Vive

Hace tiempo escuché la historia de una persona que tenía miedo de salir de casa porque en la calle había muchos peligros. De joven le contaron las historias de una señora que murió porque un perro se cayó de un octavo piso y la mató, otra que se le cayó una maceta y también falleció, e incluso el caso de un suicida que por acabar con su vida dejó en una silla de ruedas a una persona que pasaba justamente por debajo de su ventana. Así que con todos esos miedos no se atrevía a salir de casa. Pensaba que su vida era demasiado valiosa como para arriesgarla con tanto peligro. Ella prefería quedarse en el salón, calentita, dejando que le contasen la vida a través de la televisión. Se sentía segura allí dentro pues lo que oía en las noticias no era nada alentador. Violaciones, secuestros, estafas, huracanes, eso a ella no le preocupaba porque en su salón se sentía protegida. Un día, justo en frente de su edificio montaron una gran grúa, de esas que son incluso más grandes que el propio edificio. Ella lo miraba desde su butaca de espectadora, cómodamente. Lo miraba y sonreía. Anda que como se caiga eso encima de alguien…se decía cuando lo veía moverse. De pronto, esa grúa se empezó a mover hacía un lado y hacía otro, hacía la ventana del salón donde nuestra amiga pasaba su vida…y su muerte. Así fue su suerte. Acabo aplastada por una grúa de obra dentro de su salón.

Cuando escuché esa historia me sentí vivo. No importa cómo te llegué la muerte, te va a llegar en su momento por mucho que la quieras evadir, te persigue hasta que te encuentra. ¿Y cuándo es eso? Cuando hayamos hecho aquello a lo que hemos venido hacer, cuando podamos dejar un mensaje para el resto de la humanidad, como hizo nuestra amiga… ¿qué mensaje? Que no te cuenten la vida, vívela, asume los riesgos de estar vivo y disfruta, sal, se feliz. Vive.

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