Conversando con… Jordi Nadal

Jordi Nadal – Copyright Ignasi Fornós

Jordi Nadal es, por encima de todo, un amante de los libros, de la lectura, quizás por eso emprendió el reto de crear Plataforma Editorial con el lema: editar libros con autenticidad y sentido. Conversar con Jordi es escuchar innumerables citas que producen el deseo de leer, de leer más, de querer tener todo el conocimiento literario que él demuestra. Aparentemente es un hombre duro pero es capaz de emocionarse hasta la lágrima compartiendo un párrafo de Las uvas de la ira. Escucharle es quedarse mudo, enloquecido por la belleza de la literatura. 

Enhorabuena por “Libroterapia”

Muchas gracias. “Libroterapia” es una gran declaración pública de amor, de gratitud, de cariño y de respeto a libros que me han ayudado mucho y me acompañan. Y el verbo acompañar, en el mundo en el que vivimos, adquiere mayor importancia si cabe ¿no?

Hoy en día hay que sostener y acompañar. Si tienes un libro nunca estarás solo.

Sí, en la película Tierras de penumbra hay una frase que dice C.S. Lewis, no sé si es realmente suya: «leemos para saber que no estamos solos».

Escuché en una conferencia que los libros tienen que morir de usados.

Subrayados, subrayados siempre.

¿Cómo surgió la idea de Libroterapia?

El libro está disponible desde hace tres años. La genealogía de estilismos es la siguiente: Hace tres años, tomando un café con Xavier Coll, director de recursos humanos de Caixabank (30.000 empleados), me dice: “eres un tipo raro, entre los de letras sabes de empresa y entre los de empresa has leído mucho, ¿por qué no preparas un curso para nuestros directivos, para que sean mejores directivos y personas, leyendo literatura, no a Peter Drucker, literatura empresarial? Me gustó mucho la idea y ese verano, como yo tenía estas fichas que hacía de los libros desde los dieciséis años, hice una selección de una primera versión de Libroterapia muy corta de docedieciocho autores que me gustaban mucho. Luego he hecho una segunda versión y la de ahora, la tercera, en la que ya hay treinta y pico autores. Registré la marca, compré el dominio de libroterapia.eu, escribí el libro, preparé el curso y le fui a ver y le dije «Xavier ¿qué te parece si  escribes el prólogo para este libro que ha sido idea tuya?». Luego le pedí también una introducción a Luis Alberto Cuenca, otro buen amigo. Los médicos intentan curar y a veces lo consiguen, pero cuando ya no puede ser, te tienen que cuidar y acompar. Libroterapia es un libro que cuida y acompaña.

Puede curar almas.

Sí, te hace sentir menos solo. Piensa que al final de la primera parte de Las Almas Muertas de Nikolái Gógol, el protagonista se llama Chíchikov, es la última frase de la primera parte y cito de memoria: «y entonces Chíchicov se durmió con el sueño plácido de las personas que no sufren ni de pulgas, ni de hemorroides, ni de exceso de inteligencia». El exceso de inteligencia es algo incómodo, una mala jugada, pero no es una decisión. La lucidez es una mutación letal.

Hay personas muy inteligentes que no saben desarrollar una vida correcta.

La gente inteligente, si no descubre la conciencia, la sabiduría, que están muy ligadas, cae en una cosa que es profundamente práctica, fría y cruel que es el cinismo, la enfermedad rampante de nuestro tiempo, <<¡qué se fastidien a los demás!>>  Los listos, a veces, son cínicos y eso es una crueldad brutal. Me enternece que Oscar Wilde dijese una frase similar a esta: «cuando era joven admiraba a la gente inteligente y ahora que soy viejo admiro a la gente buena».

¿Has hecho libroterapia en cárceles u hospitales?

No, pero he mandado el libro a gente que está en cárceles y hospitales. Este año, gracias a un acuerdo con Bankia, hemos donado 10.000 «Libros solidarios» infantiles y juveniles, para que se repartan a través de Bancos de Alimentos en nueve ciudades, a familias con pocos recursos. Como dijo Federico García Lorca en 1931: <<No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro>>

Wow, nos encanta. Nosotros, mucho más modestamente, cuando disponemos de ellos, repartimos libros entre los amigos de la calle, los Sin Techo, al darles desayunos y cenas en los baños públicos de Embajadores y por las calles del centro de Madrid.

