La casa donde vivía

Hace poco tuve la oportunidad de volver a la casa donde viví de pequeño. Lo que antes era un enorme terreno, se me hacía extenso y sin fin, cuando lo volví a ver de mayor lo sentí pequeño. Es impresionante el cambio de perspectivas según crecemos.

Algo tan banal y sin importancia como un parque donde los amigos pasábamos las horas mientras nuestras madres charlaban y no nos quitaban ojo, cobra su verdadero tamaño según vamos creciendo…ahora es cuando me pongo a pensar ¿no pasará lo mismo con nuestros sentimientos? Todavía sigo enamorado de esa chica a la que nunca me atreví pedir salir, incluso puede que ese amor lo haga inmenso como el parque en el que jugaba. De la misma forma los odios o los actos no perdonados se pueden amplificar en el tiempo si no los hemos solucionado en el momento en le que pasó, es a lo que se refiere la frase hacer una montaña de un grano de arena. Enfrentarse a las cosas que nos hieren, lo antes posible, puede evitar malgastar toda una vida odiando en lugar de amando. Y hasta podíamos haber  sido buenos amigos. Recuerdo, ahora que estoy nostálgico, una serie de Tv llamada Kain and Abel, dos personas cuyas vidas se cruzaron en el momento justo. Uno era inmigrante pobre pero muy emprendedor, fue a pedir dinero a un banco para montar un hotel, allí se conocieron. El banquero tuvo que denegar el préstamo al emprendedor, con todo su dolor. El emprendedor consiguió el dinero por otro lado gracias a un préstamo anónimo, montó su negocio y creció, se enriqueció y no dejó de odiar al banquero ni un solo día, siempre que tenía oportunidad se lo recordaba. Cuando el banquero murió, el emprendedor recibió una carta donde se le informaba que su “enemigo” de toda la vida fue quien le prestó su dinero personal para que este montase su sueño. ¡Podían haber sido amigos! Pero en lugar de eso eligió el camino del odio, un odio desproporcionado, el cual creció como el recuerdo de un inmenso jardín de nuestras infancias…que duras son las realidades cuando se vuelve la vista atrás y no se está preparado para asumir nuestro propio crecimiento. Eso será vértigo, digo yo, asusta aún más comprobar como un sentimiento no enfrentado puede enquistarse por el resto de la vida. Qué diferente hubiese sido todo si llegamos a perdonar y olvidar a tiempo en lugar de recordar el odio que se siente  sin recordar si quiera por qué y si todavía lo recuerdas, olvídalo y perdona. Vivirás más ligero disfrutando del verdadero jardín sin límites, paraíso que existe en tu interior.

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