Ponerse en la piel del otro.

Últimamente me estoy dando cuenta que incluso los que nos creemos que vivimos en una frecuencia más alta que el resto de la humanidad vivimos en una constante incoherencia. Conocemos tantas teorías que no sabemos por dónde empezar a vivir con nuestro propio ejemplo.

Me voy a intentar explicar.

Teoría:

  • Ponte en la piel del otro, calza sus zapatos, sigue sus huellas, lleva su cruz, viste su ropa…elige la metáfora que prefieres según tu ideología o religión.
  • Vive sin emitir juicios, como un observador.
  • Ama más a quien más lo necesita
  • Somos todos lo mismo, si das una bofetada a tu prójimo te las estas dando a ti.

Ser empático no es sufrir lo que soporta un enfermo o una persona que sufre. La empatía es, según la RAE, la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro, es decir, nos identificamos pero no debemos hacer nuestros sus sufrimientos, sino llevar a esa persona a la frecuencia determinada para que deje de tener apego a los sentimientos limitantes pero evolutivos de dolor o pena. No debemos hacer que deje de sufrir, eso es incluso perjudicial,  el dolor, el duelo, son parte de la evolución. Tenemos que ayudar a que asimile cada situación, a que la abrace, la deje ir y permita que lleguen nuevos sentimientos más placenteros e igual de evolutivos. Todo está en la comprensión y en la coherencia. Palabras como “pobrecillo” o frases como “hay que ve lo que está pasando” son terribles porque está emitiendo un juicio y está situando, le estamos dando fuerza a ese estado de ánimo que seguro al 100 %, pasará. Y pasará en cuanto le dejemos de dar ese énfasis que le refuerza.

Nos empeñamos en decir la última palabra y muchas veces lo realmente importante es escuchar, y permitir que se escuchen. La respuesta a las preguntas que nos hacemos las tenemos nosotros mismos pero nuestro ruido mental no nos permite escucharlas.

Es muy difícil vivir sin emitir juicios, ayer mismo estaba hablando con una amiga y, mientras paseábamos por una calle llena de vagabundos, comentaba yo que me encantaría tener dinero para poder traer comida a todas estas personas. Mi amiga me respondió que ella no, que muchos de ellos te la tiran al suelo e incluso te intentan pegar. Entablamos una buena conversación sobre si son unos locos o unos iluminados, si están enfermos por las drogas o por cualquier otra situación. Mi conclusión es que “ama más a quien más lo necesite”. Si a uno de ellos les das posibilidad de trabajo, de casa y comida y no la quiere, puede ser precisamente porque no quiere entrar al “sistema” del que nosotros queremos salir. Esa persona, siempre que no use la violencia, tendrá toda mi admiración y si usase la violencia, tendría toda mi compasión, y no le dejaría de ayudar, todo lo contrario, pues en ese caso un ser haría que cambiase yo y todos mis principios, y eso es mucho cambio.

Al final, y haciendo una mezcla de varias ideologías, si todos somos lo mismo, el principio de la Unicidad, la Unidad, mi yo “pecador” ha de entender los otros “pecadores” pues yo soy tú y tú eres yo. Si emito un juicio sobre ti lo estoy diciendo a mí mismo. Si yo provoco y permito lo que me pasa, yo elijo mis realidades en base a un sinfín de posibilidades, y si el tiempo no existe nada más que en este plano de tres dimensiones, todo lo que pasará ya pasó y además todo está bien. ¿Quién soy yo para juzgar, si tú y yo somos parte de esa energía que a todos, todos, nos une y que se llama AMOR INCONDICIONAL. En la física cuántica está representado, analizado y catalogado como Átomo Cuántico, me encanta. Eso se lo escucha  a Amit Goswami y me convenció para convertirme en Activista cuántico.

 ¿Quieres que te enseñe un átomo cuántico? Has el siguiente ejercicio: Frota las palmas de las manos. Vas a sentir un cosquilleo, separas en paralelo las manos, dejando un espacio pequeño entre ambas palmas. Ya está, ahí lo tienes…no se puede ver. Es un vórtice de energía que va a tal velocidad que no se puede ver… pero es, existe. Eso es Ciencia y espiritualidad.

Después de todo esto voy a intentar ponerme en la piel del prójimo antes de juzgar, etiquetar o crear mis realidades porque nunca se sabe a ciencia cierta nada, pero lo que si tengo claro es que si doy de comer a ese vagabundo, me doy de comer a mí. ¡qué aproveche, maestro!

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