Un día peculiar, lo normal. Otro cuento de Hani escrito por Desam

10 de diciembre de 2019, cuento escrito por DESAM. FERRÁNDEZ

Querido lector, dime, ¿tú vives días normales y a la vez, si lo piensas, peculiares?

Te voy a contar un trocito de un día de lo más normal y que por estar disfrutando de cada instante fue de lo más peculiar y gratificante. Gracias.

Antes de salir de casa leo la frase para el día que Louise l. Hay aconseja, en las afirmaciones para cada día del mes de diciembre, la de hoy dice: “Gozo de todo lo que tengo y abro los brazos a todos los desafíos”.


Salgo de casa y me dirijo al trabajo, a la escuelita maravillosa en la que estoy viviendo mis días acá en Asunción, con profesionales y niños fantásticos y, de repente, se presenta Hani y se sienta en mi hombro, hacía días que no nos veíamos, mejor dicho meses aunque para nosotras es como si nos hubiésemos visto ayer, me susurra al oído con un ¡hola! jovial mientras vuela y sus piececitos descalzos rozan mi hombro.


Para quien no sepa quien es Hani les explicaré que es un hada y niña a la vez, con ojos grandes y expresivos, carita pequeña con orejitas pequeñas y puntiagudas; que vuela con alas pequeñas casi transparentes y que en sus vuelos a veces arrastra a Desam, consiguiendo que las dos se desplacen por el cielo; Una aclaración más Hani solo es vista por Desam y por todos los seres que habitan en el bosque, pero el resto de humanos no la pueden ver y también os contaré que ellas dos se comunican por telepatía, bueno más bien Hani oye a Desam cuando le habla, aunque no salga ningún sonido de su garganta, con el pensamiento y Hani está enseñando a Desam a oír con el pensamiento… o eso intenta. También deciros que hay más cuentos de Hani en la revista Susurros de Luz / IMO (antes).


Desam: ¡Hola! le contesto, feliz por la grata sorpresa que representa para mi que Hani aparezca por Asunción.

Hani: Desam ¿ya te estás preparada para tu viaje? Te queda poquito para viajar.

Desam: Sí_le digo_ me quedan unos días nomás y ya me vuelvo para España.
Hani: ¿Quieres que nos divirtamos hasta que lleguemos a tu trabajo, tú y yo? Si es así no mires al suelo.

Desam: Pero, si las aceras están rotas y tienen agujeros.

Hani: No importa, te van a guiar, no te va a pasar nada. Confía.


Sonrío y observo al barrendero como llena su carretilla con montones de hojas de las plantas que invaden la vereda, cuando los veo siempre pienso ¡depositan la basura en una carretilla! No utilizan carros como nosotros y tampoco utilizan bolsas de plástico para contener la basura, así es que las hojas se encuentran libres y yo creo que enseguida vuelan como locas queriendo llegar a la vereda, donde se encontraban antes compartiendo espacio y cháchara con otras hojas amigas. El barrendero vio mi cara alegre, estaba feliz porque Hani estaba conmigo, y me saludó y me deseó muy buen día y yo pensé, sí, ha empezado muy bonito.


Hago caso a Hani y vamos disfrutando de los árboles maravillosos y frondosos que hay a nuestro paso, muchas veces alargo mi mano para acariciarlos para que me den esa energía que ahora más que nunca la necesito, porque los voy a echar de menos, por lo que intento absorber todo el verde que puedo. Suspiro… contemplo la vegetación que durante meses me ha acompañado en mi recorrido hasta el trabajo, estos árboles que me han resguardado del cálido sol, y sí, necesito esta energía para acabar esta etapa y comenzar otra allá en España.

Mi estancia acá ha sido de 9 meses, ¡un embarazo! Quizás he vuelto a nacer, solo pido que las lecciones aprendidas no se me olviden como anteriormente me ha pasado, ¿lo conseguiré? En ello pondré mi voluntad y ahora a disfrutar de lo que veo, no hace falta que me lleve nada de recuerdo, lo llevo muy adentro.

Saludo a dos periquitas verdes que gracias a su piar localizo en un árbol, se dejan ver entre las ramas, una pareja de periquitos saludándose entre piares tan alegres como estridentes, que me recuerdan una y otra vez a la periquita adorable “que me tuvo “ un día y lo que viví con ella.

Desam: Hani, ¿te has ido que no te escucho?

