24 de diciembre, nos vamos de cenas

Jose Mª Escudero Ramos, Madrid, 26 de diciembre de 2019. 

La pasada Nochebuena, como viene siendo costumbre, un grupo de amigos reunidos en torno a la asociación sin fines de lucro Susurro de luz, salimos a la calle en busca de personas con las que poder compartir algo caliente como caldo o café… y una buena charla.

Comenzamos las andanzas a las 19 horas Marta C., Marta A, Teresoni, Rafi y el que esto escribe, en la Plaza de Tirso de Molina, una zona nueva para nosotros pues solemos ir por otros barrios.

La noche no era muy fría aunque según avanzaban las horas hacía cada vez más.

Llevamos mantas que se repartieron nada más comenzar. “El Ferrari” se hizo cargo de una de ellas, mientras charlábamos con él y le dejábamos unas bolsas de cena y de desayuno y una chapa con palabras positivas, una señora nos pidió otra manta, se la dimos junto a un café, otra chapa y un abrazo.

El dar las chapas con palabras positivas tiene un significado, Masaru Emoto fue un científico japonés que demostró el poder de las palabras y su influencia en el agua. Como el cuerpo humano está compuesto de agua, queremos que se pongan estas chapas con las palabras adecuadas para que nuestra agua se re-equilibre y así podamos brillar.

Seguimos nuestra ruta por diferentes calles del centro hasta llegar a Opera, Plaza de Isabel II, Arenal, plaza de San Martín, calle del Carmen.

Nos gusta poner la escusa de repartir cenas para entablar conversaciones con cada persona que vemos en la calle. Así hemos podido conocer a artesanos vendedores ambulantes, músicos y personas Sin Techo o Sin Hogar. ¿Por qué diferencio? Hemos comprobado que hay personas que viven en una pensión, en una casa de acogida, alquilan un cuarto… pero no tienen hogar, un Sin Techo puede no tener techo pero si un hogar.

Estas personas, con las que nos cruzamos todos los días, lo que más necesitan es atención. Hablar con ellos un rato lo más que nos puede hacer es darnos conocimiento, abrir nuestra mente para conocer otras realidades, pero para ello no se ha de salir con estereotipos o miedos, esto nos puede afectar al corazón, podemos llegar a amar más todavía.

En la Nochebuena de 2019 nos encontramos con ex-presidiarios, con borrachos, con personas que tienen un caparazón de cierta agresividad, una mirada desafiante y mucha, mucha, labia, personas que a su vez son artistas, poetas, corderitos mansos que se defienden de un mundo para ellos hostil de la mejor manera que pueden… unos beben para olvidar, otros para no ver su actual realidad… la soledad, la calle, las drogas, el alcohol, que malos amigos son, pero que buenos compañeros de camino encuentras cuando estás en esa situación. Cuando escarbas un poco y observas que detrás de esa capa protectora hay un corazón dispuesto a dar, es cuando el malo de la calle, ese que hasta ahora te desafiaba, te recita su vida en forma de poema. Y lo declina tan bien que hace que se humedezcan los ojos de aquellos que tenemos la gran fortuna de disfrutar de tan bello corazón.

Luego vienen las preguntas ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a un corazón herido por una sociedad tan agresiva? Y recuerdo la novela de Mary Shelley, Frankenstein… ¿Quién hace al monstruo?

Vimos al Neuronas con su grupo de colegas. Estuvimos un buen rato de risas con ellos, nos enseñaron los regalos que tenían, una linterna con luces psicodélicas “pa´ flipar un poco” Ellos han formado su hogar sobre las rejillas de… ¿Qué más da? Lo relevante es que no es un lugar muy cómodo, pero es su hogar.

Estábamos en Arenal, charlando con artesanos, cuando llegaron tres personas que habían cenado en el Senado, gracias a las cenas solidarias del Padre Ángel y sus Mensajeros de la Paz, nos preguntaron si podíamos darles café que “se habían tenido que ir de la cena pronto para coger el metro que cierra pronto”. Les dimos unos cafés, abrazos, chapas y sonrisas… Nos hizo gracia que al final hemos podido servir, aunque sea de refilón, a los invitados del padre Ángel. Comentar que algunos de los que repartimos comida por las calles intentamos en repetidas ocasiones ir a servir en las cenas de Nochebuena de Mensajeros de la Paz, pero tienen excedente de voluntarios, lo cual es muy bueno. Mucha gente deseando compartir siempre un poco de amor.

