Otra noche más que buena, mágica

#ProyectoBelén2018 es más algo más que dar alimento.

Hace unas semanas que nuestra amiga y compañera de aventuras, Marta, nos contó que un centro de yoga quería cambiar las esterillas viejas por unas nuevas y que ha pedido al dueño que las donen para que podamos repartirlas entre los Sin Techo de Madrid para que las puedan usar de aislantes del frío.

Hasta este jueves 8 de noviembre, víspera de fiesta, no hemos podido repartirlas, justo en una noche fría de Madrid.

También llevamos caldo de verduras calentito en unos termos que traje de Paraguay, uno de ellos regalo de unas muy buenas amigas. También repartimos algo de comer como magdalenas, galletas y polvorones.

Dejamos fluir y vamos a los lugares donde  el universo sabe que es donde más se necesita.

Aparcamos cerca de la estación de Príncipe Pío, como las esterillas pesan y abultan no nos llevamos todas. Nada más bajarnos del coche empieza a llover fuerte y hace bastante sensación de frío. ¡Qué bien van a sentar el caldo y las esterillas!

Vamos a un primer punto donde suelen juntarse algunos sin techo pero por la lluvia no hay nadie allí hoy. Nos dirigimos a otra zona debajo de un puente. Allí vemos a unos gitanos rumanos a quienes ofrecemos nuestras viandas y los aislantes. Unos aceptan los presentes y otros no, todo está bien. Aunque es pronto algunos ya está durmiendo a pesar del ruido ensordecedor que hace ahí, debajo de ese puente.

Continuamos hacía el siguiente destino. Vemos a un hombre en la puerta de un edifico religioso, no parece que esté pidiendo, lo cierto es que está refugiándose de la lluvia debajo del quicio de una puerta. Le preguntamos si sabe de gente que duerme en la calle por esta zona y nos dice que sus compañeros no están por la lluvia, haciéndonos saber que él necesita lo que le podamos dar. Le ofrecemos caldo pero dice que no porque no come cerdo y le digo que es de verduras “!entonces sí!” nos dice con una sonrisa que ilumina su rostro. También le damos una esterilla. Le vemos feliz. Hablamos un rato con él porque, por otras experiencias, sabemos que muchas veces quieren hablar y ser escuchados más que la comida y como a los tres que vamos, Marta,  Luis y yo, nos encanta hablar y escuchar, pues no nos resulta difícil mantener unas buenas conversaciones con estas personas que tienen tanto que contar, nos encanta escucharles a pesar de la dureza de algunos relatos.

Continuamos hacia los bajos de la plaza de los Cubos. Allí vemos un contraste brutal, jóvenes de botellón, fumando y gritando mientras otros viven escondidos tras cajas de cartón. El frío por la corriente que hay en ese pasadizo y el ruido de la gente corriente que por allí pasa, hacen de este espacio algo muy incomodo para estar. A veces hay hasta peleas, nos dicen más tarde.

Pasamos en silencio entre las cajas que hacen de habitáculos intentando no hacer ruido para no interferir en sus ¿sueños de vida o pesadillas de realidad? de pronto llega un operario de limpieza y empieza a gritar “café caliente ¿Quién quiere café? Y nosotros al unísono “es caldo, no café”.

Hablamos con estas personas tan lindas, cada uno tiene una historia que contar. Nos invitaron a una manifestación el día 25 de noviembre para reivindicar la existencia de los Sin Techo, que parece que no existen, hoy lo hemos comprobado, hablando con ellos mientras unos jóvenes disfrutan de un ruidoso ocio en esa emblemática plaza de Madrid.

Repartimos comida y todas las esterillas que llevamos, así que toca volver al coche a por más. Una vez en él, decidimos ir a otro sitio, así que dejamos fluir y nos vamos hacía Arapiles pero al pasar por San Bernardo, según nos acercamos, Luis observa un sin techo resguardado en un recoveco cerca de dicha glorieta.

Encontramos aparcamiento al lado y nos vamos hacia la persona que Luis ha visto, le damos un caldo, un poco de charla y a disfrutar. De nuevo preguntamos y nos indica donde hay más gente que viva en estas condiciones extremas, en la calle paralela.

