Hani sobrevuela los tejados

Cuento compartido por Desam. Ferrandez. Madrid, 26 de marzo de 2020

 

 

No era un día normal porque la cuarentena había recluido a casi todos los humanos del país en sus hogares y aunque últimamente todos las días eran iguales, yo intentaba sacarles el máximo partido posible.

Cuantas veces hemos pensado que nos vendrían bien unos días libres para ponernos al día con un montón de cosas que siempre tenemos pendientes y, de repente, nos obligan a quedarnos en casa, a no salir ni para trabajar a no ser que pertenezcas al grupo de personitas que trabajan en servicios y estés obligado a ello para que el resto de ciudadanos tengamos nuestras necesidades cubiertas.

Solo pienso en lo bien que estaría en la calle paseando y tomando el sol; dadas las circunstancias mi mente me dice: Desam cíñete a las circunstancias y haz todo lo que tienes atrasado. Me encontraba con este pensamiento en la cabeza cuando de repente escucho un ruido en la ventana, era un sonido que no podía identificar, me acerqué al lugar de donde procedía el ruido y para mi sorpresa era Hani dando golpecitos al cristal.

¡Hola, Hani!, ¡qué sorpresa!, pasa, por favor_ le dije mientras abría la ventana para que mi pequeña amiga pudiera pasar.

(Hani es una mezcla entre hada y niña, que los humanos no pueden ver, pero yo tengo la suerte de verla y oírla, en nuestros encuentros paseamos y o jugamos)

¡Hola Desam! Me saludó feliz mientras miraba el montón de libros que estaban en el suelo, ¿te molesto?

Para nada linda, tu nunca molestas.

En mis cosas pendientes de hacer estaba ordenar los montones de libros que invadían mi hogar ya que mi gran pasión es la lectura.

Cuéntame ¿qué haces por aquí?

Pues es que sentí que estabas aburrida y encerrada y me dije, voy a visitar a Desam.

Muchas gracias. ¿Sabes que nos tenemos que quedar en casa por un virus?

Sí, lo sé todo.

Perfecto, así no es preciso que te cuente nada.

Así es… Oye, me encanta la vista que tienes desde la ventana, los tejados me seducen, no sé que tienen…

¿En serio? A mí también, es una mezcla entre bucólico y salvaje. Me paso horas asomada a la ventana disfrutando del sol y los tejados.

Guauu, tenemos los mismos gustos, ja, ja.

Sí, creo que coincidimos en muchas aficiones.

¿Te apetece un vuelo bajo, casi rasante, sobre los tejados?

Guauuu, no me lo tienes que decir dos veces.

Nos dirigimos hacia la ventana por donde vamos a salir, yo voy a buscar una escalera y…

Desam, no hace falta la escalera…

¿Nooo?

Hani se ríe como es su costumbre arrugando la nariz y sujetándose la tripa con sus diminutas manitas.

Te recuerdo que vamos a volar juntas ja, ja.

Si claro, respondo, pero para salir hasta el alfeizar…

Ven dame las manos y déjate, no ofrezcas resistencias. Esto ya te lo conoces de las veces anteriores.

Cierto, gracias querida por recordármelo.

Dejo mis límites y mi resistencia dentro del piso para salir flotando por la ventana y ¡ualaaa! me veo encima de los tejados mientras Hani tira de mi con suavidad.

Mi amiga me mira con su carita redondita, está feliz de ver mi cara de placer, siento la suavidad del viento, la calidez y a la vez la seguridad de su mano, vamos casi rozando los tejados, si extendiera la mano podría tocar las tejas. Hani tira de mi hacía arriba, vamos alejándonos de los tejados subiendo hacia las nubes y allí entre algodones mi amiga me suelta diciéndome, ahora tu sola, recuerda que solo has de pensar que flotas, que puedes mantenerte e incluso desplazarte hacia donde quieras. Después de los primeros minutos de un vértigo intenso y de ver que no me caigo en picado, me relajo y disfruto de la magia de flotar sobre las nubes, las rozo con las manos sintiendo como se deshacen en mi piel mojándome con montones de diminutas gotitas. ¡Qué sensación tan diferente! Flotar mientras sobrevolamos despacio la ciudad, divisando las flores que adornan los balcones cual maravilloso broche, admirando los magníficos árboles siempre erguidos y entregados a la humanidad ofreciéndonos su oxigeno inagotable. La sensación de libertad y gratitud me invade, siento, siento, hasta que mi amiga me saca de esta extraña concentración.

