Cuéntame otra vez esa historia

Cuento de Jose Escudero. Publicado en Buscadores de ángeles el 2 del 10 de 2016

-Cuéntame otra vez esa historia del camino de peregrinos, abuelita, esa en la que os encontrasteis a un ángel.

-Ángeles hay en todos lados, querida, en el camino estas más predispuesto a sentirlos, pero hay que verlos con los…

-Sí, lo sé…con los ojos del corazón.

-Íbamos tu abuelo y yo hacia la estación, pensábamos que ese sería el fin de nuestro camino. Yo cojeaba, me dolía mucho la rodilla, llovía copiosamente pero no nos importaba mojarnos, estábamos tan metidos en nuestros pensamientos que no nos importaba cargar nuestras mochilas sobre el asfalto lleno de charcos y el diluvio sobre nuestras cabezas, de pronto, una señora pasa a nuestro lado y nos pregunta en portugués si queremos cobijo. Tu abuelo y yo nos miramos incrédulos y decimos que vamos a la estación, nos vuelve a decir ¿queréis cobijaros bajo mi paraguas? Por la lluvia… nos pareció tan hermoso… esa enjuta mujer ofreciéndonos cobijo cuando nuestras almas se tambaleaban. Nos cobijó. Eso le dijimos…Gracias, ya nos has dado cobijo por tu ofrecimiento…Nos volvimos a mirar y cuando volvemos los ojos al frente, ya no estaba, como buen ángel, había desaparecido. Tu abuelo y yo lloramos de gratitud y emoción.

-Debió de ser tan bonito.

-Sí que lo fue. Lo mejor fue la paz que nos dejó, ya no dábamos importancia a la lesión o el posible abandono. Cuando uno hace el camino sabe que a lo que se enfrenta no le puede poner expectativas. Es incluso como una metáfora de la vida…te llenas una mochila, que se hace pesada y mucho, de porsis y esques. Tienes que ver las señales o te pierdes, pero si te pierdes, como en la vida, te encuentras ¡y qué gusto da perderse para encontrarse de nuevo!

Te planteas pequeñas metas que hacen que te motives más. Si te da un bajón siempre hay alguien que te da su apoyo…encuentras muchos ángeles, pero recuerda, es la actitud lo que importa. Recuerda siempre que tú puedes ser un ángel para alguien en un momento determinado de la vida. Haz la acción buena y no desaproveches la oportunidad de ayudar.

-También es bueno  dejarse ayudar.

-Es esencial dejarse ser ayudado, cariño, porque así haces que los demás consigan sus puntos para conseguir sus alas.

-Es como si todos tuviésemos un carnet en el cual se van poniendo sellos según haces determinadas acciones, como la credencial de peregrino. Por cierto, me encanta verla, es como un pasaporte lleno de sellos.

-Antes, hace unos cientos de años, se viajaba así. Se daban credenciales para poder ir seguro por las vías. Dependiendo quien gobernase en que región podrías tener problemas. La Credencial te reconocía como hombre de bien y así te abrían puertas de ciudades amuralladas. Se hacían largos viajes caminando. Imagínate que de aventuras se habrán vivido, caminando sin tanta comodidad como ahora pero mucho más natural. Seguían su instinto y llegaban a su destino ¿destino? ¡Qué bonita palabra! Destino, ¿cuál será nuestro destino? ¿Nuestro fin del camino?

-Abuela, que te me pones trágica.

-No es trágico. Es otra metáfora del camino. Mi destino es tal pueblo en este tramo pero en el ámbito espiritual o en la vida ¿qué destino me espera?

-¡Expectativas!

-Así es.

-Otro asunto a tener en cuenta, no importa tanto el destino como el disfrutar el camino. Da igual quién lo haya hecho antes, cada uno vive su propio camino,  va hacia su propio destino…

-con sus propios zapatos.

-¡qué importante es saber viajar con el calzado adecuado¡

-O descalzo, el abuelo hacia muchos tramos descalzo, decía que así era más consciente de su alma, de donde acaba el cuerpo físico y donde empieza el aura, el cuerpo espiritual y la tierra.

– Es verdad que hay una conexión con la tierra, la verdadera unión. Todos somos lo mismo.

– Yo nunca pude ir descalza como él, pero solo por ver su cara de entre éxtasis y felicidad, valía la pena salir a correr o caminar con él, en las carreras o entrenando, todo el mundo le decía cosas, lo más gracioso fue en un pueblo, un señor mayor le gritó, ¡Qué has perdido las zapatillas, gilipollas! No nos hemos reído casi nada de esa anécdota.

-Claro, hay mentalidades que no conciben vivir descalzo.

