El perdón

El siguiente texto lo escribí en junio para el boletín de septiembre de la Asociación de Servicio Reiki y lo usé como epílogo de mi libro Curiosidades de los cementerios de Madrid, de Ediciones La Librería

Mucho se está hablando estos días, a finales de junio, sobre las entrevistas que están teniendo las “víctimas” de una banda terrorista con sus verdugos. Una persona salió en una de esas entrevistas diciendo que ella no tenía nada que perdonar, el que tenía que hacerlo era su hermano y estaba muerto. En ese plano energético donde se encuentra el hermano, seguro que él ya ha perdonado…

He hablado con varias personas cercanas sobre el asunto y todas me dicen que tampoco perdonarían el que les matasen a un ser querido.

Todo ello me ha hecho meditar mucho sobre el tema. Yo no sé cómo reaccionaría a posteriori, y espero que no se dé el caso, pero mis principios básicos me dicen que acabaría perdonando. ¿Cómo lo sé? Es muy sencillo, en la vida uno tiene que tener principios basados en la enseñanza social, en la educación dada por unas normas que uno adquiere básicamente por lo que solía decir Ortega y Gasset, yo soy yo y mis circunstancias. No es lo mismo haber crecido en una España de posguerra que en una España en plena democracia, no hablemos de la diferencia que daría el haber nacido en otro país, con otras connotaciones culturales.

Todo nos marca, lo bueno o malo que nos pase hace que lleguemos a ser de una determinada manera, con unos principios y moral o con otra, no por ello mejor o peor que el resto, simplemente nos ha tocado jugar en este lado del tablero en esta vida.

Poniendo un símil deportivo, cuando hago una carrera de montaña hay unos puntos de avituallamiento líquido donde la organización te pide que pares y bebas el agua allí, y si te llevas la botella la tires en el siguiente punto de hidratación. Yo me la llevo, algunos corredores también y la tiran debajo de un punto de señalización de la carrera, yo, como paso siempre de los últimos, veo un montón de botellas amontonadas esperando a que cuando acabe la carrera pase alguien a recogerlas…en una prueba un amigo me decía “tírala aquí, otros lo han hecho” yo respondí muy claro…”mis principios me prohíben tirar nada al monte, lo hayan hecho 20 personas antes o no” además podía ser motivo de desclasificación, pero eso es lo de menos. Yo nunca lo hago por mis principios de no manchar el monte. Que no me cambie la personalidad otras personas, otros “elementos externos”.

Pues con el perdón es lo mismo. Yo tengo unos principios y están basados en las enseñanzas del Maestro Usui, Amor Incondicional. El perdón entra dentro de ese gran abanico que es el amar sin condiciones.

Lo cierto es que es un gran desafío, perdonar al que te ha hecho algo extremadamente grave, y es donde tenemos que practicar las enseñanzas de los maestros para nuestra propia evolución.

A mí me sorprendió cuando Juan Pablo II pidió perdón por las injusticias que había cometido la inquisición a lo largo de la historia, o cuando se acercó al que le intentó matar, le escuchó y le confesó. Confesión…el perdón de Dios.  ¿Quiénes somos nosotros, pues, para negar el perdón a los demás?

Todos podemos estar en algún momento en la piel del que juzgamos, y a mí sí me gustaría que me perdonasen.

Vencer y Perdonar es Vencer dos veces, dijo Calderón de la Barca. Perdonar es dar un gran paso en el camino del progreso personal.

Como decía Niestzche en Así Hablaba Zaratustra: Yo te perdono el mal que me has hecho, pero tú ¿te vas a poder perdonar el mal que tú te has hecho a ti mismo?

Quizás ese sea el principal problema, nuestro propio sentimiento de culpa, ese tormento que nos taladra el pensamiento, pero es una gran pregunta ¿podremos perdonarnos el no perdonar? Al final ese sentimiento de no poder perdonar se puede transformar en odio y es lo que nos envenena y nos retrasa el gran momento de evolución, de nuestra Iluminación.

¡Cuánto nos cuesta perdonar en el plano material! Yo os propongo que hagamos ese ejercicio y perdonemos, empezando por nosotros mismos.

Jose Mª Escudero Ramos

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