Diario de un ratón de biblioteca llamado Dix, III parte

Un nuevo cuento compartido por Desam. Ferrández

Puedes leer la primera parte aquí  y la segunda aquí

Al día siguiente salí a pasear temprano y sin una meta en la mente, disfrutaba de la ciudad vacía, aunque en el fondo extrañaba el ruido de los estresados humanos, el silencio llamaba mi atención creo que por falta de costumbre ya que ni siquiera en mi guarida disfrutaba de este silencio extremo, recorría despacio los parques escuchando los preciosos cantos de los pájaros que antes quedaban ocultos por las bocinas y los motores que ininterrumpidamente recorrían la ciudad. Era un placer divisar el azul del cielo, libre de aviones y de esos chemtrails que los humanos se empeñaban en desparramar. Estaba siempre atento a cualquier cosa que pudiera ser novedosa para mí o para mis amigos.

A las 12 en punto estaba en la puerta de la biblioteca, fue enormemente conmovedor ver aparecer a tantas compañeras roedoras dispuestas a animar a mis amigos de versos y prosa.

¡Hola Tom! Saludé efusivo a mi amigo, que bueno que viniste tan bien acompañado.

Los libros, al ver entrar tantas ratitas a la biblioteca, del susto se les saltó alguna grapa o hilo, ya que pensaron que venían a roer el papel sin contemplación pues estaban famélicas, suponían que al no haber humanos por las calles tampoco habrían desperdicios con los que alimentarse. Al verme entrar tras la trupe de ratoncitos, respiraron tranquilos.

¡Hola queridos amigos! Os presento a estos ratoncitos, son buenos amigos, han venido a escuchar vuestras historias ¿Alguno de vosotros quiere leer su contenido para un público tan numeroso y tan particular?

Se oyó un sonoro suspiro de alivio en todas las estanterías y luego alguna risita nerviosa… ¿tiene que ser historias de ratas? Pregunto el más atrevido.

¡No! Nosotras ya vivimos todos los días historias de ratas, ja, ja.

¿Y qué tema os gustaría? Volvió a preguntar el mismo volumen.

A mí me apasionan los libros donde hay aventuras y se viaja por le mundo. Creo que es un tema entretenido para todas ya que sería difícil ponernos de acuerdo porque cada una tendrá un gusto particular.

Yo puedo leeros mi interior, dijo una voz suave, además en la sala naranja de lectura hay un mapa del mundo en la pared y podemos ver en que lugar nos encontramos en cada momento… seguidme, dijo el libro en cuestión mientras comenzó a cruzar el recinto dirección a la sala del fondo.

Las ratitas hicieron caso al libro del cual había salido la voz y lo siguieron mientras movían sus bigotillos apreciando una fragancia distinta y novedosa ya que era la primera vez que entraban a una biblioteca. Los roedores iban susurrándose los unos a los otros que nunca habían oído hablar a un libro. Llegaron a la sala y el libro se subió a un atril para poder comenzar la narración de sus palabras: escuchar bien pequeñas, soy un clásico de la literatura, me dio vida un escritor francés llamado Julio Verne en 1872, me llamo “La vuelta al mundo en 80 días” y la aventura comienza en Londres. Dix ¿puedes señalar donde está Londres a nuestros amigos?

Me pidió el ejemplar ya que sabía que habíamos hecho el recorrido varias veces mientras me deleitaba con su lectura. Mientras mostraba en el mapa la localización de la ciudad, el libro empezó a relatar sus aventuras, las ratitas escuchaban atentas y en un silencio absoluto, algunos libros también se acercaron a escuchar, a pesar de saberse el contenido de memoria. Y así seguimos durante horas, los ratones y los libros detenidos en un tiempo pasado, disfrutando de las aventuras mientras recorríamos el mapa junto a los personajes principales de la novela, al acabar todas las ratitas comenzaron a aplaudir emocionadas:

¡qué bien nos lo hemos pasado! Decían todas, había sido una muy buena experiencia que todos querían repetir. ¿Podemos volver otro día?, preguntaban varios ratoncitos, claro que sí, decían los libros con una sonrisa en los lomos, al empezar tenían dudas, pero después se divirtieron tanto como sus nuevas amigas de hocico y bigotes, se despidieron todas y me quedé con mis amigos de papel.