Seguimos nuestro tour por el Madrid de las compras, llegamos a la calle del Carmen, vemos a un grupo de personas que está preparando un banquete sobre cartones, nos acercamos y vemos que tienen mucha comida, jamón, langostinos, turrón… les ofrecemos caldo y café y uno de los allí reunidos nos dice que él es un hostelero que ha venido de Cantabria exclusivamente para compartir y cenar con la gente que vive en la calle en Madrid… íbamos a continuar nuestro reparto pero nos dice que nos quedemos con ellos y compartamos su cena. Nosotros teníamos la idea de acabar y sacar nuestros sándwiches vegetarianos para cenar todos juntos en la calle, pero algo me dijo que teníamos que quedarnos. Nos situamos alrededor de las cajas de cartón y compartimos un rato muy especial, con la música del “Lukitas” de fondo. Cuatro comensales se van pronto, se les notaba un poco forzados, aceptaron la invitación de Joaquín para brindar pero se marcharon enseguida. La intención cuenta pero no se pueden forzar las situaciones. Nos quedamos Marta C., Marta A. Rafi y yo, con Joaquín el generoso cántabro que vino a Madrid a pasar la Nochebuena, y con José Luis, el Rey de la calle Carmen, el poeta que hace que de Madrid se llegue al cielo. Un hombre divertido, generoso y simpático que comparte su alegría y sus poesías con todo aquel que se pare a escucharle.

En esta ocasión hemos notado que nos han pedido mucha fruta, muchos voluntarios repartimos a lo largo del año pero en Navidad todavía más, tienen comida más o menos elaborada pero poca fruta. Una cosa que he aprendido de ellos es que no acaparan, “para que vamos a aceptar comida que no vamos a poder comer, ¿para que se estropee?” “mejor se la damos a otros” nos dicen en una hermosa tertulia improvisada. “Para hoy ya tenemos, mañana ya vendrá”. Otra lección para aprender.

Un detalle que he percibido es que a nosotros nos da cierta cosa felicitar la Nochebuena o la Navidad, son las personas con las que compartimos la noche las que nos felicitan sin ningún problema, las que nos sonríen y nos dan amor. Los prejuicios y los miedos están con nosotros. Nos agradecen que pasemos con ellos un rato…

Hace unos años, compré un café y un bollo a un hombre que pedía en la calle, era un día muy frío, cuando se lo di, me vi a mi mismo recibiendo el café y el bollo… recuerdo esto y me planteo si en otra vida él fue el que me dio de comer, ¿Y si en otro mundo paralelo ellos son los que nos atienden a nosotros? En este mismo instante, en otro presente, en un mundo paralelo.

De regreso a casa, ya era tarde, Marta A y Rafi se fueron por su lado, Teresoni se marchó antes porque tenía que llegar a cenar a su casa y Marta C y yo fuimos compartiendo parte del camino de vuelta a casa andando, reflexionando. Callejeamos por Gran Vía, Plaza de la Luna, Desengaño, ofrecemos café o caldo a quienes creemos son prostitutas pero no quieren. Nos hacemos la reflexión de las etiquetas ¿y si no lo son? Pero ¿quién está en una esquina una noche fría por muy buena que sea la noche? La desigualdad genera muchas injusticias, que haya personas durmiendo en la calle, que haya mujeres que tengan que alquilar su cuerpo… hay tantas personas a las que podríamos mirar a los ojos, objetivamente y sin emitir juicio, viendo el alma no la carne. para poder entender que hay una historia detrás de cada uno de nosotros.

Todos tenemos una historia que contar, podíamos parar un día a escucharlas…

Caminando, caminando, llegamos hasta la calle Hortaleza, eran las 23:45. Vemos la iglesia de San Antón y nos metemos a saludar, hace dos semanas comenzamos un taller de narrativa del que ya hablaremos en otro artículo. Poco a poco vamos conociendo a voluntarios y a usuarios. Una voluntaria nos reconoce, viene a contarnos que han estado dando cenas pero que ahora se ha quedado helada mientras servía. Le ofrecemos un caldo caliente que todavía nos quedaba, se lo toma muy a gusto. Si nos gusta servir al que no tiene, también nos gusta servir al que sirve…y otra reflexión ¿Quién cuida al que cuida? ¿Quien atiende al que atiende? Que bueno que el Universo nos permita ser vehículos de servicio sin mirar a quién, el caso es estar atento para ver las necesidades y entregarse sin más, sin expectativas ni objetivos ni esperar nada a cambio

Volvemos a casa con otra reflexión, en un hermoso debate… Hay asociaciones que quieren que se consideren Sin Hogar a los que no tienen vivienda. Sin Hogar o Sin techo. Según la RAE, “Hogar” además de casa o domicilio significa el lugar donde se hace lumbre en la cocina, o familia o grupo de personas emparentadas que viven juntas. Según Wikipedia “La palabra hogar se usa para designar a un lugar donde un individuo o grupo de individuos habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma”. Hemos visto a personas que han encendido la hoguera donde cocinan, en un parque bajo el techo estrellado de la bóveda celeste, ese que no pone límites, el que cuando duermes bajo su manto te sientes completamente libre. Estos son los Sin Techo porque el Hogar lo han creado con los compañeros con los que comparten parte de una vida, y nosotros, estoy seguro de ello, siempre seremos bienvenidos si vamos con el corazón y los brazos abiertos. Dando las cosas materiales que podamos para recibir todo lo inmaterial, como el amor, que necesitemos.

Gracias a todos los que hacen posible que las nochesbuenas sean cada vez mejores.

Salimos a compartir entre los ángeles de la calle muchos días al año pero Nochebuena tiene una energía especial. Gracias

 

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