Que hermoso. Nosotros también donamos dieciocho libros a cada familia de la escuela Antaviana, que en total durante nueve años supondrá la entrega de nueve mil libros. Según el Informe PISA hay una relación entre la cantidad de libros en los hogares y el éxito escolar. Si el niño vive rodedo de libros, tendrá mejores resultados en la escuela. Hay que tener un mínimo de veinte libros, lo optimo serían doscientos, por hogar. Nosotros regalamos dieciocho por familia para que solo tengan que comprar dos, un gasto asequible por hogar.

Así también las familias adquieren un compromiso y dan valor a la educación de los hijos .

Exacto.

¿Recuerdas el primer libro que leíste?

El primero que me dejó huella, sin duda alguna, fue “La oreja rota” de Tintín. Ya de mayor ha habido otros, Camus que ahora es más valioso que nunca, más necesario que nunca, más actual que nunca. Camus, siempre.

¿Hay qué leer a los clásicos?

Sí, por eso son clásicos, porque hablan de nosotros a través del tiempo.

Hacen que el tiempo no exista.

Hacen que descubramos cosas que nosotros, tal vez, nos habíamos formulado pero a lo mejor no nos habíamos atrevido a pensarlo, o no lo habíamos leído así. Hacen que reconozcamos cosas que hay en nosotros.

Creemos que somos innovadores en algo, pero está todo escrito.

Por suerte sí, nada hay nuevo bajo el sol, pero como decía Cecil B. DeMille a sus guionistas: «Estoy harto que hagáis películas con guiones con tópicos viejos, escribirme guiones de películas con tópicos nuevos». Es un interesante juego de palabras, Cecil B. DeMille les decía a sus guionistas que escribieran películas con tópicos nuevos lo cual es una contradicción, un oxímoron con lo cual tiene mucha gracia, la vida está llena de oxímoron.

Cuenta lo de siempre de una forma nueva”.

Sí, lo de Octavio Paz, “hay que reinventar el amor”.

¿Te leían en voz alta cuando eras pequeño?

No, yo soy el pequeño de cuatro hermanos de una familia… padre mecánico, madre que vino de Navarra a Cataluña a servir. Yo soy el primero de mi familia que estudió carrera universitaria. Me compraban libros pero no me leían. En cambio yo a mis hijos les he leído muchísimo. Ahora tengo dos mayores, de treinta y veintiocho años, y una niña que está a punto de cumplir nueve. Mi mujer y yo nos disputamos acaloradamente cada noche quien le lee. Hemos llegado a un pacto para leerle cada noche cada uno. Leerle a nuestra hija Clara por las noches es fundamental. Yo le he leído a mi hijo mayor, Adriá, el Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio hace veintidos años y este año se lo he leído a Clara, en voz alta. Es un libro mágico que no se entiende nada, pero es hermosísimo, como toda la poesía, no se entiende casi nada… la vida no se entiende nada.

Creemos entender pero no…

No entendemos nada, el misterio es superior. Hay libros comentados que están muy bien pues te ayudan. Es como un barandilla y a la vez un condicionante, depende de cómo estén tus piernas y tu sentido del equilibrio tienes que entrar en escaleras con barandilla o sin barandilla, depende del momento de la vida. Las dos opciones son legítimas.

En la sociedad actual, desde hace ya unas décadas, han puesto en el centro del salón la televisión y han apartado las librerías.

Yo tengo un amigo que dice que si vas a una casa que la superficie de la televisión es superior a la de la biblioteca, te tienes que ir y también hay un cartel muy divertido que dice que: «no puedes meterte en la cama con alguien que no tenga libros en casa».

Sería interesante fomentar la tertulia literaria dentro de las familias, en vez dedicar tiempo a la televisión, leer un capítulo o un párrafo y comentar.

Yo leo a mi hija día sí y día no, de noche, como te digo, ahora estamos leyendo las aventuras de Kip Parvati, pero hace poco leímos Colmillo blanco de Jack London, y mis otros dos hijos también son grandes lectores. El mayor regalo que le puedes dar a un niño es haberle querido y, creo que lo dijo Einstein, «si quieres que tu hijo sea inteligente léele cuentos y si quieres que sea más inteligente léele más cuentos».

Hemos de enseñar a amar a los libros desde la infancia.

Edito un libro maravilloso de Gregorio Luri, Sobre el arte de leer, que dice: «hasta los nueve años los niños y las niñas aprenden a leer y a partir de los nueve años aprenden leyendo». Quien no ha aprendido a leer no puede aprender, porque no se ha formado una cosmogonía. Si la realidad está hecha de palabras y no dominas las palabras, no dominarás la realidad. Por eso es importantísimo entender la palabra en su contexto, si te faltan palabras, te falta contexto y no entiendes. Por eso hay tanta crispación. Hay una frase que leí hace mucho tiempo: «nos humillan porque nos humillamos». El mundo está dividido entre los que entienden esta frase y los que no la entienden. Está dividido de muchas maneras pero ésta es una de las líneas divisorias.