Hani: No, no me he ido, estoy aquí viendo lo mismo que tú estás viendo, disfrutando como tú, aunque yo estoy acostumbrada a ver todo esto que nos rodea, siento como disfrutas de lo que yo veo todos los días y me gusta lo que sientes.

Hoy la luz está especialmente bonita, suave pero de un blanco intenso, que hace que los contrastes se vean con muchísima claridad a estas horas, se ve intensamente el verde en contraste con el blanco de la casa y el negro del asfalto o el amarillo de los taxis, aprecio el vigor del naranja en el chivato, el rosa casi fucsia de la Santa Rita, se aprecia con claridad hasta mi sombra que parece que se ha estilizado, alargándose, aparentando que soy mucho más grande de lo que de verdad soy. En mi recorrido piso hojas y flores y les agradezco la alfombra multicolor que han tejido la cual en ocasiones me ha permitido volar.

Desam: Mira, Hani, el Chivato ahora esta precioso repleto de flores de un naranja fuerte con las hojas verde casi esmeralda, mira que hojas, Hani, aquí todo es grande. Hani, ¿dónde tu vives las hojas son así de grandes?

Hani: No Desam, allí son más pequeñas, pero el bosque es igual de frondoso, ¡tú ya has venido!

Desam: Sí, lo recuerdo bien, tenemos que volver.

Hani: Cuando quieras, sabes que siempre estoy por allá.

Desam: No, ahora estas acá, le digo mientras las dos reímos a carcajadas, has volado y has cruzado todo el océano.

Respiro, huele intensamente a tierra mojada y a flor.

Desam: Mira Hani, te presento al mango, árbol gigantesco típico de Paraguay y fíjate como está el suelo, llenito de su fruto maduro que ya se ha caído, a mi me gustan mucho los mangos, son muy dulces.

Hani: ¿Se pueden comer?

Desam: Sí, los del suelo ya están maduros por eso se han caído, pero los que están en el árbol todavía se han de hacer amarillos para poderse comer.

Mira, Hani, le digo mientras extiendo mi brazo hacia el horizonte para señalar el lugar donde quiero que mire la pequeña, ¿ves que cantidad de árboles?

Hani: Te recuerdo que yo vivo en el bosque donde también la vegetación muy espesa, con la diferencia que allí no hay ni asfalto, ni muros.

Desam: Sí, es cierto pero esto es la ciudad, y fíjate esa enorme planta como ha crecido encima de ese árbol, ¡mira donde ha crecido!

Insisto mientras señalo una planta que ha crecido al lomo de un colosal árbol, es brutal. Ya sé que me repito un montón y que digo que los árboles son gigantes y que huele intenso a flores, pero es que es así y es en la ciudad porque si fuera en el bosque para mí eso sería normal pero aquí en la misma ciudad está todo lleno, hasta por las paredes de las casas crecen enredaderas, como si no hubieran humanos alrededor, parece que hay dos mundos distintos muy diferenciados, el mundo verde y el mundo humano, sin embargo están en sinergia los dos mundos viviendo en el mismo espacio-tiempo.

Pasamos por el club de tenis en el momento en que están regando el pasto y Hani sin pensárselo dos veces se va volando a mojarse porque hace mucho calor.

Desam: ¡Hani!, ¿si te mojas las alitas podrás seguir volando? Hani se ríe a carcajadas y como es habitual en ella sujetándose la panza, haciendo muecas exageradas.

Hani: Claro, Desam, las alitas de las hadas son como impermeables, incluso yo tampoco me mojo mucho.

Nos reímos las dos y sigue debajo del aspersor haciendo divertidas piruetas mientras persigue algún chorrito para que le haga masaje en su diminuto cuerpo, entretanto se refresca con el agua fría.

Cuando ya ha tenido bastante de agua continuamos el viaje sin prisa, yo le voy enseñando los rincones que conozco y que creo que a ella le pueden gustar, ella a ratos va encima de mi cabeza y otras veces en un hombro, parándonos para ver flores diminutas creciendo en lugares nada corrientes.
Así hasta llegar a la escuela y fin del recorrido por el momento.

Hani me dice que se va a explorar otros lugares y que ya nos veremos…

Como no es una amiga humana, no quedamos para la próxima cita, ja, ja, no tiene ni celular…

Gracias, Hani, por esta fantástica sorpresa.

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