Desam, ¿jugamos?

Ja, ja, claro, ¿a qué quieres jugar?

Podemos flotar boca arriba y buscar las formas que tienen las nubes.

¡Sí!, me apunto.

Hani se tumbó a mi lado y empezamos a jugar buscando esas formas cambiantes que crean las nubes, pareciera que las que juegan con la creatividad son las propias nubes.

Entre risas descubríamos animales y cosas muy variadas con formas algodonosas, así pasó nuestra tarde donde la diversión y las risas fueron nuestro pasatiempo. De pronto Hani me coge de la mano para llamar mi atención se aproximaba una nube con forma de platillo volante…

¡Vamos Desam, subamos al platillo!.

No me dio tiempo ni a reaccionar, sentí como tiraba de mi y nos subíamos a la nube, empezamos a simular como si estuviéramos dirigiendo la nave/nube y para mi sorpresa la nube hacia lo que Hani le mandaba.

Desam ¿de qué te extrañas? La nube también quiere jugar.

¿En serio?, ¿la nube quiere que nos montemos en ella y la conduzcamos de un lado a otro?

Claro, primero le pedí permiso y dijo que quería participar en nuestro juego. Ya sabes que todos los oriundos del planeta Tierra tienen libre albedrío y nadie se puede imponer a otro.

Pero Hani ¡es una nube!

Sí, ya lo sé ja, ja. Tu eres humana y ella no te rechaza por eso y yo soy una hada y jugamos juntas, no sé donde está la diferencia.

Es que para los hombres las nubes no son… como explicarlo, vaya que no tienen capacidad de crear, ni jugar, ni nada de nada.

Pues te diré que en algunas cosas estáis equivocados, todo tiene vida, todo late, eso sí cada ser de una manera distinta.

Guauuu nunca pensé que fuera así, perdona nube no quería menospreciarte, solo ha sido por desconocimiento.

Nube: no te disculpes Desam, ya sé como pensáis los humanos que creéis que solo tenéis vida vosotros , los animales y las plantas.

¿¡Tu también hablas!?

Nube: Claro, si no nos podríamos comunicar.

Ya, pero hablas mi idioma.

Nube: La verdad es que sé muchos idiomas.

Alaaa ¿sabes idiomas? Jope, ¡qué poco sé.!

Nube: Bienvenida al club de aprendizaje continuo, yo también aprendo todos los días, ja, ja, bueno jovencitas he de seguir mi camino, ha sido un placer, otro día seguimos jugando.

Muchas gracias, hasta pronto.

Nube muchas gracias por tu lección.

¿Nos vamos a casa Desam? Yo también me voy que aun tengo cosillas que hacer antes de que se retire el sol.

Claro, linda, cuando quieras, yo no tengo prisa, ahora dispongo de mucho tiempo para hacer cosas en casa.

Hani y yo regresamos a casa volando despacio y en silencio, yo iba integrando los conocimientos aprendidos.

Hani se despide con un gran abrazo y un sonoro beso.

Desam nos vemos otro día, vendré de nuevo a visitarte y salimos a jugar.

Sí por favor, hasta pronto querida amiga, te quiero.

Me encanta estar con amigos y con Hani más, ella es tan diferente y especial que disfruto muchísimo con sus visitas; además aprendo siempre. Bueno, la verdad es que dicen que en la escuela de la vida todos los días aprendes algo, solo que muchos días no me doy cuenta de lo que he aprendido.

Mi pequeña amiga es amable, cariñosa y respetuosa con todos los seres de la creación, incluidas las nubes, ja, ja; quizás me sirve de espejo para que aprenda de ella, esto lo tengo que meditar e imitar pues si me gusta que se comporte así conmigo, seguro que al resto de los humanos también les gusta que los traten bien. De ahora en adelante me voy a esforzar y tratar con más amor a todos los que me rodean.

Gracias, preciosa amiga, te quiero mucho.

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