Conversando con… José Luis García Alarcón, fue secuestrado por las FARC.

Entrevista realizada en marzo de 2019

José Luis es una persona pacífica, normal, como tú y como yo, tiene una mirada curiosa y una historia que contar. Sabe lo que es estar privado de libertad por algo más de ocho meses pues fue secuestrado por las FARC, la guerrilla colombiana, desde el 18 de febrero hasta el 1 de noviembre de 1999. Ahora hace viente años de eso, lo que aprendió en su “etapa colombiana” le hizo ver la vida de otra forma. Nos cuenta su forma de ver la vida en positivo con humildad, amor y con la esperanza de que nadie pase por su experiencia nunca más.

Tengo en mis manos el cuaderno “diario” que José Luis escribió durante los meses de cautiverio.

Un día me llega un guerrillero y me pregunta “José Luis, ¿qué es lo que escribe ahí? Y le pregunté ¿te ha dicho el comandante que me lo preguntes o qué?. A lo que me respondió que no “solo me pica la curiosidad” pero yo creo que por la noche ellos lo leían.

Has hecho de un diario del secuestro una obra de arte. ¡Vaya dibujos!, es precioso.

Ese es un dibujo de una cabaña en las que vivíamos.

También tiene hojas de árboles de la zona y ¡un bicho palo!.

Sí, guardo algunos recuerdos. Yo era el único que escribía de los tres que estábamos secuestrados. Me ayudó mucho escribir y hacer el diario.

¿Qué hacíais en Colombia?

Trabajábamos para una compañía de telecomunicaciones. Éramos dos españoles y un argelino.

¿Y por qué os secuestraron?

Pues yo creo que por dinero, pidieron por los tres 750 millones de pesetas, ellos argumentaron que colaborábamos con los Paramilitares.

¿Ocho meses tardaron en convencerse de que erais unos trabajadores?

Pues sí. Estábamos trabajando colocando unas antenas de telecomunicaciones en una zona rural, un sitio bastante apartado. Era una vereda, un conjunto de varias casas en medio del campo.

¿Era zona de guerrilla?

En Colombia hay mucha zona de monte y de selva, toda esa zona es zona de guerrilla.

¿Cómo funciona la mente en esos ocho meses de cautiverio?

Al principio te piensas que va a ser cuestión de poco tiempo y que en unos días se va a resolver pero vas viendo como pasan los días, las semanas, los meses y cada vez desesperanza más. En nuestro caso lo teníamos muy claro, trabajábamos para una empresa muy pequeña y por medio de un rescate económico no íbamos a salir de allí. Yo tenía muchas esperanzas del proceso de paz que en aquella época comenzó con la famosa Mesa de negociación que al final no llegó a ninguna parte pero eso me mantuvo con esperanza.

¿Cómo se resolvió al final?

El presidente Pastrana vino a España para recoger el premio Príncipe de Asturias de Humanidades que ese año fue otorgado al Instituto Caro y Cuervo de Colombia. Por medio del embajador de España en Colombia, mi familia y la de mi compañero Marcos, aprovechan la visita para reunirse con Pastrana y este promete intermediar por nosotros. Tanto fue así que a la semana ya nos habían liberado.

Nunca un premio Príncipe de Asturias ha dado tan grato resultado.

Así es.

¿Cómo fue la liberación?

Pues Raúl Reyes, el portavoz de las FARC en ese momento, habló pidiendo pruebas de que nosotros éramos trabajadores de una empresa y que en cuanto las tuvieran nos podrían liberar.

¿Así de fácil? Y la empresa que os mandó allí lo certificó.

No fue la empresa, fueron los sindicatos Comisiones Obreras y UGT, aunque ya habían mandado anteriormente cartas diciendo que estábamos trabajando en Colombia, en esta ocasión dieron unas ruedas de prensa diciendo la información que les pedían, que éramos unos currantes.

¿Cómo se lo toma tu familia?

Pues en principio mal, como un jarro de agua fría, pero al hablar con el embajador este les tranquilizó. “Es la primera vez que reconocen que los tienen, eso es algo importante” les dijo.

Hay que ver los matices en los que se fijan, lo que para tu familia era el final, para el embajador era un nuevo comienzo del proceso de liberación.

