Leprocomio de Santa Isabel

Leprocomio de Santa Isabel: Hospital y residencia donde se atiende tanto a enfermos de Lepra como a pacientes psiquiátricos.

 

Primera parte escrita por Desam. Ferrández

 

Benditas las oportunidades que nos pone el universo.

El domingo tuve la oportunidad de visitar el hospital leprocomio de Santa Isabel en la localidad de Sapucai, en compañía de amigos. Me sorprendió gratamente el ver un lugar tan hermoso, el jardín es un gozo para la vista donde encuentras todo tipo de flores, incluidas orquídeas que tanto me gustan, salpicando un pasto verde y bien cuidado. Cuentan con un pequeño huerto que atienden los mismos residentes, sirviéndoles de entretenimiento a la vez que lo utilizan para su propio sustento, mientras enriquecen con su cariño los alimentos que comen todos los que comparten, día a día, este tranquilo lugar.

Cuando vas a hacer una visita de este estilo, donde no conoces a nadie y va a ser el primer contacto, uno va con cautela porque lo que menos queremos es molestar. Llamamos con antelación para informarnos en que podemos colaborar, así hacemos nuestra visita más efectiva. Nos dicen lo que necesitan y nos muestran su agrado por la iniciativa de compartir una mañana de domingo con ellos.

Nos disponemos para dicha excursión. Aunque no voy con expectativas, mi mente siempre imagina y le gusta elucubrar sobre infinitas posibilidades. Empezamos nuestra visita acompañados de una trabajadora muy amable que nos acompaña a los aposentos de los residentes, entablamos conservación enseguida, son personitas muy amables y agradecen un poco de conversación. Las habitaciones limpias y recogidas nos acogen con la misma sencillez que sus moradores, corazones sonrientes que comparten miradas con nosotros, sus ojos cansados expresan sabiduría. Me gustaría quedarme aquí con ellos, sentada a su lado y que me cuenten mil y una batallas entre risas, sin dientes pero con manos cálidas, algunas de ellas muy trabajadas.

La paz que se siente aquí me seduce, estas almas atraen a la mía hasta tal punto que me gustaría parar el tiempo para seguir viviendo esta experiencia única, ya que aunque vuelva otro día de visita seguro que no será igual.

El recinto esta lleno de carteles con mensajes  hermosos, uno que me encanto dice “La paz comienza con una sonrisa” me imagino paseos bucólicos rodeada de mensajes de amor y de paz.

Mis amigos se sienten igual de bien que yo, parece que a todos nos gusta escuchar y acariciar unos dedos suaves o unas manos temblorosas, esa es otra sorpresa grata que me llevo hoy, y es nunca sabes como va a actuar tus acompañantes y a ellos al igual que a mi, hubo historias, narradas por los propios residentes, que nos llegaron muy hondo; son humanos valientes y con un gran bagaje, algunos todavía trabajan, haciendo que su tiempo sea mas ameno a la vez que utilizan dicho entretenimiento en terapia mental y corporal sin ni siquiera saberlo.

Al final de la visita mi pareja me lleva a abrazar un árbol y con los ojos inundados por la emoción, damos gracias por esta oportunidad y por, como él dice, hacer que las cosas sucedan. Involucrar a más ángeles es un regalo que el universo nos da. Nos abrazamos en silencio, con alguna lagrimilla recorriendo nuestras mejillas y es que en esos momentos donde sentimos la misma energía, las palabras no son necesarias.

Nos marchamos con el mismo respeto con el que entramos, no sin antes preguntar a la hermana Juana si seria posible venir aquí a cooperar trabajando de lo que fuera y para mi tristeza dice que no esta permitido.

 

Muchas gracias a esa energía que nos mueve a estos lugares tan calidos.

Y muchas gracias a los acompañantes que tuve el domingo por querer compartir un día tan diferente conmigo.

El mundo es ese lugar donde puedes actuar  teniendo la posibilidad de interpretar varios papeles diferentes según te  levantes, ¿qué papel quieres vivir hoy? Elige los actores y el resultado será magnífico, como hoy.

2ª parte escrita por Jose Escudero Ramos Escrito

 

Voy a continuar con lo que yo he visto.

Desde mi humilde posición he apreciado que cada uno de los que hemos ido al leprocomio lo hemos hecho por diferentes motivos. Además cada uno lo ha vivido de diferente forma, no sólo por las expectativas que se podían tener antes de venir sino por la vida que cada uno ha vivido hasta el día de hoy. Para Juan Carlos ha sido duro porque se ha encontrado con un vecino de su municipalidad, un hombre abandonado por su familia. Juan Carlos quiere ayudarle a encontrar a sus parientes, y es que aquí, por el hecho de ser leproso, te abandonan tus seres queridos, por eso cuando un visitante es  asiduo se convierte en “familia”, haciéndote sentir importante por ello.

Para Gabi ha sido especial porque ha sentido alguna alma cercana a ella.

El pequeño Benja ha vivido una experiencia muy enriquecedora con una naturalidad fresca, divina, alegre.

Leti se ha sentido querida al ser recordada por algunos de los residentes.

Víctor observa y analiza, en silencio registra cada palabra que escucha, cada movimiento que ve.

Desam no para de hablar y preguntar. Está feliz, al igual que Analía.

Danny observa, desde una posición neutra, a su mujer y a su hijo, entre protector y espectador. Deja que cada uno sienta lo que tenga que sentir.

Yo me siento feliz porque justo antes de entrar, la hermana Juana y yo nos cruzamos las miradas con una intensidad brutal, sintiendo como nuestras viejas almas se reconocen.  Tras unos segundos de silencio me dice: “Tú tienes un corazón enorme”…y  tú, hermana, y tú.

Fue una hermosa mañana de domingo en la que nuestra guía se llamaba Luz y un niño que corretea por el pabellón de las mujeres se llama Ángel. ¿Queremos más señales?

Es todo tan hermoso en el lugar de los “olvidados” que uno quisiera quedarse aquí para poder perderse entre los nadie y encontrarse en medio de la nada del no ser.

Un paseo meditativo entre los frondosos bosques verdes y marrones, el hermoso cielo azul y esos carteles llenos de mensajes positivos.

Hemos conocido a personas muy hermosas en un largo día lleno de emociones. Hemos podido sentir el amor que nos tenemos, hemos sentido la divina gracia de ser humano.

Hemos regresado a casa con un barquito de papel que nos hará navegar en el mar de la gratitud por el resto de nuestras vidas.

Las energías nos han movido hasta aquí para que se muevan nuestras energías, ¿hemos creado nosotros este momento o nos lo han creado? ¿somos todos esa unicidad del río de la vida?

Lo que hemos sentido hoy no se nos va a olvidar jamás, será nuestra visita obligada cada vez que volvamos a Paraguay.

El leprocomio de Santa Isabel, el lugar donde descansan los sueños.

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