¿Hay alguna edad para comenzar a amar la lectura?

No lo sé, pero si antes de los seis años no te has metido, es tarde. Entre los seis y los nueve es fundamental.

¿En las escuelas están enseñando a amar la lectura?

No lo sé porque no estoy dentro y sería muy cruel, muy metomentodo, muy listillo, si tuviese una opinión formada. Tengo un amigo, un gran maestro profesor de instituto, que me decía «aquí todo el mundo habla de educación pero nadie sabe, cuando se cierra la puerta, qué pasa dentro del aula». Le tomé la palabra «escríbeme el primer libro de una subcolección dentro de la plataforma que se llamará Dentro del aula» y me dio el primer título. Que hablen del aula los que están dentro del aula, yo no sé.

¿Somos una sociedad lectora?

Los datos indican que no hay una suficiente comunidad lectora en el país. Estamos en un entorno latino y en el entorno de los países nórdicos, por climatología, por cultura del libro, por Calvino, por Lutero y por su forma de organización capitalista, leen más. Aquí leemos menos, son dos culturas muy diferentes. Caricutarizando, en el norte son cuadrados y en el sur somos redondos y así nos va. Las cosas redondas son bonitas pero los cuadrados hacen las mismas cosas, más eficientemente. Son dos visiones del mundo. Albert Camus decía que hay que acercar al industrial y al poeta. Esa dicotomía de ciencias y letras es un error brutal, hay que conseguir que la gente de letras sepa de ciencias y así hablaran de evidencias científicas y habrá un poquito menos de cantamañananismo y hay que conseguir que los ciencias entiendan la poesía porque no se puede vivir un mundo sin poesía, sin belleza y sin verdad.

La universidad prepará a la sociedad del futuro ¿se forman buenas personas?

Yo creo que nosotros los seres humanos, somos, en nuestra mejor versión, nuestra familia y nuestro bachillerato. Si la familia y el bachillerato han fracasado, tienes muy malas cartas. La universidad, suponiendo que entres, ya es tarde. A partir de los dieciocho, cuando eres mayor de edad, una gran parte de ti ya está formada. Puede ser que el camino del sufrimiento te haga mejor y más maduro, aquello que decía San Agustín «no es bueno sufrir pero es bueno haber sufrido». El sufrimiento es una buena escuela para algunas personas. Esta crisis hace que los buenos sean mejores y los malos sean peores.

En la época que estamos viviendo, ¿nos hemos vuelto más extremos?, si eras bueno eres mejor y si eras malo eres peor.

Hay una centrifugación de la sociedad y el teletrabajo hace que los trabajadores sean más trabajadores y los perezosos más perezosos. Esto no lo puede decir nadie en blanco y negro porque te crucifican, pero es una verdad como un templo.

¿Cómo podemos hacer para fomentar la lectura entre los jóvenes?

Tenemos que hacer una campaña nacional, escolar y nacional de gente que hable a favor de la lectura. Había una actriz de varietés de El Molino que decía a su hija: <<estudia hija mía, estudia, que con el tiempo se te caen las tetas pero no la cabeza>>. Jorge Fernández, periodista y escritor argentino, iba a dar clases a un grupo de chavales en un instituto. Argumentaba a los jóvenes por qué tenían que leer pero estos no le hacían ni caso y Jorge, al final, les dijo: «¿sabéis por qué tenéis que leer y estudiar? para que no os hagan fracasar». Si tú quieres mandar un poquito en tu vida tienes que leer, si no prepárate para solo obedecer. América Latina está muy mal pero al menos no están tan resabiados y valoran más la educación. España es un país intermedio porque somos los pobres entre los ricos, nos hemos hecho medianamente modernos y ricos en poco tiempo, donde la población, en algunos casos, es muy pagada de sí misma y son personas que nunca han leído el Juan de Mairena, lectura más que recomendable.

¿Es bueno creer en algo?

