Diario de un ratón de biblioteca llamado Dix, V parte

Un nuevo cuento compartido por Desam. Ferrández

Puedes leer la primera parte aquí  la segunda aquí, tercera aquí, y la cuarta aquí.

 

En dos días Tom nos organizó una excursión muy interesante a la que no nos pudimos negar, los pequeños libros estaban emocionadísimos y los tomos grandes ponían caritas tiernas al saber que nos íbamos de excursión con los más pequeños.

Tom nos explicó la ruta que podíamos hacer, hasta había investigado sobre la hora y día de menos afluencia en el tren y así cogerlo sin ser vistos, los roedores llevarían una mochila y dentro de cada una pondrían un libro pequeño, en total seríamos 22 ratoncitos contándome a mí. El 22 es un número maestro, metódico y práctico. La excursión saldría bien, aunque es cierto que teníamos mucha responsabilidad, no es lo mismo ir Tom y yo solos, que llevar una trupe de ratitas cargadas de una trupe de libros, todo esto me lo digo a mi mismo que no se me ha olvidado que la principal razón de la salida es investigar como viven los humanos en otros espacios más alejados de donde vivimos.

Llegado el día en cuestión nos reunimos en la puerta de la biblioteca, todavía no ha amanecido. Hacemos las presentaciones pertinentes entre los libros y los ratoncitos, que desde este mismo momento harán de transporte literario, estoy emocionado hasta la lágrima, si no fuera por estas ganas de investigar para contar cosas de primera pata a mis colegas laborales, no haríamos este encuentro y, tanto los libros como las ratas, no se hubieran conocido nunca ni tampoco los libros hubieran tenido la posibilidad de viajar de esta manera; Los libros de biblioteca viajan cuando los humanos se los llevan a sus casas para aprender con ellos o divertirse con sus narraciones, sin embargo no los llevan de paseo para que los libros tengan la posibilidad de ver la calle, la gente o el entorno, como mucho los llevan en la mano hojas hacia abajo cuando se trasladan de un lado a otro, aunque lo más común es llevarlos dentro del bolso.

¡Bien! Una vez hechas las presentaciones y pasado este momento de reflexión, les digo a mis congéneres que es primordial que se fijen en lo que les rodea y en cómo se comportan los humanos, si llevan mascarilla o lo que sea que les llame la atención, que la finalidad de la expedición es recavar información nueva y veráz para contar a los residentes de la biblioteca. Como todos están de acuerdo a explorar y estar ojo avizor, empieza nuestra aventura.

Nos dirigimos al tren que nos lleva a unos pueblos de la sierra más próxima, el tren es mucho más seguro para pasar desapercibidas que el metro, asaltamos el último vagón acomodándonos al final del todo donde no hay ningún pasajero, Tom nos dice que a esta hora el tren va casi vacío todos los días, por lo que vamos muy relajadas y nos liberamos del peso de la mochila dejándola en el suelo de manera que los libros también pueden salir y contemplar o pasear por el vagón. Llegamos a la estación prevista y salimos en silencio. Tom lleva la organización de la expedición hasta el mínimo detalle, nos agrupa y nos dice hacia donde nos dirigimos pero que si alguien se pierde que regrese a la estación ya que en dos horas nos reuniremos todas aquí para dirigirnos al pueblo siguiente.

Comenzamos a caminar hasta que nos encontramos en un gran parque donde la gente esta corriendo y paseando. Tom con presteza nos busca un sitio donde observar mejor, allí descansamos de las mochilas y los libros salen en desorden hacia el césped para tocarlo con sus lomos y sentir su peculiar olor por primera vez.

Dix, mira ese humano, corriendo a toda velocidad y con la mascarilla puesta ¿no se ahogará con eso tapando la libre entrada y salida de aire por la nariz?

¡Verdaderamente que parece incómodo! Le contesto

¡Mira ese par de jóvenes caminando ligeros y ninguno con mascarilla!

Es que si conviven no tienen porque llevar la mascarilla y menos si no hay nadie a su alrededor.

