Editorial Septiembre

El amor, la mejor medicina

La vida es una carrera de fondo en la que se pretende llegar primero a la meta pero el último a la tumba. Toda una incoherencia porque la meta de la vida, el fin último, es la muerte, pero parece ser que la querida sociedad del bienestar hace que nos alejemos, ocultemos, cuando se trata de mirar de cara a la muerte y/o a las enfermedades.

Viendo la situación actual, tras más de 18 meses de agonía mundial, creo que ya es hora de abrazarnos, de hacer vida sin miedo a enfermar. Es hora de descubrir los órganos que están siendo afectados en la mayoría de las personas y analizar las emociones que van ligadas a esos órganos, analizar las vísceras visceralmente y, en caso de necesidad, pegar un grito, llorar, soltar bilis, cagarnos en lo que haga falta para soltar todo lo que estamos reteniendo y ya, de una vez, poder contagiar felicidad sin miedo a vivir.

Olvidamos que muchos de los filósofos clásicos, muchas de las medicinas orientales y unos cuantos gurús del positivismo hablan del amor como generador de salud, de felicidad y de armonía.

¿No os parece que hay unas fuerzas oscuras que nos están llevando por el camino del miedo y del odio?

Como decía el monje benedictino, el hermano David Steindl-Rast: Para, observa y sigue.

Ahora, antes de comenzar la rutina marcada por el comienzo del curso en occidente, es el momento de PARAR, OBSERVAR y continuar con sentido común por la senda de la vida hasta nuestra meta.

No hemos de confundir fin con objetivo, como no debemos olvidar que las guerras no tienen ganadores, las batallas son energías perdidas y el ser individual no es nada sin la fuerza de la comunidad en este cuerpo inmenso llamado humanidad.

El sistema inmune del ser humano es tan perfecto que el cerebro no tiene necesidad de mandar ordenes en voz alta a cada célula para que cada una de ellas haga su trabajo. El orden natural de las cosas es fluir. Cuando hay una enfermedad es que el universo nos para de golpe para que nosotros mismos nos observemos, nos demos el tiempo que no hemos “podido” darnos antes, para luego continuar más fortalecidos, una vez hemos entendido el mensaje. Es todo un trabajo de meditación y autoconocimiento.

Sabiendo esto, usemos de nuevo el sentido común para evitar que el universo nos pare de golpe, ya sea ralentizando nuestras vidas, poniendo objetivos reales para llegar a un buen fin o regalándonos una cita con nosotros mismos, invitándonos a salir, a escucharnos, escuchar nuestras emociones, escuchar a nuestras vísceras, para sentir los susurros que nuestros guías guardianes nos envían, antes de que llegue el momento en el que nos paren por ir demasiado deprisa. La multa por excesos se acaba pagando caro. El equilibrio mantiene el orden natural de las cosas… de la salud.

Para, observa y sigue.

Hay tantas alternativas para vivir en armonía que lo raro es estar enfermo, sin embargo vivimos en el periodo de la historia en el que se tiene más conocimiento de esto, y más vacunas y medicinas se administran.

Medita, mira en tu interior, haz lo que debas y no te dejes intimidar por campañas de marketing, notas de prensa, ni noticias subvencionadas. Nuestro poder de sanación natural es perfecto, el orden natural de las cosas previene la enfermedad, curar es la necesidad de recuperar ese orden.

No sé si era en la medicina china, el médico suele preguntar ¿Cómo andas de amores?. Platón en El banquete pone en boca de Eriximaco, uno de los participantes, un discurso sobre el amor y la salud en el que dice:

«Tomaré mi primer ejemplo de la medicina, en honor a mi arte. El amor, que reside en un cuerpo sano, es distinto del que reside en un cuerpo enfermo, y la máxima que Pausanias acaba de sentar: “que es cosa bella conceder sus favores a un amigo virtuoso, y cosa fea entregarse al que está animado de una pasión desordenada”, es una máxima aplicable al cuerpo. También es bello y necesario ceder a lo que hay de bueno y de sano en cada temperamento…[…] Porque, para decirlo en pocas palabras, la medicina es la ciencia del amor corporal con relación a la repleción y evacuación; el médico, que sabe discernir mejor en este punto el amor arreglado del vicioso, debe ser tenido por más hábil; y el que dispone de tal manera de las inclinaciones del cuerpo, que puede mudarlas según sea necesario, introducir el amor donde no existe y hace falta, y quitarlo del punto donde es perjudicial, un médico de esta clase es un excelente práctico; porque es preciso que sepa crear la amistad entre los elementos más enemigos, e inspirarles un amor recíproco».

El amor es el orden natural de las cosas. Bienamar es igual a buena salud, por eso es bueno evacuar a los malos amores, malos humores, malos tumores para recobrar una debida y templada armonía y la concordia entre elementos contrarios.

Amemos al prójimo como a uno mismo ¿cómo a uno mismo? Ojalá nos amásemos como amamos al prójimo. Para, observa… sigue.

Jose Mª Escudero Ramos, editor y fundador de Revista y asociación Susurros de luz.

2 comentarios en “Editorial Septiembre

  1. Javier Moradillo Márquez

    Totalmente de acuerdo. Aunque no siempre resulta sencillo encontrar el amor para ser correspondido cuando el ego predomina sobre esta sociedad.
    Por lo tanto y ante las evidencias me remito, que difícil nos resulta amar sin ningún tipo de paliativos a un corazón errante que se encuentre inmerso en un proceso de enfermedad. Y este es el motivo de que nos hállemos en una sociedad cada vez más insalubre. Porque por mucho y muy bien que nos amemos a nosotros mismos, el amor necesita ser correspondido.

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