¿Os ha gustado la experiencia?

Sí, contestaron la mayoría, la verdad es que hemos olvidado por un tiempo nuestra situación o sea la falta de lectores ávidos de nuestras palabras.

Bien esa era la intención entretenernos y evadirnos un poco, nos vemos mañana. Mientras salía de la biblioteca les iba aplaudiendo por su tolerancia y su calma en esta situación tan extraña para todos.

Y así fueron pasando los días en dicha cuarentena.

De vez en cuando me asomaba al hospital y de a poco fueron disminuyendo las ambulancias en la puerta de urgencias, cosa que yo creía que era buen síntoma, aunque si escuchaba los noticiarios me aturdían con noticias muy negativas y consejos muy incoherentes. Esto desde luego no se lo cuento a mis amigos de tinta negra, me parecía que no era relevante para sus vidas.

En mis paseos iba a ver a mis amigos, aunque Flop todavía no me dejaba entrar en su casa, siempre se alegraba de verme, o eso indicaban sus bigotes; las demás familias de ratas salían cuando necesitaban suministrarse de alimento, ya sabían que el virus no era contagioso para nosotros, aún así yo les veía con algo más que precaución.

En el aire se notaba la tensión, esto era muy extraño porque la ciudad estaba más tranquila, incluso se respiraba mejor y sin embargo había algo denso que cubría la ciudad, yo creo que es el “miedo”. Miedo a muchas cosas, la más importante son las noticias de la cantidad de muertos que habían por el dichoso virus. Otra la incertidumbre de qué va a pasar, pues al ser la primera vez que vivíamos una situación así no sabíamos como podía acabar, también sé que las ratas nos las apañaríamos perfectamente sin los humanos, pero también es verdad que en la ciudad comemos de los desperdicios de ellos y hasta nos hemos acostumbrado a los humos de los coches y los pitidos de las bocinas. Mi abuelo cuando contaba sus batallitas me explicaba que en sus días jóvenes iban al monte a por almendras, las cogían directamente de los árboles y disfrutaban muchísimo en sus excursiones, de vuelta a casa llegaban muy cansados porque traían almendras para toda la familia, también recolectaban gran variedad de frutas según la temporada. Yo eso no lo he conocido porque ahora la ciudad se ha hecho muy grande y el monte está demasiado lejos y también porque he nacido en la ciudad por lo que soy una rata muy urbanita ja, ja.

Pasaron los cuarenta días y empezaron a salir humanos a la calle no solo para comprar alimento si no para pasear, eso sí, en franjas horarias diferenciadas por las edades y con una protección inusual, la mascarilla, que para algunos parecía que fuera una segunda piel.

Tom y yo nos veíamos con regularidad, nos poníamos en un lugar apropiado para poder observar todo lo que sucedía a nuestro alrededor, a mí me encantaba mirar la expresión de los humanos y a veces hasta contaba los que iban con mascarilla y los que no, Tom aprendió a ver detrás del tapabocas e incluso apreciaba en su forma de caminar cual era el humor del humano, para eso nos poníamos cerca de una tienda de alimentación y los analizábamos, a muchos ya los conocíamos, ya que eran del barrio.

Ya era hora de contarles más novedades a los libros.

Chicos traigo noticias nuevas, en la ciudad se respira aire fresco, algo que hace años no sucedía, las flores han llenado los jardines y la primavera está decorando la ciudad con su habitual festival de colores y olores. Los humanos ya pasean por la calle y ahora se percatan de la belleza que les rodea, aunque hay una gran diferencia con respecto a hace unas semanas, la mayoría lleva una especie de bozal al que llaman mascarilla…

¿Para qué sirve esa mascarilla?, ¿cuando abrirán la biblioteca? Preguntaron varios tomos a la vez.

La mascarilla la llevan para prevenir contagios. Pues no sabría deciros cuando abrirán, porque igual dicen un día que se acaba el estado de alerta en una semana como que al día siguiente dicen que lo alargan dos semanas más, lo bueno es que ya están saliendo a la calle.

Dix, ¿ya se pueden vender periódicos y libros? preguntaban nerviosos los libros.