Yo te digo amigo que no entiendo nada, no sé cuando es obligado y cuando no, y más te digo si no es obligado ¿¡por qué se la ponen!?

Además de la multa que ponen si no la llevas y estás en un sitio donde obligatoriamente la tienes que llevar y el miedo que tiene la gente a contagiarse, hace que muchos la utilicen en exceso.

¡Mira, mira esa muchacha va sola en el coche y lleva la mascarilla puesta!

A lo mejor se le ha olvidado quitársela.

Pero ¿cómo puede uno olvidar quitarse algo que te impide respirar bien?

Ja, ja, Tom no sabemos lo que ronda por la cabeza de nadie, además puede que la muchacha esté enferma y lleve la mascarilla para no contagiar.

Tengo un primo en Paraguay, que me dijo que allí antes de que fuese el Covid ya usaban mascarilla para cuando alguien estaba resfriado y tenía que ir a trabajar se la ponía para no contagiar a sus compañeros de trabajo. Quizás aquí hagan lo mismo.

Yo eso lo veo coherente, si estas enfermo proteges a los demás de tu enfermedad. Acá la primera forma de utilizar la mascarilla fue esa también, había carteles que decían si estás enfermo ponte mascarilla y ahora parece ser al revés, aunque no estés enfermo ponte la mascarilla. Sería más fácil apartarte del que está enfermo si este por tener síntomas llevara mascarilla.

Yaaaa, pero es que hay humanos que no tienen síntomas, les llaman asintomáticos, e igual pasan la enfermedad.

¿Sin síntomas van al médico? ¿Por qué si no cómo se enteran que están infectados?

Ja, ja, pues no sé decirte cómo se enteran.

Bueno chicos cambiemos de lugar para ver más cosas.

Los libros se apresuraron a sus mochilas, no querían perderse nada, le pidieron a Tom que hubiera un paisaje diferente para seguir viviendo novedades.

Dicho y hecho, Tom nos llevó a un parque de juegos para niños, que en este momento estaba vacío.

Los libros se quedaron extasiados al ver los columpios y toboganes. Las ratas, al ver los ojitos de los libros, no se lo pensaron dos veces y se lanzaron por los toboganes riéndose, disfrutando de poder darles a los libros una experiencia de riesgo, aunque algún libro no se lo tomó tan a risa y al bajar del lomo de su transportador estaba mareado y todas las letras revueltas, tuvimos que ayudar a varios ejemplares mientras los más atrevidos se lanzaban sin parar.

Fuimos a otro lugar para seguir observando; Llegamos a una zona donde habían campos de futbol, de baloncesto y mesas de pin pon. Había un montón de jóvenes jugando a futbol y a pin pon.

¡Carambolas, Dix! Cuanto jovencito jugando, me agrada mucho ver esto, es como volver a antes de la pandemia, es lo que se hacía antes de toda esta locura.

Sí, muy cierto, Tom, es una alegría ver a estos muchachos jugando y sin mascarilla.

Hombre con mascarilla no podrían correr así, si parece que les va la vida en cada carrera para tocar el balón, y la familia animando a los infantes. Esto creo que es lo mejor del día.

Bueno todavía no se ha acabado el día y lo de los toboganes no ha tenido desperdicio ja, ja.

Cierto, algún peque lo ha pasado mal con tanto mareo… la pandilla bigotuda no lo hizo con mala intención y, por suerte, se recompusieron enseguida, si los llegamos a llevar a la biblioteca con las letras revueltas los grandes nos hubieran dicho de todo…

De momento se ha acabado nuestro paseo por este pueblo y nos dirigimos al tren para cambiar de lugar, es Tom el que encabeza la marcha después de habernos contado uno a uno, verificando que ninguno se había quedado rezagado. La verdad es que me gusta como dirige la excursión ya que nos informa de todo lo que vamos a hacer y ademas nos alienta a estar muy atentas a lo que veamos y que sea atípico, quiero decir que sea diferente a lo que estamos acostumbradas a ver.

