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Duatlón: La importancia de mantener viva la ilusión

El 15 de marzo me estrené en una nueva modalidad deportiva para mí: el duatlón, en concreto el Popular de Villa de Vallecas.

¡Qué bonito es sentir mariposas en el estómago de nuevo!

Cuando me inscribí, hace ya unos meses, adquirí el compromiso conmigo mismo de entrenar con constancia y disfrutar desde el primer día tanto mis tiradas en bicicleta como las que he hecho corriendo. Y así he hecho.

Me inscribí como Asociación Susurros de luz, difundiendo valores y vida sana.

Cuando fui a recoger la bolsa de corredor y el dorsal, me dieron una bolsa con un mensaje hermoso ¡Tú puedes con todo y más! Y automáticamente me acordé de nuestra compañera Estela, amiga y voluntaria de Susurros de luz. Así que hice una foto a la bolsa y se la mandé con el siguiente mensaje: Tú y yo podemos con todo y más, mañana corremos juntos, te llevo en mente y corazón. Y así fue.

Como con cualquier reto, por muy informal o popular que sea, la noche anterior me dormí pensando en la carrera, me desperté a las 5 am y ya no volví a dormir.
Pensamientos: La bici, que vaya bien, que no se pinche… A ver cómo hago la transición, que si llevo todo (hidratación, ropa para el cambio, guantes, gafas), que si llegaré antes de que cierren la meta.

Estaba acongojado. No eran mariposas, no, era un volcán.
Hacia tiempo que no sentía esto y mola porque significa que hay emociones… Miedo, expectativas, ilusión. Ilusión por hacer algo por primera vez. Ilusión por conseguir una medalla (se la dan a todos los que terminan) en duatlón. Ilusión por compartir energéticamente mi disfrute y “sufrimiento voluntario” con Estela.

Como he dicho mi mayor miedo era que me cerrasen la meta, que no pasase algún control de tiempo, pues a mi velocidad no tenía la seguridad que fuera a llegar según el reglamento. Momentos antes del comienzo, comentando esto con una voluntaria llamada María, me dijo: Tú no te quedas sin medalla, si se cierra la meta, yo te espero y te la pongo yo misma. ¿Habrá mejor motivación que esta para llegar a meta?

Esperando a que diesen el pistoletazo de salida pude hablar con unos y con otros. El ambiente era maravilloso. Había equipaciones y bicicletas bastante llamativas, yo fui con mi bicicleta de 200 euros de esa famosa franquicia francesa y mis pintas de corredor espiritual. Un compañero de zona de transición donde aparcamos la bici me dio unos consejos de última hora; un juez me dice que porque es una carrera popular que si no me descalificaba por los extras que llevo en la bici, una parrilla trasera y un timbre… le respondo que me he apuntado precisamente porque es popular y aceptan corredores como yo. Nos reímos.

Durante la carrera nos acompañó un desagradable viento que entorpeció el recorrido en bicicleta, a pesar de ello según mi gadget electrónico he hecho mi mejor marca en 20 km, claro que cuando entreno respeto los semáforos y peatones, en una carrera no hay parones.

La primera parte fueron 5 km corriendo. Ritmo ultrero, ese en el que recorres sin prisa el mundo entero. Luego los 20 pedaleando. La transición la hice muy lenta, todo lo que tenía estructurado en mi cabeza se fue al traste. Me monté un pequeño caos brutal. Los jueces se reían conmigo, parecía de verdad que quería llegar el último.

Pedaleando me animó mucha gente, tanto público como ciclistas, creo que valoraron mi esfuerzo al ver mi aspecto y bicicleta. No sabéis lo bien que sientan esas palabras de reconocimiento al esfuerzo.

Para terminar, 2´5 km corriendo. No quise perder tiempo en la última transición así que dejé la bici, me descalcé y salí corriendo con una sensación tan brutal en las piernas que no sé si obedecían a mi cerebro o a mi corazón. A pesar de ello se me hizo muy corto, claro, venía de hacer 20 en bicicleta con el viento en contra, así que disfruté mucho.

Al correr descalzo siempre llamo mucho la atención y la gente me dice cosas muy hermosas.

Tras cruzar la meta una niña me pone una medalla al cuello mientras el locutor comenta que un tipo ha llegado a meta descalzo… Me encantó la escena.

Llegué emocionado con Estela, Desam., mi madre y mi hija María en el corazón. También tenía en mente a la voluntaria María que me iba a esperar y que al final no hizo falta pues acabé haciendo un tiempo mejor de lo que esperaba y no llegué el último.

Las personas voluntarias que dan su tiempo para que podamos disfrutar, los servicios de SAMUR o Policía Municipal han estado fantásticos, animando, saludando. La organización de 9… ¿Por qué no de 10? Porque al final de la carrera como daban pollo asado, chuches y frutos secos, en el avituallamiento había mucha cola para recoger la bebida, lo pueden hacer mejor si primero dan las bebidas y luego la comida pues alguno hay, como yo, que no espera por la comida, y por la bebida si que no se puede esperar… así que se la pedí a una chica que estaba en la fila y me la dio con mucho cariño.

En ningún momento flaqueé, no dude en que iba a llegar, tarde o temprano, a la meta pero sí es verdad que ese viento me hizo reflexionar y quise pensar en un mensaje para Estela, para mi hija y para mí, obviamente: hay tramos en la vida en los que tendremos dificultades, el viento en contra y en cuesta arriba, pero si hay una meta clara podremos con todo tipo de desafíos y la entrada en meta será épica. La carrera en sí es la epopeya.

Vivir al día en sentir las sensaciones de los primeros cinco kilómetros corriendo, los 20 km en bicicleta y los 2´5 km corriendo descalzo. Disfrutar del aire en la cara, del pelo revolviéndose en tu cabeza, la textura del asfalto, las lágrimas de emoción en los ojos y en el corazón ese empoderamiento que te hace ser inmortal un momento porque la huella que deja el espíritu de la esperanza es todavía mayor que el del sacrificio.

Y en ese correr, sentir y emocionarse, hay un pensamiento de fondo: ojalá podamos algún día no necesitar tener “esperanza de” vivir en un mundo en paz porque la infancia ya monte tranquilamente en bicicleta sin miedo a que caiga un misil cerca y la gente no tenga que correr por huir sino simplemente por disfrutar de un “sufrimiento voluntario” por plantearse retos deportivos sanos. Sí, también corro con la ilusión de tener un mundo en paz y deseando salud para todos sus habitantes.

Gracias a todas las personas que me acompañan en este trozo de camino y me motivan a pedalear, correr y seguir soñando.

Nos gusta ser estímulos positivos en la sociedad, espero que al leer mi crónica os sirva tanto como a mí el escribirla. Compartiendo los instantes, se viven dos veces.

Gracias

Gracias

Gracias

 

 

Susurros de luz

Susurros de luz, la asociación que hace que las cosas bellas sucedan y además las cuenta.

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