Aventuras de un ratón de biblioteca llamado Dix: capítulo XVI

Otro cuento de Dix y sus amigos escrito por Desam. Ferrández

Puedes leer a partir del primer capítulo aquí 

Silencio. Me encontraba en silencio. De repente, me di cuenta de que no se escuchaba ningún ruido.

Me dediqué a paladear el silencio al mismo tiempo que a mi cruasán.

Estoy ensimismado pensando en lo a gusto que me encuentro, parece que los coches no existan, y todo ahí afuera se hubiera parado. En realidad, el único que estaba parado era yo, qué precioso sentir y oír el silencio, cuánto tiempo hacía que no lo sentía así con tanta profundidad, integrándose en mi mente.

Me fijo en mis mandíbulas, estas tampoco hacen ruido al masticar el sabroso bocado del tierno cruasán… en ese momento se abre la puerta y gritando entra corriendo Cloe…

 

¡Tenemos qué hacer algo Dix!, tenemos que hacer algo.

Cloe tiene una voz dulce y serena pero, al irrumpir en el templo que se había creado alrededor de mí, como una especie de burbuja en la cual me encontraba yo dentro envolviéndome en el ligero silencio, parecía que una sirena hubiera entrado alarmando todas las células de mi cerebro, que se encontraban en modo meditación.

¿Qué te pasa Cloe, por qué chillas tanto?

No he chillado.

Pues me lo ha parecido. ¿Qué te pasa Cloe?

Pues que tengo una amiga, que tiene una amiga, que conoce a una amiga que tiene cáncer. En resumidas que Melli tiene cáncer, tenemos que hacer algo.

¿Qué podemos hacer?

No lo sé, vive en casa de un humano y el humano también tiene cáncer.

A ver si han comido, o bebido, o inhalado algo, porque los dos juntos es un poco difícil…

Sí, eso pienso yo. En Castellón conozco un grupo de sanadores pero, aquí no conozco a nadie que pueda ir a casa de Melli y le haga una sanación.

Bien no te alteres Cloe, vamos a ver qué podemos hacer y cómo solventarlo, pero deja de gritar.

Que no estoy gritando Dix y además no estoy alterada, solo que me gustaría ayudar y no sé como.

Pues me lo parece cariño, estaba todo tan silencioso…

Los amigos tuyos de Castellón ¿Están en contacto con alguna ratita que también haga sanación en Madrid?

No lo sé.

Pues vamos a empezar por ahí. Yo voy a la biblioteca a ver si los libros conocen a algún sanador que nos pueda ayudar. ¿El grupo de ratones sanadores que conoces lo podrían hacer a distancia?

¿A distancia? Pues tampoco lo sé. Lo que sé es que en Castellón van a la vivienda dónde vive la ratita enferma, le ponen las manitas y, hacen unos mantras y unas oraciones para la sanación.

Yo sé que el reiki y otras terapias se pueden hacer a distancia. Ponte en contacto con el grupo de Castellón y preguntales si conocen algún grupo en Madrid, y si lo pueden hacer a distancia, yo mientras voy investigando a ver si aquí conseguimos a alguien que vaya a dónde vive Melli.

Por cierto, ¿dónde vive exactamente?

Pues no lo sé, porque la información me la dio una amiga, que tiene una amiga, que conoce a una amiga que tiene cáncer.

Qué largo lo haces Cloe, ja, ja. Pregúntale a la amiga, que tiene una amiga, que conoce a una amiga que tiene cáncer para que te diga dónde vive Melli y también que te de el número de móvil, para agilizar preguntas futuras.

Cloe se va dejando a Dix comiéndose el último bocado de cruasán, aunque ahora ya con ruido.
Dix pregunta a sus amigos, los libros, y estos enseguida le dicen la dirección de un ratoncito que se dedica a hacer sanaciones. Su casa está a dos manzanas de la biblioteca y Dix se dirige a la dirección sin perdida de tiempo.

Dix llama a la puerta de Malcon, el ratoncito en cuestión. Al abrir la puerta Dix observa que Malcon es un ratón ya entrado en años, con ojos enormes y claros, una peculiaridad un tanto inusual entre los roedores, y, una sonrisa que se sale del hocico.

¿Usted dirá? Pregunta Malcon a Dix.

Me llamo Dix, soy una ratita bibliotecaria. La razón por la que me presento en su hogar es que tengo una conocida que tiene cáncer y los libros me han hablado de usted. La pregunta es ¿Usted puede ayudar a la ratita enferma?

Yo puedo visitarla, aunque sin conocerla no podría decir si la puedo ayudar, ni si la ayuda que le puedo ofrecer es la que ustedes me piden.