Al bajar en la siguiente estación nos reúne y nos dice que en este pueblo hay una biblioteca muy conocida a la que nos va a llevar para verla, también nos aclara que no vamos a estar en ningún parque ni similar ya que para que podamos contrastar todos los ámbitos, aquí el recorrido que ha preparado va a ser por el centro del pueblo. A todas nos parece bien y sin rechistar seguimos a Tom.

Llegamos a la biblioteca que está cerrada, la exploramos por fuera buscando alguna rendija por la que entrar, el edificio es hermoso, por fin encontramos un espacio por el que colarnos… ¡gualaaaa! ¡Qué bonito todo! Nos quedamos admirando la construcción moderna y amplia, con unas cristaleras de colores que le da al interior un ambiente enérgico y colorido, con techos súper altos e hileras de libros llegando casi a tocarlos, los libros salen de sus mochilas y giran sobre si mismos para ver toda la biblioteca entera, se quedan con la boca abierta atónitos por la hermosura del lugar y también porque es completamente diferente a la que conocen. Nos adentramos en ella después de la primera impresión y nos presentamos a los libros que todavía no han dicho nada al vernos, aunque desde luego están alerta ante los nuevos visitantes, les contamos lo que nos ha llevado a ellos y entablamos una grata conversación, nos cuentan que todavía sigue cerrada la biblioteca y están a la espera al igual que en la capital. Después de la animada charrada nos despedimos sabiendo que hemos hecho un montón de amigos y aunque podríamos estar allí un buen rato más seguimos nuestro camino para continuar con la expedición.

Al salir de la biblioteca nos vamos al jardín que está detrás para compartir impresiones y beber, ¡carambolas! Hay varias fuentes y todas cerradas. Las ratitas empiezan a renegar pues tienen calor y no pueden beber.

En Madrid han hecho lo mismo, han cerrado las fuentes públicas y sé de buena oreja que en las playas han cerrado hasta los lavapies.

¿Acaso quieren que muramos? Hace calor y la gente necesita beber agua, los niños que corren y juegan durante horas no pueden estar sin beber, ¡se pueden deshidratar!

Los niños van acompañados por sus padres y seguro van preparados ante esta necesidad tan obvia, pero hay personitas que viven en la calle que además no tienen recursos y no pueden ni beber, ni lavarse las manos, ni asearse. Nos dicen que nos lavemos las manos nada más llegar a casa, que tengamos mucha precaución y los humanos que viven en la calle no pueden ni beber, ni lavarse las manos. ¡Es muy indignante!

¿Y quién manda esto y para qué?

Dicen que es un foco de contagio y lo hacen para prevenir.

¿En serio? Pues en el metro hay que tocar el botón de la puerta para que esta se abra y está funcionando a tope otra vez.

¿Qué hacemos nosotras?

Vamos a ver si están regando y podemos beber, yo no me conozco esto y no sé donde puede haber algún deposito de agua.

Bueno contarme ¿qué os ha parecido la biblioteca? Les pregunto mientras vamos caminando por el jardín en busca de agua, así también despisto un poco su sed.

A mí, me ha encantado, es súper bonita, yo quiero que en la nuestra pongan vidrieras de colores, dice emocionado uno de los libros. ¿Se podría hacer?

Pues igual es un poco difícil, nadie va a escuchar la propuesta de una rata aunque sea una mejora para todos.

Mirad chicos allá se ve agua, ¡vamos!

Yo estoy un poco desilusionado, dice Tom, esperaba que en un pueblo pequeño y de pocos habitantes como es este, ya estuviera abierta y con el horario y las características de antes, vaya, con gente leyendo, que es lo que da vida a una biblioteca.

Parece que en todos los sitios están igual, no solo en la capital. A mí me ha gustado mucho la charla con los libros, que educados y letrados son. Y ver a los que están dentro de las urnas, tan viejitos y delicados, con gran experiencia, parece que los de antes están hechos con una alma diferente, no sé…

Llegamos al agua y las ratas sin acordarse de lo cargadas que van se tiran de cabeza al agua, los libros al sentir el agua en sus lomos empiezan a gritar y las ratitas que todavía no se habían mojado pararon en seco para salvar a los pequeños libros de un chapuzón; Empezaron a jugar a salpicarse para quitarse el calor, mientras las risas quitaron la tensión que se había generado.

