La mascletá

He estado en las Festes de la Magdalena en Castellón, he vuelto a presenciar una mascletá. He de decir que me impacta mucho todo lo que es el sonido, las vibraciones de las explosiones sucesivas de petardos. Me ocurre una cosa con este tipo de festejos, al igual que los fuegos artificiales, me siento como si estuviese en una ciudad bombardeada. Fue después de la  primera guerra del Golfo en 1991, fui con unos amigos a las Fallas de Valencia, después de ver en televisión los bombardeos a Bagdag, la CNN los emitía en directo como el que retransmite un partido de futbol, la única diferencia es que en vez de cantar goles, yo escuchaba sirenas de sufrimiento y lamentos de familias invadidas por el ejercito de la paz, pero que los ciudadanos sufrían lo mismo por la paz que por la guerra. Yo en esa época era pacifista pero no estaba tan metido en temas espirituales, energéticos, y juzgaba mucho, y sentía el dolor. Ese dolor que se me ha quedado impregnado en el karma, y digo bien. Cada año que tenía que estar “presente” en Fallas, en hogueras de San Juan o ahora en la Magdalena, caían lágrimas de sufrimiento, asumía que en otra vida podía haber muerto en algún bombardeo pero no, este fin de semana he entendido que, sin vivirlo enot vida, he hecho míos los sufrimientos de los que han lanzado esas bombas, los arrepentidos que una vez son conscientes del dolor que han provocado, no pueden con los remordimientos.

Me contó Nieves, que después de la guerra de Bosnia, se traían a Valencia a unos niños cada verano para que se alejaran de ese sufrimiento de la postguerra cruel. El primer recibimiento fue por todo lo alto como lo hacen en Levante, con una mascletá y fuegos ratifícales, que en cuanto oyeron los niños corrieron despavoridos fruto de la programada doctrina de shoc. Cuando me lo contaba fue cuando asumí mi papel de verdugo y lo integré. Yo provoqué, provoco, sufrimiento.

Otra amiga, Alicia, me dijo que el sentido de los fuegos ahora es espantar lo malo del invierno para que venga lo bueno de la primavera, yendo más allá, podemos decir que los fuegos espantan las energías malas para dejar que vengan las buenas.

Así, dejando que se vaya lo malo, integré mis sufrimientos que no me correspondían. Entendí algo que vengo diciendo tiempo atrás, hasta el que creemos es el peor de los verdugos en este plano terrenal, puede ser un inmenso ser de luz muy evolucionado en el plano energético en el que todos estamos cuando abandonamos este cascarón llamado cuerpo humano.

Me encantan los fuegos y la mascletá, hasta he cogido gusto a estar escuchando petardos cada minuto, aunque todavía escuché el sonido de un disparo o de unas bombas cayendo sobre población civil.

Todo pasa por algo, el sentido de la UNICIDAD es entenderlo e integrar las sombras y las luces. No se trata de negar el mal, se trata de entender que para que haya luz tiene que haber sombra, para que haya bien tiene que haber mal.

Ahora ¿qué es el mal? si algo te causa dolor pero el resultado es que despiertas a la trascendencia…¿entonces se puede considerar malo?

Bienvenida toda experiencia que nos haga desperar y evolucionar, esas son las que tenemos que agradecer desde el corazón.

1 comentario en “La mascletá

  1. Anonimo

    Hola Jose
    Hay que ver como cada uno nos montamos nuestra propia pelicula para que podamos entender nuestro sentir. Todo es para algo y si estamos en el camino de la evolucion, hasta ese dolor nos hace avanzar en nuestro propio beneficio.
    Donde unos viven simple fiesta, otros viven sufrimiento, pues para algo sera.
    Yo soy de los que no hago el sufrimiento ajeno mio, sin embargo entiendo ese sentir, ya que antes lo he vivido como tu dices. Padeciendo incluso mas, que aquel que lo vive en primera persona. Mi experiencia me dice que asi no les ayudo, ni a mi tampoco, por lo que si algo esta en mi mano lo hago y sino pues lo dejo pasar.
    Me encanta los petardos je je y los disfruto desde el festejo.
    Quizas la proxima vez lo vivas de otro modo, si ya tienes el aspecto sanado.
    Feliz nueva mascleta

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