Apreciar lo especial

DESAM. FERRÁNDEZ, Asunción, Paraguay, 13 de noviembre de 2019


Hay días que no tienes nada especial que hacer y sin embargo, al final, todo
es especial. Es como la canción Madre Tierra de Chayanne que dice: ¡oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida!
Pues así ha sido mi mañana
del pasado domingo.
Primero una charla amena con un par de señoras,
después durante el paseo matutino disfrutando de los árboles, las flores, la grandiosidad de las hojas, juego a divisar el cielo, que justo este día tiene un azul magnífico. A través de los árboles hay una luz que me dice: “hoy va a ser un gran día”, y lo es. Sólo con ese pensamiento los pasos ni se sienten además, no sé porqué, todo el mundo que se cruzaba conmigo me saludaba a pesar de que no nos conociéramos. Seguramente era por esa sonrisa que iba iluminando mi rostro al encontrarme con caras en los troncos de los maravillosos árboles que había en ambos lados del camino. Fui hablando con las hojas y con las flores, saludándolas y deseándoles un gran día.

La frondosidad de los árboles que están en las veredas de Asunción me sigue impactando, me parece un espectáculo sublime que hace que alce la mirada hacia el horizonte para ver el toldo infinito de hojas y flores decorado con gráciles mariposas.

Tras este paseo había quedado con Francisco, un señor muy amable, para que me enseñara el librito que ha escrito sobre su vida y su enfermedad, esquizofrenia. Como la prosa del corto libro está escita como una metáfora, hecho por el cual Francisco se enorgullece, me lo va desmenuzando mientras me lo lee para que así yo sea capaz de entender las palabras que había escrito unos años antes. Me explica que las voces que oía procedían “del malvado” y que el ventilador ejercía casi de monstruo, al igual que los molinos para Don Quijote, sin embargo, Francisco quiso ir más allá, quiso llegar al “interruptor” de ese ventilador porque sabía que tenía que tener un dispositivo regulador de intensidad, y después de pasar penalidades, de recibir golpes, él seguía insistiendo, levantándose tras cada caída. Por suerte, a veces fue empujado por esa mano que no se ve, que lo mueve hasta llegar al lugar donde tenía que ir para que por fin descubriese dónde estaba el interruptor de su ventilador, consiguiendo así llevar una vida en calma, llena de fe, amor y gratitud.
Estuvimos hablando súper a gusto durante más de una hora, en la conversación platicamos de amor,
de enfermedad, de Dios, de la mente, del malvado, de los cuerpos, de agradecer, también hablamos sobre el rencor, el perdón, la fe, el Espíritu, todo ello mezclado con versículos de la Biblia.
Nos reímos y disfrutamos de su historia, de su vida, de lo
hermoso que es escuchar y de la cantidad de humanos bondadosos y amorosos que te encuentras en la vida sin esperarlo.
Delante de nosotros hubo un accidente y no
sé quién de los dos nos levantamos más rápido del banco para ir a asistir a los jóvenes accidentados, luego nos dimos cuenta de que eran unos ladrones pero para nosotros eran nada más que dos humanos que se habían caído de la moto al suelo, ellos siguieron con su huida ya que iban perseguidos por otras dos personas. Qué bueno que muchas veces no sepamos la procedencia de la persona porque así ayudamos, libre de juicio, sin plantearnos nada.

Después de este incidente la conversación nos llevó a los juicios, me dice que no hay que emitir juicio nunca.
Francisco habla igual que yo del vivir sin rencor, del vivir perd
onando, del vivir agradeciendo, como él dice, a esa mano que no se ve pero que se siente que está ahí porque si no a veces es imposible que sucedan las cosas tal y como suceden.
Me emocioné muchísimo porque apenas sin conocernos me abrió su corazón y los entresijos de su vida.
Y en justo ese momento cuando dices ya no puede haber nada más sublime, decido prepararme para comer una riquísima quínoa con algas para bendecir mi cuerpo y cuidar de mi templo con mimo.

Con todo lo sucedido ésta esplendida jornada tengo para agradecer durante días.
Y sí, ha sido todo muy especial, porque la vida en sí es especial, si te fijas cada momento es tan especial como… tú y como yo.

Agradezco el poder apreciar la singularidad en cada acto.
GRACIAS

 

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