Tom se acerca para decirme que nos vamos ya, que las compañeras están armando mucho escándalo y es mejor que nadie vea a tanto roedor junto.

¡Vamos grupo, la excursión continua! Grito Tom a la pandilla.

Tom dejanos un poco más, por favor. Suplicaba alguna ratita que estaba disfrutando de lo lindo.

Chicas mejor no llamar la atención, vamos que quiero ir a un centro comercial próximo, a ver como está de clientes.

Vamos compañeras, Tom tiene razón, es hora de cambiar de lugar.

Tom nos cuenta otra vez y nos lleva a un centro comercial enorme, decidimos separarnos y cada grupo subir a una planta, para después de una hora volver a reunirnos en el mismo lugar todas, así seremos más eficaces. Pasado el tiempo nos volvemos a reunir en un sitio donde no podemos ser vistas y estamos tranquilas para contar todo lo que hemos visto.

Chicas empezar a contar, ¿qué es lo que os ha llamado la atención?

A mí me ha llamado la atención la poca ropa que lleva la gente, he visto a alguna señora con escote y pechos grandes, sin embargo llevan una mascarilla que les tapa toda la cara, también había tiendas que tenían que utilizar guantes y en otras no, algunos tenían el bote de gel en la puerta y otros lo tenían al lado de la caja de pagar, vaya, que no hay consenso.

Yo he visto una señora con pamela enorme, gafas negras, mascarilla oscura, o sea que no se la podía reconocer de ninguna manera.

Yo he visto unos jóvenes sin mascarilla comiendo pizza y pasándoselo súper bien.

Gente de todas las edades y tan variopintas como en la capital.

Había tiendas con colas en la puerta, igual que en la capital.

Pues yo vi una tienda que abarcaba casi toda la planta y un montón de gente dentro, no sé como funciona lo del aforo, pero habían tantas piernas que no me atreví ni a entrar.

Yo he visto al de seguridad llamando la atención a alguna personita que no llevaba mascarilla, pero sin incidentes, con educación por ambas partes.

¿Los perritos no tienen que llevar mascarilla en un lugar como este, verdad?

No, no les hace falta, nunca han dicho nada al respecto, de todas las maneras no creo que las aguantaran durante mucho rato ja, ja.

Bueno, Tom con esto ya creo que podemos regresar a casa ¿te parece?

Sí, creo que ya está bien, de todas las maneras en el trayecto si os acordáis de algo nos lo contáis.

Nos dirigimos a la estación y volvemos mucho más callados, parece que todos íbamos pensando en el día de hoy y todo lo que habíamos aprendido, sobre todo los libros pequeños que por ser su primera excursión estaban agotados y somnolientos.

Al llegar a Madrid directamente nos vamos a la biblioteca a contar nuestro paseo a los libros y devolver a los peques a su casa.

En la biblioteca nos reciben con entusiasmo y casi no nos dejan ni entrar pues nada más ver nuestros bigotes empezaron a preguntar que era lo que habíamos descubierto. Lo contamos todo con pelos y bigotes, no era muy alentador sin embargo parece que se quedaron más calmados al saber que no solo ellos estaban sin abrir las puertas.

He aprendido mucho en esta escapada, nos hemos divertido por ir en grupo y por ello también nos repartimos la labor de investigación. El grupo tiene una energía muy bonita y cuando hay complicaciones se aúnan las ayudas, sin embargo los humanos cada vez están más solos y con esta pandemia hasta parece que estar con la familia y con los amigos reunidos está mal hecho, no incentivan la unión si no todo lo contrario, en un libro leí, que el malvado le decía al subordinado “divide y vencerás” y así los malos consiguieron ganar la guerra.

¡Carambolas! esto es para meditar…

El cuento continúa aquí

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