Están dando una excusa tonta que nadie se cree y además están poniendo una condición muy fácil de cumplir les dijo y así mi familia quedó más ilusionada.

¿Qué ilusión te mantuvo con vida?

El volver a ver a mi familia. Mi mayor miedo era pensar cómo estarían mis padres que ya eran mayores, ¿cómo se estarán tomando todo esto?, pensaba.

¿Recibías noticias de tu familia?

A través de una emisora de radio colombiana, Radio Caracol, que emitía un programa a las 12 de la noche llamado “Las voces del secuestro”. Nosotros poníamos una alarma para despertarnos y escucharlo, porque la vida en la selva se rige por las horas de luz eso hacía que nos fuéramos a dormir pronto, sobre las 20 horas ya estábamos dormidos. Así que despertábamos, encendíamos la radio y escuchábamos el programa. Mi hermana llamaba a la emisora y emitía su mensaje, mi mujer le mandaba las cartas a una amiga de mi compañero, el argelino, y ella las leía. Mi mujer estaba muy afectada y sabía que si las leía ella podría mostrarme una debilidad que me podría hacer más daño que beneficio. Esto lo supe después. En aquel año había cuatro mil y pico secuestrados por la guerrilla en 70 frentes abiertos por todo el país que entonces contaba con casi 40 millones de habitantes. Nosotros estábamos en el Frente 47. En total conocí a unos 50 guerrilleros.

¿Cómo os llevabais entre los compañeros?

Pues es difícil, hay choques. Fue una parte difícil de llevar. Si ya es difícil una convivencia, imaginate cómo puede ser la relación en un espacio pequeño con personas a las que tu no has elegido como compañeros de piso y con la presión y tensión de un secuestro en un país lejano.

¿Qué es lo primero que hiciste a tu regreso a España?

Yo pensaba que cuando estuviese en libertad iba a disfrutar mucho de todo pero fue todo lo contrario, tenía un bloqueo emocional que no me permitía disfrutar de nada, ni de la comida ni de la cama…

¿A qué miedos te enfrentaste?

En la selva éramos uno más de ellos porque íbamos vestidos igual que ellos, lo único que no llevábamos armas. Teníamos miedo de la guerrilla, del ejercito que pudiese atacar a la guerrilla, de los bichos que nos rodeaban… aunque de eso no fui muy consciente hasta mi liberación. Fíjate que dormíamos en el suelo, sobre una especie de colchones hechos con hojas de helechos y de plataneras. Se secaban las hojas y teníamos que hacer nuevas camas… al parecer en esas hojas secas se crían unas arañas muy pequeñas pero altamente venenosas, menos mal que de eso me enteré hace relativamente poco.

¿Cómo lo vives ahora? ¿has perdonado?

Sí, no tiene ningún sentido no perdonar. En cierta forma yo provoqué que pasará esto. Yo tenía un trabajo en España y cuando me ofrecieron ir a Colombia a trabajar asumí el riesgo, incluso estando allí presentí muchas veces que algo me podía pasar. Estuve cinco años en total allí, los últimos meses secuestrado, pero los años previos fueron un auténtico regalo. Tengo un recuerdo magnífico, el secuestro fue un peaje que tuve que pagar por todo lo que recibí en Colombia.

Durante el secuestro, ¿llegaste a empatizar con los guerrilleros?

Llegas a empatizar cuando te das cuenta de que ellos son igual de víctimas que tú porque una vez que entrás en la guerrilla no puedes salir de ella. Había chavales de 17, 18 años…les miraba y pensaba ¿qué futuro les espera a estos chavalines?

¿Llegaste a coger cariño por alguno de ellos?

Tanto como cariño no, intentaba analizarles sin emitir juicio.

¿Qué consejo darías a un secuestrado como lo fuiste tú?

Que sea optimista, que vea siempre el lado positivo. Cada día decía “no se cómo vamos a salir de esto pero vamos a salir”, “un día menos que nos queda para la liberación”.

¿Qué dirías a los secuestradores?

¿Qué razones te pueden llevar a secuestrar a una persona, a privarles de la libertad? Que es una de las peores cosas que hay, estar privado de libertad y no saber qué va a ser de ti. Y la peor parte es para la familia, la incertidumbre de si estarán bien los secuestrados.