¡Genial! Con que la pueda visitar ya me vale, luego serán ustedes los que digan hasta donde se pueden implicar. Mi pareja está consiguiendo dirección y teléfono, en cuanto lo tenga vengo a por usted y vamos a casa de Melli.

Hecho amigo, espero su visita, contesta Malcon a Dix.

Dix se va a casa para contarle todo a Cloe y poder ir a casa de Melli. Para Dix Melli es una extraña, aunque con todo lo acontecido y viendo lo comprometida que está Cloe, ya tiene ganas de conocerla y poder hacer algo por ella.

Hola querida Cloe, he conocido a Malcon un ratoncito que puede ir a casa de Melli para verla y después si procede hacer una sanación. Tú, ¿qué has averiguado?

Hola amor, ya tengo la dirección y teléfono de Melli. Hablé con el grupo de Castellón y no tiene contacto con nadie de Madrid, aunque si queremos se desplazan hasta aquí para realizar la sanación.

¡Gualaaa! Qué bien. ¿Te dijeron si a distancia hacen algo?

Me dijeron que no es la costumbre, prefieren hacerlo en presencia.

¿Tienen día u horario restringido?

No, parece ser que pueden venir sin inconvenientes.

¡Carambolas! Sale todo redondo. ¿Te parece qué se lo diga a Malcon para que se una a la sesión?

Claro, buenísima idea.

Dix se lo dice a Malcon y este insiste en que le gustaría ir a verla antes de empezar el tratamiento.

A Dix no le parece mal tener un primer contacto con Melli antes de que se desplacen los ratoncitos desde Castellón.

Cloe acuerda una cita con la ratita y van hacia su casa los tres, Malcon, Cloe y Dix.

Melli vive al lado de un palacete que perdió las cortinas, estas se cayeron deshilachadas en un vacío eterno, un palacete olvidado dónde hasta la yedra se murió de hastío, es un edificio viejo y está en declive sin embargo, en su día tuvo esplendor y eso lo revelan sus cenefas y chambranas en la fachada que todavía se mantiene erguida, detrás de estas paredes se cobijan toda una familia de roedores y ahí es donde vive la amiga de Cloe.

En el chalé de al lado, dentro de una jaula se encuentra Melli, ella tiene una familia humana que la alimenta. El chalé tiene un encanto especial y es el calor de la vida dentro de unas paredes dónde habitan los sueños y también las ilusiones, ahora un poco truncadas por la enfermedad.

Nos adentramos en silencio con la ayuda de Lila, la amiga de Cloe, hasta que llegamos a la jaula donde dormita Melli.

Melli, soy Lila, le dice susurrando para no asustar a la ratita, despierta, he venido acompañada de otras ratitas que te pueden ayudar.

Melli abre sus ojos negros y apagados para ver a los visitantes, no entiende muy bien porque hay cuatro pares de ojos mirándola como si fuera un bicho raro. Lila le explica todo y luego presenta a Melli a sus nuevos amigos.

Malcon le pregunta a Melli cómo se encuentra, y con esta empieza una serie de preguntas que Melli va contestando lánguidamente. Los demás permanecen en silencio dejando a Malcon que trabaje sin interrupciones. Al finalizar la batería de consultas le dice que si ella quiere pueden hacerle una sanación, ella contesta, por supuesto que sí. Pues quedaremos con un grupo de roedores que vendrán aquí y entre todos realizaremos la sanación, le informa Malcon.

Yo tengo una pregunta, antes de que nos vayamos, dice Dix.

Pregunta, dice Malcon.

¿Por qué se han enfermado el humano y Melli a la vez?

No sé decirlo con certeza, quizás por empatía, contesta Malcon.

¿Podríamos hacer la misma sanación al humano?

Eso tampoco lo puedo contestar. El hecho de poner las manos no es solo lo que actúa, tiene que haber una implicación por parte del enfermo, no disponemos de varitas mágicas que hagan que todos se sanen, porque si no sabes porque has enfermado o no lo solventas, puedes volver a recaer.

¿En serio?

Sí, el cuerpo enferma para dar un toque de atención a la mente y que ponga remedio a lo que hace, qué es lo que no conviene a su ser interno o bien porque se sale del camino que eligió vivir o bien porque se está maltratando, entonces hay una alarma y la mente ha de detenerse, observar y resolver.

¡Me encanta! Yo pienso igual que tú.

Los roedores se despiden de Melli, hasta que vengan con toda la troupe.

Malcon, ¿si el humano quisiera le podríamos hacer la sanación el mismo día?, pregunta Cloe. Si no he entendido mal, el humano tiene que querer.