Caminamos por esa calle con algo de prudencia, hay muchas cajas de cartón resguardadas por los balcones del edificio. Están cerradas o cubiertas. Los Sin techo que hay fuera de las cajas, que hacen de hogar, se cubren como pueden para protegerse del frío y la lluvia.

Repartimos un poco de todo y lo mismo, unos quieren y otros no. Nos piden bocadillos pero en esta ocasión no tenemos.

Seguimos calle arriba,  hace mucha corriente. Nos encontramos a una pareja y dos jóvenes más. Les ofrecemos lo que tenemos, ya queda poco. Según estamos hablando con ellos se acercan más personas. Nos quedamos sin caldo ni esterillas para poder dar a todos. Entre ellos se reparten lo que pueden. Nos piden ropa, mantas, bocadillos y café y les decimos que para la próxima vez, traeremos. “Y chocolate” pide uno.

Hablamos  con Edu, Laura, Raúl y otros  amigos cuyos nombres no he podido retener. Una conversación alegre, sincera, amorosa.

Marta, Luis y yo nos despedimos y nos vamos con la promesa de volver.

Tras la bella tarde-noche que hemos pasado, nos quedamos charlando de todo lo vivido y Marta dice, muy a tiempo, que se ha quedado con pena de no haber llevado bocadillos hoy y nos propuso ir a comprar a un Express algo más de comida. A todos nos gustó la idea y allí que fuimos, a por pan, jamón, pavo (para los que no comen cerdo) queso y…chocolate.

Volvimos y coincidimos con otro grupo de una asociación, creo que se llama “Solidarios” que estaban repartiendo café y bocatas.  Serían las 10:30 de la noche.

Nuestros amigos nos recibieron con mucha alegría “!habéis vuelto!” Y les dimos los ingredientes para que ellos hicieran los bocatas, eso sí, les pedimos que hicieran uno para otro sin techo, el que nos dijo que en ésta calle había un buen grupo de personas más compartiendo frío, lluvia y estrellas.

Dejamos el bocadillo que nuestros amigos prepararon al hombre que estaba sólo en la “calle paralela” y de nuevo nos fuimos agradeciendo… y muy satisfechos.

La idea de repartir esterillas ha sido genial.

Invitamos a todos los centros de yoga, Pilates, taichi, etc, que vayan a cambiar las esterillas, que den una segunda vida a las usadas, para que los sin techo puedan aislarse del frío del suelo a la vez que les aproximamos el calor de nuestros corazones. También nos las podéis hacer llegar a nosotros o las repartimos juntos.

También queremos invitar a todo aquel que quiera unirse a la próxima salida que hagamos, contactad con nosotros.

Hemos encontrado más personas ahora que en Nochebuena, por suerte esa noche hay menos necesidad…bueno la necesidad es mía, no quiero pasar una nochebuena sólo y me encanta que las personas que viven en la calle, compartan esa noche conmigo, con nosotros.

Gracias por hacer posible que el amor se expanda, quizás sea ese el sentido de nuestra existencia, el de ser ángeles para otras personas. En el caso del día de hoy lo tengo claro, todos los Sin techo son esos ángeles que hacen que algunos saquemos lo mejor de nosotros mismos.

Gracias por existir.

Gracias por compartir.

Gracias por ser Amor.

3 comentarios en “Otra noche más que buena, mágica

  1. Marta Ferreiro

    Gracias por compartir su experiencia! Me acerca a una realidad muchas veces oculta. .. o que no sé ver….
    Cuánta humanidad hay detrás de una esterilla o un caldo de sopa caliente dados con tanta sencillez!
    Contagia esperanza y deseo de imitar!

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  2. Belén Garcia

    Fantástica acción. Estas pequeñas cosas cambian y mejoran la vida de mucha gente. Gracias mil por compartir. Me encanta vuestra propuesta. Cuando cambiemos las esterilla del Estudio de Pilates ya se lo que vamos a hacer con ellas

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