¿Qué consejo darías a las familias de los secuestrados?

Que luchen, que no se rindan, que muevan todos los hilos que puedan, que sean positivos, que piensen que él va a poner todo lo posible para aguantar. El ser humano tiene una capacidad de aguante impresionante. Que no sufran por lo que pueda estar pasando él y que sepan que va a aguantar porque la supervivencia es un instinto del ser humano. El mayor sufrimiento del secuestrado es pensar lo que estarán sufriendo por él.

Viendo todo desde la lejanía, ¿sientes que todo está bien?

Es muy curioso porque yo tenía una sensación rara, como que algo podía pasar. Viendo las cosas desde la distancia puedo apreciar como todo se ha ido preparando a un nivel, ¿cómo decir? Unos meses antes del secuestro, decidimos que era mejor que mi esposa volviese a España. Si hubiese estado en Colombia yo hubiera sufrido mucho más. Otra cosa, lo primero que escribo en mi cuaderno diario, que comencé a escribir en mayo, es que se otorgaba el premio Príncipe de Asturias al Instituto Caro y Cuervo, escrito en la primera hoja del cuaderno… Parece que todo estaba predeterminado… el día del secuestro sucedieron una serie de cosas que nos estaban invitando a no ir a trabajar al punto al que fuimos, pero no supimos ver las señales… Una llamada de la empresa en la que nos dicen que vayamos a otro destino, pero seguimos con el plan inicial pues ya teníamos la camioneta cargada; nos encontramos un árbol caído en el camino, dos horas de espera hasta que lo arreglan; nos faltan unas llaves de un almacén, tenemos que esperar; el coche se avería… algo nos estaba diciendo que no fuésemos a ese lugar…

Si tuvieses la posibilidad de regresar al pasado y encontrarte con el pequeño José Luis de 15 años, ¿qué consejo te darías?

Que estudie, aprovecha el tiempo lo más posible y enriquécete culturalmente lo más posible.

Recomienda un libro que te haya marcado la vida.

Me gustó mucho “La ciudad de la alegría” de Dominique Lapierre, es un libro que te hace pensar y que te puede ayudar a pasar uno de estos trances difíciles de la vida.

¿Y una película?

Me gusta mucho el cine de aventuras y de viajes…déjame que piense… quizás “Hacía rutas salvajes”, una historia de un joven que se gradúa en la universidad y emprende una aventura…

Eres una persona muy especial y positiva.

De todo lo malo se saca algo bueno. Escuché una frase en la radio, cuando estaba secuestrado: incluso la foto más bonita del mundo se sacó de un negativo, eso en la época actual está un poco desfasado…

Eso justo es lo que digo yo en mi libro, en el capítulo Mindfulness con una mirada fotográfica.

Te lo compré en la presentación en Desnivel.

Cierto, además fue en donde nos conocimos. ¿Algo más que decir antes de terminar?

Pues quería dar las gracias a mi familia que en momentos tan difíciles como esos lo sobrellevaron muy bien y además se movieron tanto que consiguieron nuestra liberación. Fueron incansables. Mi hermana mayor, Mari Carmen, estuvo en todos los programas que pudo, se movió tanto… Por ello, GRACIAS, GRACIAS, FAMILIA.

Y nos despedimos con un fuerte abrazo. José Luis es el testimonio de “si tienes un por qué aguantas todos los comos”. Desde Revista Susurro de luz damos las gracias por su testimonio y su luz que seguro ilumina a muchos.

Datos sobre la guerrilla (datos del 2 de agosto de 2018):

El Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) nos da unos datos del conflicto armado colombiano entre 1958 y julio del 2018:

La guerra dejó 80.514 desaparecidos (de los cuales 70.587 aún siguen desaparecidos)

37.094 víctimas de secuestro

15.687 víctimas de violencia sexual

17.804 menores de 18 años reclutados.

Ha dejado 262.197 muertos, 215.005 eran civiles, 46.813 eran combatientes.

Del total de víctimas fatales de esas diez modalidades, 94.754 son atribuidas a los paramilitares, 35.683 a la guerrilla y 9.804 a agentes del Estado.

Fuente: Centro de memoria histórica

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