Pues la verdad es que sí, periódicos no han dejado de venderse y las librerías venden por encargo, pero insisto, lo bueno es que ya están saliendo las personitas a la calle, por lo menos ya se va viendo cambios, no tienen que quedarse enclaustrados en sus hogares.

¿Y qué ha sido del virus ese?

Hay noticias de todo tipo respecto a él, hasta que puede mutar, debe ser un bicho muy listo para haber parado a todo el mundo, mis contactos de las cloacas dicen que no han visto ningún indicio de él ni arriba ni abajo de la ciudad, aunque los humanos insisten en su poder y han habido muchos muertos con este virus. Una cosa buena es que ahora hay humanos que se han sensibilizado mucho con el planeta y con sus compañeros de especie. También llevan toda la cuarentena saliendo a las ocho de la noche al balcón para aplaudir a los sanitarios, el gremio que está cuidando de sus enfermos por el bien de la población.

Si los hombres ya empiezan a hacer lo que hacían antes de la pandemia ¿Cómo nos repercute eso a nosotros?

Seguramente os limpiaran pronto para que vuestra sabiduría enriquezca a toda la población, hay un eslogan que habla muy bien de vuestras letras, “la lectura perjudica seriamente la ignorancia”, me encanta.

Sí, ¡es muy bonito!, cuéntanos más cosas por favor, Dix, ¿qué pasa con ese bozal o mascarilla?

Pues ahora a la mayoría de los humanos no se les ven las sonrisas porque están detrás de las mascarillas, ¡carambolas, eso da penita! Me gusta ver como sonríen o incluso como gritan cuando nos ven a alguno de nosotros. Aunque hay gente que no la lleva, según he oído, algunos puede ser por cuestión de salud y otros que no quieren llevarla porque es incomoda y lo hacen solamente cuando están obligados, pues de no llevarla se arriesgan a una multa por incumplimiento de la ley.

Tom y yo continuamos viéndonos con asiduidad, nuestra amistad cada vez era más fuerte y teníamos los gustos muy parecidos, los dos somos muy observadores.

Conforme pasaban más días llegaban cambios de lo que denominan fases de desescalada, es decir, el rato que se permite que las personas podían estar al aire libre, empezaron a abrir más tiendas y bares. Ahora para entrar en los locales se tenían que poner la mascarilla, esto nos llamó la atención porque en plena cuarentena entraban a las tiendas de alimentación sin mascarilla, lo que si era obligado eran los guantes y ahora que ya han pasado varios meses tienen que entrar con mascarilla en cualquier recinto, ¡esto es de locos!, ¡no entendíamos nada!

Por ejemplo: entran a una pastelería y para pedir en la barra un desayuno se ponen la mascarilla y para comérselo dentro del local sentados en una mesita se la pueden quitar y no llevarla durante todo el rato que permanezcan sentados, luego se la vuelven a poner para salir del local ¡increíble!. En las terrazas no es necesario utilizar la mascarilla si estas sentado tomando un refresco, sin embargo, los que pasean si la llevan. Las noticias dicen que si no puedes mantener una distancia de dos metros con otra persona aunque sea en medio de la calle te debes de poner la mascarilla y en los transportes públicos ahora también es obligatorio. Al principio de la cuarentena bajábamos al metro y los vagones iban medio vacíos y la mayoría sin mascarilla, luego pusieron unos adhesivos en el suelo y en los asientos para que la gente respetara las distancias y ahora conforme avanza el tiempo y como ya hay más personitas que trabajan, el metro en hora punta va lleno, pero eso sí, obligatoriamente todos con mascarilla y si se te olvida no te dejan entrar.

En las noticias dicen que entre otras cosas y para continuar con la apertura de más negocios están intentando llegar a un acuerdoen el que controlando la capacidad de aforo de los locales estos puedan abrir o no. Yo no entiendo mucho y supongo que al tener mente de ratón el tamaño estará relacionado con la capacidad de entendimiento, aunque si me pongo a pensar en algunas noticias que salen en los periódicos creo que los humanos están errados en muchas decisiones y son más que incoherentes, y ya si veo la televisión donde los que mandan y nos tienen que sacar de esta situación, se pelean a todas horas en público, se me ponen todos los pelillos de punta, pero quiero creer que la raza humana sabe lo que hace y lo tiene todo controlado.

CONTINUARÁ…

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