Explorando cuadras

Limpio, Paraguay. 27 de julio de 2018

Pensamiento compartido por Desam. Ferrández

 

En Paraguay que es donde me encuentro en este momento, le llaman cuadras a lo que nosotros conocemos como manzanas.

Me encanta pasear y disfrutar del silencio para poder observar y contemplar todo aquello que me rodea.

Y a eso me dedico, observo con avidez en cada zancada, para poder ver hasta un mini colibrí que revoloteaba alrededor de pompones de flores  preciosas, junto con otros lindos pajarillos de los cuales desconozco el nombre.

Este espacio es totalmente desconocido para mí, me llama mucho la atención las chozas con sus antenas parabólicas, tanto como lo recargado de algunos porches o jardines, donde se podría decir que no les gusta ver ningún hueco libre, resultándome de lo mas chirriante para la vista.

Pasear por las calles sin asfaltar, con niños jugando, mientras las gallinas pasean y picotean sin cesar me resulta tan diferente como llamativo.

 

La vegetación crece sin necesidad de agua, ya que con lo que llueve y la humedad todo florece solo, tampoco pienso que necesiten mucho cuidado, pues parece que sean plantas y árboles bastante salvajes. A pesar de que hay ruido yo experimento calma, el verde me genera esa paz que necesita mi espíritu. Los pájaros también cantan alegres mientras recorremos lánguidamente las calles bajo el calido sol, que hoy tiene a buenas salir y caldear nuestros corazones.

Esto podría decirse que es el paraíso, si no fuera por mi mente española que piensa que alguna familia vive de forma precaria, esto lo iré corroborando poco a poco, sin dejarme influir solo por la vista. Lo que si sé es que el setenta por cien de la población vive con muy pocos recursos económicos.

Yo estoy viviendo como si estuviera de vacaciones a pesar de madrugar y salir a hacer talleres bien temprano, estoy comprobando que cuando te dedicas a disfrutar de lo que haces, no parece que sea trabajo. Es una sensación rara, también supongo que se debe a que estoy en un espacio nuevo y fuera totalmente de mi rutina habitual.

 

La gente y sus costumbres me cautivan, muchos saludan sin conocerte, al igual que nosotros. Ellos tienen un encanto dulce y abierto.

El porche de la casa que ahora habito es acogedor e invita a ser un bohemio y dejar que las palabras broten del teclado como la sonrisa brota de la tez, ahora que el estrés se ha borrado de un plumazo de mi vida.

Todo esto lo vivo acompañada de mi pareja de camino, con el que  trabajo codo con codo y a la vez disfrutando del mismo estado, aunque cada uno con sus emociones. Me encanta compartir con un alma tan afín a la mía y por ello me emociono hasta las lágrimas y bendigo cada instante, dejando que pase el siguiente instante para vivirlo con el mismo talante y la misma actitud, “aprender algo nuevo”.

 

Gracias universo por haberme traído aquí.

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