¿Cuántas veces hemos de rendirnos a lo evidente para ver más allá de la evidencia?

No queremos ver. Nos hacemos los ciegos hasta ir perdiendo visión. Estrechamos nuestra vista. Cerramos la mira….quizás hasta el día en el que levantando la cabeza oteas el horizonte y ves todo lo que te queda por observar.  A poco que seamos curiosos, con la capacidad de sorpresa de un niño, descubriremos un mundo lleno de mágicas fantasías y aventuras.

No hemos de malcriar al niño interior porque se hace vago, y nos boicotea, alimenta su espíritu crítico y observador, su capacidad de preguntar y de amar, de vivir el aquí y el ahora.

Alimenta la curiosidad de tu niño interior. Ámale, ámate.

Obsérvate y hazte preguntas, ten una cita contigo mismo y escucha lo que te tienes que decir.

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