Editorial de Marzo 2021

Hablando de educar

«La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo». Nelsón Mandela

Creemos que es necesario el cambio pero vivimos sin demostrar que queremos cambiar, reconocemos las cosas nocivas que nos rodean, que usamos y consumimos y seguimos consumiendo y haciendo que se produzcan. Nos falta coherencia. ¿El mundo cambia gracias a nuestras acciones?, ¿o quizás no?. El mundo está, desde sus inicios, en constante cambio y por ello la vida fluye y nosotros a través de ella.

Vemos la educación como algo que se ha de enseñar a los niños. Yo creo que ese concepto se ha de actualizar pues esos cambios de los que hablamos van tan rápido que si no aprendes constantemente te quedas atrás… tanto el aprender conocimientos nuevos, o viejos todavía no adquiridos, como nuevos buenos modales, o viejos buenos modales, no tiene ni fin, ni edad. El reciclarse, el actualizarse y el adaptarse a las nuevas circunstancias es cuestión de personas, no solamente inteligentes, sino humildes y llenas de amor por la humanidad.

«La educación no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo». M. Debesse

Lo ideal es no tener ni límites ni expectativas, no parar de crecer, reconocer los cambios que se realizan a nuestro alrededor y en nuestro interior, los que realizamos y los que provocamos; reconocer tanto nuestra ignorancia como todas las cosas que nos quedan por conocer pues no es una cuestión de adquirir conocimientos nuevos, es cuestión de discernir, asimilar, desechar, adaptar y hasta reconocer los que ya tenemos.

Hace unos días en un debate filosófico hablamos de un dios creador, se me ocurrió pensar que no es que haya creado una vez y ya, Dios, la Fuente, o como lo quieras llamar, se pasa día y noche creando: la luz anaranjada del amanecer, su degradado tirando a negro al anochecer, el azul a lo largo del día; las semillas dan vida, las embarazadas, la naturaleza… cada animal que nace, cada día que amanece, cada flor que se abre al mundo… son creaciones sobre lienzos vírgenes.

Analizando con cierta gracia la vida observo que el ser humano va tan de “sobrao” que comienza el día, por regla general, por la séptima hora. Inventamos los relojes, ponemos ciclos temporales en base a astros y las sombras que se mueven en la tierra. Ponemos los despertadores a las 7 a.m., cuando el día, concepto humano, de 24 horas, lleva casi un tercio de vida… muchas veces nos vamos a dormir a las 00:15, justo cuando está el día comenzando y lo llamamos noche… Si se piensa bien es muy gracioso… Nos sobra tanto tiempo que le damos ventaja, luego queremos vivir deprisa, como la fábula del conejo y la tortuga.

El ser humano vive, vivimos, rodeados de incoherencias. Disfrutarlas, ser conscientes de todas ellas sin que nos altere el ánimo, es fruto, entre otras cosas, de una buena meditación que nos permita derribar muros, romper cadenas y vivir con humor y con amor.

«Si quieres enseñarle a la gente una nueva forma de pensar, no te molestes en enseñar. Mejor dale una herramienta cuyo uso le sirva para dar con nuevas formas de pensar». Richard Buckminster Fuller

Aprende algo nuevo cada día, acepta algo diferente cada día, ama un poco más cada noche. Agradece. Se consciente de cada cambio que vivimos, tanto los que hace nuestro cuerpo como los que debería hacer nuestra mente. La adaptación al momento presente sin juzgar el pasado ni crear expectativas de futuro es el mejor de los regalos que nos podemos hacer.

Vivamos aceptando los cambios que son, que nos forman y que nos enriquecen espiritualmente, que es lo único que nos queda tras la muerte física… un espíritu con ansias de trascender el último gran cambio de esta vida. Incluso a la hora de nuestra muerte podremos aprender y enseñar algo.

Jose M.ª Escudero Ramos

Editor y Fundador de la Revista y Asociación Susurros de luz

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