Crónica de la Media Maratón Internacional de Asunción

JOSE Mª ESCUDERO RAMOS, Asunción, 25 de agosto de 2019

Ya me quedé con ganas hace un año de correr la Media Maratón pero ni estaba preparado ni tenía posibilidades de venir a la hora de comienzo hasta el lugar de la carrera.

Este año he podido entrenar estos dos meses que llevo en Asunción, y el llegar a la zona de la carrera no me resultaba complicado. Lo único era la hora de la salida: las cinco de la madrugada… a mi edad me cuesta más recuperarme del madrugón que de la propia media maratón.

El jueves fui a por la bolsa del corredor, la entregaban en un centro comercial muy fino de la zona elegante de Asunción, el Shopping del Sol, en la tienda de Skechers, la marca de zapatillas que patrocina la prueba. Se recogía el dorsal en un stand situado en el hall y en la tienda te daban la esplendida y generosa bolsa del corredor que incluía jabón de coco, detergente, yerba mate, galletas, una toalla refrescante, un bidón de agua de una maraca de isotónicas, un descuento para una farmacia, por si acaso te hace falta algo después de la carrera, la camiseta oficial que es una chulada y además la bolsa de tela donde venía todo está francamente bien para reutilizarla en otras ocasiones.

La noche del sábado al domingo no pude dormir mucho por aquello de “a ver si me voy a quedar dormido”, me despierto dos veces, a la segunda decido levantarme y prepararme para ir hacia la largada (salida).

Llego a las cuatro de la mañana, una hora antes de la hora, esperando ver el ambiente previo pero todavía estaban terminando de preparar todo. Veo a algunos corredores, hablo con unos y con otros. Transmito mi inquietud y pregunto una duda ¿esta carrera es muy profesional o corren tortugas como yo? porque no es tan popular como la de Madrid, no llegábamos a ser 700 corredores para la media, corríamos a la vez que la maratón, ellos tampoco eran muchos más, y a última hora me entró cierto agobio que pude controlar… el típico miedo escénico nada más.

Me doy una vuelta por la zona de la Costanera y me sorprende ver una especie de Feria del Corredor, me acerco y pregunto, ¿está preparado para todos los corredores?, una vez acabada la prueba, podré pasar a por más bebida y obsequios… yerba mate, jaboncitos, cereales, yogures, fruta…

Veo, mientras espero la hora de salida, que los clubes llevan su toldo y montan un espacio en las proximidades de la meta. El suelo es libre, puede montar quien quiera. Me encanta ver cómo preparan las cosas para el «post» de la carrera.

Se me pasa la hora muy rápido hablando con unos y con otros, resulta que la media es el trofeo latinoamericano y vienen corredores de otros países. Me encanta observar y hoy todo es nuevo para mí. Disfruto viendo, escuchando, sintiendo.

Se acerca la hora de salida y me preparo yendo a la recta detrás del arco. A las cinco en punto la organización nos dice que se retrasa unos minutos, al final salimos diez minutos tarde, tras cantar el himno nacional de El Paraguay y de unos fuegos artificiales.

Salimos y la primera sorpresa es que todos corren en silencio, ni una voz. Claro, a las cinco de la mañana ¿quién tiene ganas de hablar?. Los primeros once kilómetros son una recta interminable por la Costanera, vía paralela al río Paraguay, con un viento en contra tremendo los primeros siete, luego se nos puso a favor por los siguientes tres.

En el Kilómetro once comienza la subida por General Santos, ya la había entrenado varios días y no se me hizo muy dura, resulta más entretenida que la desmotivadora recta anterior, allí adelanto y animo a varias personas que iban ya caminando.

Destacar lo hermoso que fue el ver amanecer justo antes de dejar la Costanera. El sol naranja asomando entre los pocos rascacielos que se divisan desde ese punto…precioso.

Rompí el protocolo del silencio animando a unos y a otros, unos sonreían, otras me respondían “fuerza”… Me encontré con un indígena corredor que portaba una bandera de Veteranos de la Guerra del Chaco, subimos juntos los tres kilómetros de cuesta hasta llegar a la Avda. del Mariscal López, lugar donde se separan la media y la maratón, unos siguen subiendo, nosotros giramos a la derecha para bajar casi otros tres kilómetros más cruzando el centro histórico de la ciudad, lo que fue el recorrido más hermoso de la carrera.

Llegamos de nuevo a la Costanera, una mujer que se puso a mi lado me preguntó antes de enfilar la última recta, estábamos a punto de pasar por el lugar de la salida pero todavía no se veía el arco, si ya estábamos llegando a la meta y le dije que todavía quedaban unos cuatro kilómetros, se desmoralizó, pinchó, se quedó atrás.

Yo seguí disfrutando de los últimos kilómetros en esa tediosa recta, cuando hice el giro para enganchar la recta final hacia meta, quedarían dos kilómetros, disfrutaba de mi carrera, no hice un buen tiempo, pero pude disfrutar aprendiendo nuevas costumbres.

Durante el recorrido animé al poco público que había para que animaran, les chocaba los cinco, sonreía, hablaba… me encanta animar… todo ello rodeado de un silencio roto solamente por el sonido de las pisadas, las respiraciones y mis palabras.

La llegada a meta fue espectacular, metí el turbo para el sprint final, espero que tengamos vídeo o fotos para poder compartir.

Me pusieron la medalla de finisher al cuello y me dieron un plátano, bebidas, galletas… cuando estaba haciendo una foto de la medalla y mi dorsal para subir a redes sociales, me viene un niño de un asentamiento cercano para pedirme el agua, le di todo lo que nos habían dado, excepto la banana que me la había comido ya.

Me puse triste al ver a más niños pidiendo. Es el precio de la desigualdad que sufre este país, es un tema peliagudo que no quiero tratar en este artículo porque tiene miga y ahora es el momento de disfrutar del buen sabor de boca de una Media Maratón diferente para mí.

Me ha gustado el avituallamiento, agua cada dos kilómetros más o menos, nada de sólidos ni geles, solamente agua. Hacía mucho calor, humedad y viento y hay que prevenir las deshidrataciones.

He meditado mucho, dos horas dan juego para ello. No tenemos nada en contra excepto el viento y en un giro podemos ponerlo a nuestro favor. La vida es eso: bailar con el viento y las olas y dejar que te lleve, no al mejor puerto sino al que te corresponda en cada momento para el correcto aprendizaje. Los mapas de los tesoros de los piratas los hacía uno que había pasado por la experiencia previa de conseguir su propio tesoro. Que no nos cuentes aventuras, vivámoslas.

Hoy he corrido por mi gran amigo Luis que está lesionado del talón, espero que te recuperes pronto para poder correr juntos en cuanto regrese a Madrid; por mi querida hija María, a quien amo con toda la fuerza que se puede amar y por Desam, la mujer, hada niña en cuerpo de adulta, que me acompaña y apoya en toda esta loca aventura llamada vida. Nuestro reencuentro tras la carrera fue de película. Amor, emoción y admiración. Desam tiene palabras mágicas para cada situación y la de hoy bien valía un abrazo de cine. Te amo, gracias. Os amo, gracias a los tres por hacer mi vida especial.

Ah, sí, corrí descalzo, ahora también soy un pies negros en Paraguay, me encantó el asfalto de Asunción.

Gracias a la organización y voluntarios por hacernos disfrutar tanto de la vida.

Gracias.

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