrina del miedo, la doctrina del shock. Y eso se evitaría poniéndonos en la posición del “otro”, sintiendo su miedo y transmitiendo la verdadera compasión.

Santa Teresa de Jesús dijo que el diablo dejaría de serlo si supiese amar, pues enseñémoslo y todos perderemos el miedo. Luz y amor. Integremos nuestra sombra en nuestro ser de luz. Vivamos acorde a unos principios que nos hagan ser lo que queremos ser a pesar de las adversidades. Yo quiero ser la mejor persona del mundo, para conseguirlo he de hacer daño a alguien, a todos aquellos que quieran limitar mi proceso evolutivo por sus propios miedos.

Yo tengo miedo, claro que sí, pero no me paraliza, todo lo contrario, me hace avanzar, eso sí, intentando hacer el menos daño posible, sabiendo que todo sufrimiento es evolución, y dejando que todo ser viva la suya propia, su evolución. Yo no soy quien para evitar esos sufrimientos pero si soy quien para integrar luz y sombra. Amor incondicional, empatía y  evolución. Cada uno que viva lo suyo, sin miedos, corramos el riesgo de estar vivos. Que no nos cuenten la vida que podríamos vivir, vivámosla a sabiendas de que vamos a sufrir o a hacer sufrir, de que vamos a crecer y evolucionar.

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