Yo tuve la suerte de conocer a Julio Caro Baroja en el año 1987 le escuché una frase, la digo textualmente de memoria, «a la gente que cree hay que decirles que está bien que crean pero poco, bajito y en todo caso sin molestar» y Jose Luis Sampedro decía otra frase que me gusta mucho, «está bien el rigor pero no mortis». Muchos países están atrapados en el bicolor, en la dicotomía, el bipartidismo, y los que estamos en industrias gráficas convendría recordarnos que hay 1114 colores en el Pantone. Para ser una persona medianamente plural tendrías que leer 1114 libros, uno por matiz del Pantone y así entenderías que no existe una sola verdad. La literatura te vacuna contra una de las peores enfermedades del mundo: el <<yo mí me conmigo mismo>>.

¿Qué es la amistad?

Roland Barthes tiene una frase muy bonita, es del libro Fragmentos de un discurso Amoroso: «como una mala sala de concierto, el espacio afectivo tiene rincones muertos donde el sonido no circula, el interlocutor perfecto, el amigo ¿no es entonces el que construye entorno nuestro la mayor resonancia posible?, ¿no puede definirse la amistad como un espacio de sonoridad total?».

¿Qué tienen los libros para que los escondan, los prohíban o los quemen?

Tienen poder. El poder de las cosas que son buenas. Las personas buenas y brillantes son insoportables para los malos y los mediocres. Los buenos libros son insoportables para las personas malas y mediocres.

¿Por qué pueden despertar conciencias?

Y porque brillan. Es una cosa tremendamente humana: la envidia, si tú eres brillante te van a machacar. Estamos en un país en el que hay niños y niñas que esconden que son lectores para que en la escuela no los llamen empollones o algo así. España tiene cosas muy buenas pero es un país profundamente envidioso, enfermo de ego.

¿Estamos comenzando una nueva era Fahrenheit 451?

Probablemente, pero como en Fahrenheit 451, existirá un bosque en el habrá personas que optarán por sacrificar sus comodidades por ser libres.

En un capítulo de Fahrenheit 451, una de las teorías que planteaban para luchar contra el gobierno oscuro era la meditación y los clubs de lectura.

Sí, hay gente que sabe que la meditación puede restaurar el equilibrio y que los clubs de lectura pueden hacerte sentir menos solo. Los libros en un país sano, sensato y moderno, innovador y artesano deberían pertenecer no solo al dominio del ministerio de Educación y Cultura, por supuesto, sino también al ministerio de Sanidad. En un más país inteligente los libros pertenecerían también al ministerio de Sanidad.

¿Podemos dar algún mensaje optimista?

Sí claro, mientras haya una persona que abra un libro abierto a otra vida hay un salto cuántico en la entrega, en la confianza, en la generosidad, en el deseo y en la esperanza. Marcel Proust decía, cito de memoria: «sentimos muy bien que nuestra sabiduría empiece allí donde termina la del autor y quisiéramos que nos diese respuestas cuando todo lo que puede darnos son deseos», fin de la cita. Le decía un niño pequeño a Emili Teixidor «leer es querer que el mundo no se acabe nunca». Leer es el gran chute de adrenalina y la gran enzima catalizadora de las ganas de vivir. Leer es vida porque la lectura es una forma de crecernos en la adversidad.

Conocí en Paraguay a un enfermero, Victor, que coleccionaba El Principito en todos los idiomas de los lugares que visitaba. Fuimos a buscarlo en guaraní. Durante el trayecto charlamos sobre la vida, me decía: «el mundo se va a la mierda, Jose», yo le respondí  que «mientras haya una persona que compre El Principito, el mundo seguirá existiendo».

En La Carretera de Cormac McCarthy, un libro apocalíptico, hay un padre que quiere a su hijo y tiran adelante, pero es que el mundo real está tan mal que los libros son más necesarios que nunca y en la radicalización de la sociedad donde el “mundo Internet” causa como un tsunami de información que te hace estar envuelto de agua, pero contaminada, a diferencia de agua del tsunami, la literatura es agua potable. El «mundo Internet» nos dispersa, en parte nos destruye y nos conduce a un pensamiento  tribal que nos limita la visión del mundo, en cambio un libro te da la ocasión de salir de tu tribu y entregarte a toda una tribu humana, mucho más grande. Miguel Torga decía: «Lo universal es lo particular sin fronteras». Tenemos que entregarnos a lo grande.

¿Cómo entraste en el mundo editorial?

Cuando yo tenía once años mi padre me dijo: “si no quieres ser mecánico como tus dos hermanos y como yo, búscate un trabajo”. Me fui a un supermercado de mi barrio y trabajé desde los once a los dieciocho años, cada tarde al salir de la escuela, sábados mañana y tarde y los domingos por la mañana. A los diecisiete años intenté entrar en la Editorial Juventud, por Tintín, y me entrevistó una nieta del fundador quien me dijo «te va a saber a poco».