Sí a todo, Cloe, se puede hacer el mismo día y se le puede hacer al humano.

Nosotras somos diminutas al lado de un humano ¿Cómo es posible eso? Continua Cloe.

La energía no tiene tamaño, ni límites, contesta Malcon.

Cloe ¿Estás pensando en decírselo al humano? Pregunta Dix

Sí o por lo menos intentarlo. Seguro que Melli sabe como comunicarse con el hombre que la cuida.

Seguro que algo se nos ocurre entre todos.

Todos regresan a sus casas en silencio, sin embargo la cabecita de Cloe no para de pensar en mil y una opción para poder resolver esta situación.

¿Qué piensas Cloe? Pregunta Dix

Pues en todas las posibilidades para hablar con el hombre y convencerlo de que reciba la sanación.

Creo que la única que nos puede ayudar en eso es la propia Melli, ya qué es la que lo conoce. Cuando hables con ella pídele el nombre del humano que la cuida, así cuando hablemos de él, lo haremos por su nombre.

Es que me sabe mal molestarla, la he visto tan débil.

Amor, cuando antes hables con ella, antes saldrás de dudas. Es por un motivo vital, no le importará que la molestes.

Tienes razón.

Cloe llama a Lila y luego a Melli, para ir organizando el plan que haga posible llevar a termino dicha cruzada, hablar con el humano y explicarle lo que van a hacer con Melli y ofrecerle la misma opción. Melli dice que si Jan, así se llama el humano, ve una manada de ratas no atenderá a razones e intentará matarlas a todas. La opción que a ella le parece mejor es:

Primero: ella hablará con Jan y le dirá lo que a ella misma le van a hacer y por supuesto le ofrecerá la misma técnica que ella va a recibir;

Segundo: por la noche cuando él esté dormido decírselo a ser interno y esperar respuesta.

Cloe ve el procedimiento un poco lento e incita a Melli a que sea hoy mismo cuando hable con Jan, para así poder hacer la sanación lo más pronto posible. Melli comprende la prisa de Cloe, sin embargo, le explica que Jan no todos los días se ocupa de ella, ni duerme siempre en casa. Tendrán que confiar en el buen hacer del universo.

Cloe llega a casa un poco taciturna por lo acontecido, es una ratita muy activa y eso de esperar a ver como se desarrolla cualquier acción la desespera un poco.

Solo ha pasado un día y Melli se comunica con Cloe para decirle que Jan está de acuerdo en probar, aunque es sincera con Cloe y le cuenta con todo detalle la opinión de Jan, al cual le parece muy difícil que unos ratones puedan hacer algo por su salud. No confía plenamente, sin embargo también piensa que mal no le pueden hacer.

Dix, acabo de hablar con Melli y Jan está de acuerdo en probar la sanación. Voy a avisar al grupo de Castellón para que me digan que día vienen, y así, poder organizar con Malcon y juntarnos todos. ¡Estoy muy contenta!

¡Carambolas! Qué bueno que Jan quiera probar, aunque antes de que pruebe igual habría que hablar con él ya que la opción de probar no supone que él se implique en su sanación y eso lo dejó muy claro Malcon.

Cierto. No supone una implicación directa, pero sí una oportunidad para que al vernos actuar crea en él y ponga toda la leña para sanarse.

Toda la razón, amor. El universo es inmenso y está de nuestra parte, pongamos nosotros también toda la leña para que nos vea tan ciertos y con tanta seguridad en lo que hacemos, que no tenga dudas de su propia capacidad para equilibrarse de nuevo.

¡Manos a la obra!, expresa Cloe, mientras da saltitos y a la vez bate sus diminutas palmas.

A los dos días se encuentran en la estación Dix, Cloe y Malcon que han ido a esperar al grupo de ratitas de Castellón para ir a casa de Melli.

Cloe saluda efusivamente a sus amigos y hace las presentaciones pertinentes. Todos se abrazan sonrientes, están felices por el propósito de este viaje.

Sin más preámbulos se dirigen a casa de Melli. Una vez allí Lila les está esperando en la puerta para dirigirlos hasta la jaula donde está la enferma.

¿Por qué la ratita está en una jaula? Pregunta un ratoncito.

Los humanos tienen esa costumbre, contesta Lila. Aunque realmente Melli tiene la jaula abierta, entra y sale cuando quiere, su camita está dentro de la jaula. Ahora que está más débil se pasa casi todo el día tumbada y como Jan le sigue poniendo comida, ella realmente no tiene que hacer nada más.

¿Vamos a hacerle sanación también al humano? Pregunta el mismo ratón.