– Es una cosa que siempre hablamos, cómo para algunas culturas es lo más normal, incluso antropológicamente, el hombre ha nacido para vivir descalzo pero la sociedad del bienestar va anulando el espíritu a fuerza de crear la sociedad del bienestar, pero eso nos convierte en seres blanditos, el umbral del dolor varía. Nunca vi quejarse a tu abuelo de los pies, otras personas con zapatillas o zapatos muy caros, renegaban de su existencia.

-Pero ahí entra el origen emocional de la enfermedad y el dolor, ¿no?

-Indudablemente. Ahí empieza el debate, ¿consumo es igual a felicidad?

¿Menos es más? ¿El poseer te aleja de tu esencia? ¿El “matar el tiempo” puede resultar absurdo si te aleja del aquí y ahora?

-Antes la gente salía con una silla a las puertas de sus casas “a la fresca”

-Y así se pasaban meditando horas y horas. A la fresca.

-Ahora nos pasamos todo el tiempo chateando sin mirar a los ojos de las personas o encerrados en casas, algunos solo salen de casa para cazar Pokemons…

– No creo que sea  tan grave. Es verdad que todo el sistema de ocio está cambiando…nosotros hacíamos cabañas en los árboles, era raro el fin de semana que no viviéramos una aventura, aunque fuera ir a comprar chuches a la casa de “la bruja”.

-jajaja, ¿de verdad era bruja?

-Pobrecita, era un pedazo de pan pero no era muy agradecida físicamente y ya sabes que a veces los niños son muy crueles, y en los mentideros de la villa se cuentan las “historias” antes de que sucedan…

– A mi me encanta ir a la casa del pueblo en verano por eso, creo que allí conectamos más con nuestro ser interior. Sales a pasear por el monte y estás como aislado, metida en mi Mundo. Me encanta. Hasta veo duendes si observo con los ojos…

-Que no ven, jajaja. Me encantan esos paseos contigo. Tienes un don para VER.

– Me siento muy afortunada cuando paseamos por esos bosques…cuando nos rodean los árboles  la luz, el sol pasa entre sus ramas iluminando, por partes, el camino. Creo que voy en un túnel de lavado energético, como el de los coches, según paso me limpian, me dan espuma, cera…salgo limpia de cargas y renovada de energías.

-Que sencilla es la vida allí. Cuanto menos tienes, menos necesitas. Como nos complicamos tanto la existencia

– Realmente es así, nos complicamos por nuestros miedos. Fácil es vivir así cuando confías y vives sin prisa y sin expectativas. En el pueblo hay otra energía, no hay presión, ni noticas ni estímulos negativos. Vuelves a la rutina de la ciudad, se vive muy rápido y muy caro. No da tiempo a hacer nada pero te matas a trabajar para poder pagar, el derecho a vivir…En mi generación eso está cambiando. No todos podemos trabajar, así que hemos de sentir que vivimos para vivir, no damos valor al dinero pero si a los actos, el trabajo es un medio para conseguir cosas que disfrutar, no nos vamos a esclavizar para conseguirlas, no somos vagos, porque en todo el día no paramos de hacer cosas, algunas darán dinero otras aportan felicidad, amor y sobre todo nos hace ser coherentes.

– La coherencia es una de las formas de vivir en equilibrio, que tu forma de hablar sea el reflejo de tu pensamiento y tus actos el ejemplo vivo de amor.

-Ama y haz lo que quieras…nunca harás mal a nadie, al menos conscientemente

-Así es. Hay algo importante en la frase de San Agustín. Libre albedrio, libre elección. Si amas no querrás hacer daño pero eso no quiere decir que a veces el daño sea inevitable. Todo ser iluminado produce sombras. A veces, sin saber por qué, actuamos creyendo que hacemos lo mejor y herimos, causamos sufrimiento.

-La luz a veces ciega. Hay tantas teorías sobre el amor.

-Pero de lo que estamos hablando es del amor tan grande, ese que no pone condiciones. Ama y haz lo que quieras y nunca dañarás a la naturaleza, sin embargo nuestras pisadas pueden pudrir el césped, que a su vez se convierte en compost y da vida…

-Ama y haz lo que quieras es saber que todos somos lo mismo y que no puedes odiar porque entonces te odiarías a ti. Hemos de amarnos más, empezando por nosotros mismos.

-Pues yo me voy a amar y me voy a dormir, estoy cansada, si quieres mañana madrugamos y salimos a caminar y seguimos charlando.

– Vale, ¿caminamos descalzos?

– Ummm. Ya veremos como amanece…

-jajaja, vale abuela, dejemos que las cosas pasen.

-Dejemos que el universo decida… y a ver cuántas cosas acontecen en el día  para que podamos conseguir puntos para ese carnet de “alas de ángeles”

-A ver cuantas situaciones tenemos para ayudar a lo largo del día. Para eso tendremos que estar “bien despiertos”.

-Pues ahora a dormir, sueña bonito para tener un bello día,. te amo,

– Te amo, abuela, nanit.

1 comentario en “Cuéntame otra vez esa historia

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