Lesión de gran aprendizaje

Domingo por la mañana, he quedado para correr con mi amigo Luis. Él corre el doble de rápido que yo pero no le importa entrenar conmigo, va a mi ritmo, hablamos y reímos.

Nuestra idea es hacer unos 20 kilómetros. Salgo de casa, le pasó a recoger, trotando, y seguimos. Es muy temprano, de noche todavía. Las calles, cada vez menos iluminadas para hacer un ahorro energético un tanto incomprensible, no se ven muy bien.

Salimos sin rumbo fijo. Nuestro instinto nos dice de ir por Bravo Murillo hacia la Dehesa de la villa, ha llovido y seguro que nos encontramos con barro.

Vamos por la acera, los adoquines no ayudan a la pisada, los puntos, los cuadrados, todo molesta. Hace  mucho frío, eso tampoco ayuda a correr descalzo.

Corriendo por la acera Luis pisa un cristal se oye el sonido característico de su crujir. Comentamos “Si lo llego a pisar yo, la que hubiéramos liado”… seguimos corriendo. Llegamos a la zona de ramas y barro de la Dehesa. Cuesta arriba y abajo. Seguimos disfrutando como niños. Llevábamos unos 6 kilómetros y noto algo en el píe. Paro y me miro la planta del pie derecho. Tengo algo, como una herida. Me molesta mucho pero estamos lejos del metro. Me pregunta que si paramos, respondo que no. Intento buscar una superficie con menos textura y piedras para poder correr bien. Voy por una delgada línea de césped y piedras. Pasamos por la Ciudad Universitaria. Noto mi rodilla de una manera especial, al no poder pisar bien la rótula se resiente, siento su girar, es como si mis sentidos estuviesen en alerta, muy sensibles. Nunca había sentido así mi interior, mis huesos y músculos.  Es increíble como noto mi cuerpo.  El gemelo se carga mucho. Sigo pisando mal. Por el carril bici me encuentro muchas piedrecitas. Seguimos por la Avda. de Valladolid, por donde pasa una parte importante  del maratón.  El terreno es horrible, he pasado por el frescor del césped, por el asfalto lija anti derrapante, por aceras sucias… Siento una especie de falsa ciática. ¿Qué raro?

Una inmensa recta sin fin. Subimos por la cuesta de San Vicente, Rosales, José Abascal.  Casi 18 km desde que salí de casa. 11 km desde que me miré la planta del pie. Seguía con mi herida pero no iba a más. Me miro el otro pie y tengo un cristal muy bien clavado, bien porque estaba en un lado y no perjudicaba a la pisada. Me lo quito, sangro un poco y comentamos como puede doler más el pie que no tiene nada. Y reímos. Inocente que soy.

Voy a casa y me lavo con agua y jabón. Tomo Rescue Remedy de las Flores de Bach y me pongo un par de gotas en la herida. Veo algo oscuro pero como no veo bien creo que es sangre. Espero que se cierre la herida  para el próximo domingo que tengo una carrera.

Durante todo el día camino mucho, siento mucho dolor pero entiendo que es normal, ¿Qué habré pisado? Siento mi cuerpo como reacciona para defender al intruso elemento, sea el que sea. Me bajan las defensa, también siento cansancio y un poco de catarro. Mi cara es pálida y parezco un muerto, con ojeras y todo. Noto el pisar mal y su repercusión en todo el lado derecho del cuerpo.

A la mañana  siguiente me duele mucho, no puedo poner el pie bien en el suelo, me hurgo y me quito tres pequeñas chinitas, estaban dentro del pie, debajo de la capa de carne. Veo lo mismo oscuro de ayer, sigo pensando que es sangre. Intento quitarla pero no puedo. Me quito una astilla de cristal de otra parte del pie.

El martes por la noche, pido a mi hija de 12 años que me mire el pie y me dice que lo que yo creí era un cuagulito de sangre es un cristal. Intentamos quitarlo pero se resiste. Hacemos presión para un lado y el otro. “¿Te duele, papá?”  me pregunta ”sí, hija, eres muy valiente, esto no lo hace cualquiera. Si quieres voy a urgencias” digo y claro un no rotundo me responde. Y seguimos haciendo malabarismos para quitar lo que tengo en el pie. Es impresionante la sangre fría de María. Me quita un cristal de un centímetro cuadrado que tenía clavado durante tres días en la planta del píe. Y ya que nos ponemos me busca más y me quita otros dos, una astilla y otro un poco más grande. Siento el alivio. Hago reflexión de los dolores que he tenido estos tres días y me maravillo de la máquina ser humano. Es increíble. Me maravilla mi hija haciendo de Rambo, con sangre fría y muy buenas manos. Sabe que no me gusta ir al médico ni a los hospitales y ha aprendido a que el umbral del dolor se pude situar muy alto. Todo pasa  y se soporta.

Un detalle hermoso ha sido como me he ido dándome Reiki, visualizando las células empujando fuera del organimso lo que no nos correspondía…y realmente las he visto empujando fuera de los píes cada cristal que estaba clavado en ellos. El reiki ha ayudado mucho a sentir y soltarlo fuera. Es todo muy hermoso cuando tenemos la consciencia del poder y la utilizamos para bien.

Ahora tengo miedo de volver a correr descalzo, he de hacerlo lo antes posible. De momento estoy esperando que se cierre bien la herida y el domingo correré con huaraches.

El talón tiene un significado y lesionarme el talón derecho intuí que significaba el dar un paso adelante en el terreno profesional.

Luego lo consulté con mi hada particular y efectivamente.

Gracias, universo, por poder ver los mensajes que me mandas.

Gracias, Luis, por acompañarme en mis locuras.

Gracias, María y Des, por cuidarme.

¡He aprendido tanto esta semana!.

 

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1 comentario en “Lesión de gran aprendizaje

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