Sí, aclara Lila. Jan estará viendo como le hacemos la sanación a Melli y después le haremos a él a menos que cambie de opinión.

¿Sabe que vamos un montón de roedores? Sigue con las preguntas el ratoncito.

Sí, está avisado y ha dado el consentimiento, lo que ya no tengo tan claro es que después el quiera la sanación, responde Lila. Vamos a dar energía a Melli y luego ya veremos.

Me parece bien, responde el ratón. Solo queríamos aclarar la situación antes de empezar.

Melli sale de la jaulita y se tumba en el sofá que hay en el salón, alrededor se ponen todos los ratoncitos y le dicen a Melli que tiene que pensar que ya está la sanación hecha y visualizarse sana y feliz, solo tiene que hacer eso mientras dure la sanación.

Jan se queda lo suficientemente cerca para no perderse detalle.

Los participantes ponen las manitas sobre Melli y empiezan el protocolo que todos conocen, Malcon, Dix, Cloe y Lila también participan. Pasa el tiempo y siguen todos concentrados en la tarea que tienen entre las manos. Cuando acaban ayudan a Melli a incorporarse despacio. Melli tiene muy buen aspecto, le ha vuelto el brillo a los ojos y el color a las mejillas, aunque se siente un poco mareada, supone que por el chute de energía, se tambalea un poco y empieza a reir, ja, ja. Todos la miran…

¡Guala! No me duele nada, ¡yupiiii! Exclama Melli.

Todos aplauden y lo celebran entre risas y abrazos.

Melli se dirige a Jan, ahora te toca a ti. Jan asiente y se tumba en el mismo sofá.

Malcon le dice a Jan, ya sabes lo que has de hacer, piensa que la sanación ya está hecha y visualízate sano y feliz, solo tienes que hacer eso mientras dure la sanación.

Todas las ratitas repiten la misma actuación con Jan. Él a su vez está expectante, se pregunta cómo sentirá la energía de unas manitas tan pequeñas, aún así confía y se deja hacer, lo que ha visto hacer con Melli le ha gustado. Pasa el tiempo y Jan pierde la noción de las horas, se duerme. Cuando lo despiertan se siente ligero y algo mareado.

¿Cuánto tiempo ha pasado? Pregunta Jan.

Varias horas, contesta Malcon. ¿Cómo te sientes?

Muy bien, muy ligero, contesta Jan. Muchas, muchas gracias.

Gracias a ti, por permitirnos estar en tu casa y ayudarte en lo que está en nuestras manos, nos tenemos que ir, contestan los roedores de Castellón. Las ratitas se despiden de Jan y de Melli.

Dix, Cloe y Malcon acompañan a sus nuevas amigas a la estación. Se despiden con abrazos y buenos deseos . Cloe mantenednos informados de como evolucionan tus amigos.

Eso está hecho, buen viaje.

¡Qué pasada! Nunca había vivido una experiencia similar, dice Dix.

Yo tampoco, dice Cloe.

Yo algo parecida, asevera Malcon, aunque cada sanación es diferente. Muchas gracias amigos seguimos en contacto. Malcon se despide de la pareja.

Ha sido una experiencia brutal, me ha encantado. Aunque ahora estoy agotado, ja, ja.

Sí amor, una experiencia maravillosa que recordaré siempre. Y sí, yo también estoy agotada, vamos a casa a descansar, Dix.

Mientras en el chalé Jan, Melli y Lila charlan de la acontecido esa tarde y de lo que han sentido en sus cuerpos. La semana que viene tengo que ir al oncólogo cuenta Jan y pediré que me repitan la prueba antes de empezar el tratamiento.

Buena idea, le dice Melli.

Después de varios meses Cloe informa a sus amigos de Castellón que Melli se recuperó totalmente y que Jan se libró de la quimio porque el tumor se le había reducido, le hicieron un tratamiento menos agresivo y estaba respondiendo muy bien. Todos os agradecemos enormemente vuestra buena disposición para desplazaros y por supuesto la sanación que hicisteis, hasta Jan sigue hablando de vosotras y me dice que cuando me comunique con vosotras os trasmita su agradecimiento.

El placer es nuestro, le responden, estar en ese servicio nos alienta a seguir ayudando en la medida de nuestras posibilidades, siempre respetando al otro ser y su respuesta.

Cloe y Dix se sienten muy satisfechos de la participación que han tenido en esta ocasión, a la vez que emocionados por la respuesta tan positiva.

Requetefelices, por definirlo en una palabra.

2 comentarios en “Aventuras de un ratón de biblioteca llamado Dix: capítulo XVI

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