Gracias por cada instante

La verdad es que pensé que me sería más fácil expresar esta última semana de Reiki, pero no encuentro las palabras adecuadas para transcribir mis pensamientos. Llevo varios días pensando y es como si todavía quedase un capítulo por escribir. Por otro lado tengo una necesidad imperiosa de contar lo que he vivido.

Comienzo, paro y borro. Comienzo de nuevo, paro y borro…

Doy demasiados datos, ¿quién? ¿Qué más da?

Una persona me llamó para pedirme que fuese a dar reiki a su padre, en fase terminal después de una larga enfermedad como puede ser un cáncer. Mi amigo me pidió ayuda y yo eso no se lo niego a nadie. Pero fue más allá, mi amigo me preguntó si podía hablar con la ASR para pedir voluntarios a domicilio, así que adelanté mi visita a su casa.

Durante toda su enfermedad hemos estado mandando reiki a distancia, junto a otros alumnos y compañeros míos. El reiki hace el mismo efecto a distancia que presencial, estoy seguro de ello, no hay pruebas científicas hechas en un laboratorio con multitud de diplomas en sus paredes por  hombres que visten con inmaculadas batas blancas, pero tengo mis pruebas empíricas. Mis propias experiencias, que para mí no es poco, y para los que las viven y las sienten, tampoco.

Yo siempre digo al que plantea dudas que lo pruebe. No tengo que convencer a nadie de las maravillas del Reiki, a cada uno le llegará cuando esté preparado para ello, ni antes ni después. Con la persona exacta y en el momento justo. Así de sencillo. Hasta los más agnósticos han sucumbido a los encantos de la relajación y el bienestar del Reiki, por algo será.

A través del reiki, a distancia o no, hablamos solo entre seres de luz, nuestras energías se comunican, en presencia hablamos los seres encarnados, con nuestras vivencias, inquietudes, arquetipos y condicionantes, en ocasiones ayuda tanto escuchar o sentirse escuchado como la propia sesión de reiki.

Las velas, el incienso, la música relajante, una voz tranquila, un hombro sobre el que apoyarse y alguien a quien contar tus cosas…

Pero me estoy desviando.

Hace dos sábados, fui a casa de esta persona que os comentaba al principio de mi escrito de hoy. Tuvimos una corta pero muy intensa conversación, él me comentó que era primer nivel de Reiki, que se había iniciado con un maestro en otra ciudad del sureste de España, y que allí iba con su asociación a dar Reiki como voluntario, y esa experiencia le gustó y le marcó. También hizo algún curso Zen y tenía conocimientos de otras disciplinas, terapias o como lo queráis definir. Un hombre lucido, despierto, en un cuerpo que se consume por momentos. Me confesó que lo pasaba realmente mal cuando le fallan los pulmones, se siente como los peces cuando los pescan y agonizan en el aire, colgados de la caña de pescar. EL hombre fue tan descriptivo que me convenció de una idea que llevaba rondando por mi cabeza desde que dejé de comer carne, gracias a esa conversación he dejado de comer pescado, es más, me identifico con los animales y su sufrimiento. Lo viví, lo sentí gracias a las palabras de mi nuevo amigo. Y eso se lo tengo que agradecer siempre. He dado el paso que no me atrevía a dar, por escuchar, por estar en el momento justo en el lugar adecuado, con la persona exacta.

A los pocos días de la sesión tan maravillosa, me comenta su hijo que han ingresado a su padre, mi maestro, sí, digo bien, mi maestro, y es que uno nunca sabe cuándo va a venir el despertar, cuando se te va a encender la bombilla que te “obliga” a dar ese paso que estabas pidiendo a gritos  y que de pronto te  llega como  la señal que uno estaba esperando.

Sigo con mi narración de los hechos, en cuanto puedo voy al hospital a darle Reiki de nuevo, según parece, los médicos le han dado tres, cuatro días de vida. Le veo en el hospital, apenas puede hablar, su mente está igual de lucida, su cuerpo se desgasta. Siento su cariño y su evolución. Hablamos un poco, hasta que me dice que ya no puede más. Sus acompañantes se van de la habitación y nos dejan solos.

Hoy solo doy Reiki desde la planta de los pies, según me dijo mi maestra María eso les ayuda en la transición de una fase a otra, de la vida física que conocemos a la vida energética que intuimos, esa parte en la que todos somos energía pura de amor y consciencia. En la que todos somos lo mismo.

Estoy un buen rato en la sesión de Reiki, nuestros seres interiores hablaban muy a gusto. Estábamos teniendo muy buenas sensaciones. De pronto me llama, me dice que no continué, que ha sentido algo muy especial, algo que nunca había sentido antes. Fue maravilloso. Su cara cambió por completo. Estuvimos un rato más, volvieron sus acompañantes, en cuanto vieron su cara me preguntaron qué es lo que había hecho. Yo nada, son las energías, el Reiki. Mi amigo me dijo sonriendo “ves, esa es tu recompensa” pero no, mi recompensa era él, su sonrisa, su amor, su experiencia vital. Soy muy afortunado. Mucho.

Podría contar muchas cosas más de otras sesiones. Podría hablar de que el Reiki sana, pero no me vais a entender, porque quizás la sanación no sea lo que pensáis, no es aquello de “Lázaro, levántate y anda” es algo más, es entender la transcendencia de la vida y la muerte. Es dejar una extraña paz cuando pasa por nuestro lado la parca y “echa al mar su barca”, como cantaba Serrat…al mar su barca, que bella interpretación de la vida y de la muerte…y tras cruzar el mar de la vida, llegará al mundo de las energías, donde todo es amor, comprensión, paz.

Cada día estoy más convencido de que todos nos vamos cuando hemos realizado nuestro cometido, aquello a lo que hemos venido a hacer en este plano terrenal. Y estos días, su mensaje llegó a mí por algún motivo y yo sólo puedo dar amor y agradecimiento al universo y a su familia, gracias por esta experiencia de amor, por vuestra confianza, vuestras palabras y vuestras sonrisas a pesar del duro momento que estáis pasando.

Mis compañeros os siguen mandando luz reiki a distancia, es tan bello todo, que aunque duela esta fase hay que vivirla y dejar que salgan todos los sentimientos.

Yo siempre digo en mis cursos de iniciación que ni la enfermedad ni la muerte son castigos, no es nada personal entre el universo y nosotros. En el fondo somos unos privilegiados porque todo se trata de procesos evolutivos, maneras de despertar, de acceder a otros planos de consciencia y, viéndolo así, solo puedo dar gracias por entender el sentido de la vida y ver significado el de la muerte.

Hoy es un precioso instante en la historia del universo de la cual nosotros formamos parte.

Gracias por cada instante.

1 comentario en “Gracias por cada instante

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