Intenté entrar en la editorial Juventud y entré en filología alemana. Leía muchos libros y encontré trabajo como promotor universitario. He trabajado en Alemania y en Estados Unidos. He trabajado para los cuatro grupos editoriales más grandes, de las cuatro lenguas más grandes del mundo y en 2007, a mis 45 años,  Plataforma Editorial.

Enhorabuena, esa trayectoria es envidiable.

No concibo el éxito sin Max Weber. Las tres claves de Plataforma son, a mi juicio, las siguientes: trabajo, talento del equipo y de autores y la suerte.

Sois una editorial muy humana.

Intentamos ser fieles al lema de la editorial y editar libros con autenticidad y sentido.

Si pudieras volver al pasado y encontrarte con el pequeños Jordi de 16 años, ¿qué consejo te darías?

«Suave, sé suave. Tranquilo, baja el pistón». Sería otra persona.

Dime un libro que te haya cambiado la vida.

El primer hombre de Albert Camus.

¿Y una película?

Me gusta mucho el cine, mucho, mucho… me vienen diez a la cabeza, pero te diré una América de Elia Kazan, pero podía haber dicho El Evangelio según san Mateo de Pasolini. El cine me hace llorar, el cine es algo grandioso, Ikiru (Vivir) de Kurosawa, El Séptimo Sello o El Manantial de la Doncella de Bergman, me conmueven profundamente.

¿Un libro es mejor que la película basada en el libro o depende de la película y el libro?

Al este del Edén, la película de John Ford, es una maravilla pero leer el libro es tanto más grande en general. Se pueden hacer cosas muy buenas en peli, Tolkien, El señor de los anillos, es inmenso.

¿Y es mejor leer el libro antes o después?

Antes… y luego ver la película. El libro antes siempre. En Las uvas de la IraSteinbeck narra cuando Tom sale de la prisión, llega a casa, sin que sepan que lo han soltado, y ve a su madre, la describe… ¿Te puedo leer un párrafo?

Por favor, adelante…

Tom se quedó parado mirando. Su madre era una mujer de constitución recia, pero no estaba gruesa; su corpulencia era más bien el resultado de los embarazos, la crianza de los hijos y el trabajo duro. Llevaba puesto un vestido suelto de percal, que en su día había sido estampado pero que ya estaba completamente descolorido de modo que las florecitas de colores solo tenían un gris más claro que el del fondo, el vestido le llegaba a los tobillos, los pies anchos y descalzos se movían con firmeza, rápidos sobre los tablones del suelo, el cabello fino y de color gris acero estaba recogido en un moño pequeño, ralo, pegado a la nuca, los brazos fuertes y cubiertos de pecas estaban desnudos hasta el codo y sus manos eran regordetas y delicadas, como las de una niña rellenita, miró afuera, al sol, su cara ancha no era dulce, era amablemente contenida, los ojos color avellana parecían haber experimentado todas las tragedias posibles y haber subido los peldaños del dolor y del sufrimiento hasta alcanzar una calma suprema y una comprensión sobrehumana, parecía conocer y aceptar de buen grado su posición de baluarte de la familia, la plaza fuerte que nunca caería en manos del enemigo y como ni su marido, el viejo Tom, ni sus hijos eran capaces de conocer la tribulación o el miedo mientras ella no lo reconociera, tenía harta práctica en negarlos en ella misma y como cuando sucedía algo alegre, marido e hijos la miraban para saber si la alegría la invadía, ella había adquirido de sacar risa y alegría del material menos adecuado, pero mejor que su alegría era su calma, se podía contar siempre con su imperturbabilidad y de su posición elevada y modesta en la familia había sacado la dignidad y la belleza limpia y sosegada que la acompañaban, de su posición de sanadora habían ganado sus manos confianza, tranquilidad y calma, y de su posición de arbitro había desarrollado el juicio distante e impecable de una Diosa, parecía saber que si ella vacilaba la familia se tambaleaba y si alguna vez llegaba a flaquear o a desesperar se le venía abajo la voluntad de la familia de funcionar como tal.

Tras escuchar semejante narración se hizo el silencio y decidimos que ese era el mejor momento para acabar la entrevista. Todavía con lágrimas en los ojos, le di las gracias y nos dijimos adiós .Muchísimas gracias, querido Jordi.

Entrevista realizada por Jose Mª Escudero Ramos el 27 de noviembre de 2020

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