Hoy recuerdo de José Manuel Garrido

15 de diciembre de 2025. Madrid, José Manuel Garrido
Hace no mucho tiempo, noches como esta llenas de paz y felicidad, supongo yo, en los hogares de la ciudad, me arropaba bien dentro de mi saco de dormir. A veces lo que es conciliar el sueño no lo conseguía fácilmente.
Recuerdo que aquellas noches navideñas uno se encontraba solo y desamparado pero, ¡cuidado!, no sentía pena, ni tristeza. Era algo que me llamaba la atención. Oía voces, gritos, cánticos, petardos y yo seguía, sin más, bien calentito dentro de mi saquito.
La verdad sea dicha, uno no encuentra la felicidad en esos casos pero tampoco la tristeza se acercaba a mi aposento.
En mi pensamiento sólo existía: No me falta ropa, no me falta comida, no estoy enfermo y lo más importante, sigo con la cabeza alta, sin perder la ilusión y la esperanza; ya vendrán mejores tiempos. No hay que tirar la toalla.
En alguna ocasión escuché chillar a un «mendrugo despistado»: «¡NEGROS HIJOS DE PUTA! IROS A VUESTRO PAÍS CON VUESTRA MIERDA Y NO ENSUCIÉIS NUESTRAS CALLES CON ELLA», mientras sonaban varias botellas estrellándose en las paredes del lugar y convirtiendo aquel sitio en un sembrado de cristales. Entre ellos había gente que intentaban apaciguar la subida de tono de aquel niñato.
«-Estás confundido, los que hay aquí son españoles y no tienen porqué aguantar tus insultos.
-Si son españoles, peor me lo pones. ¡Todos al paredón! Igual que en la República, éstos cabrones no existían y ahora nos están contaminando. Eso me contaba mi abuelo. Son escoria y una vergüenza, ponedlos a picar piedra y verás cómo se les quita la vaguería»
Yo pensaba en todas esas payasadas que teníamos que aguantar. Menuda educación han recibido los pobres y que pena me dan. También os digo que en éstos casos no merecía la pena ponerte a discutir con borrachos, pues llevaría yo las de perder cuando la pandilla de adolescentes se me echase encima y me sacudiesen la paliza del siglo. Al fin y al cabo, después de echar un poco de paciencia y oídos sordos, a los pocos minutos me pude dormir por completo.
Recuerdo que una Nochebuena tuvimos allí, delante de nosotros, una sinfonía de bofetadas de todos tamaños y colores.
«¡Eres un verdadero cabrón! ¿Que no es lo que yo pienso? Pues dime ¿qué hacía esa golfa magreando tu bragueta?. Pero que cabrones sois los tíos…» ¡Plish,Plash,Ploff, PLIMBA!. Se oían entonces las bofetadas de turno que golpeaban todo aquello que se ponía por delante suyo. Incluso los amiguetes que intentaban apaciguar a la fiera recibían lo suyo. Yo me hacía cruces cuando veía la cara del chico con la ceja rota y los labios partidos. Eso es violencia de género y no lo que cuentan en la tele. Poco después llegaba la policía intentando terminar la fiesta. Al final se los llevaron a ambos detenidos en coches diferentes y ¡hasta la vista!.
Puedo asegurar que entretenimiento no nos faltaba.
Ahora ya solo me queda desearos unas Felices Pascuas y espero que nadie pase los contratiempos que algunos hemos pasado.