ReikiReiki en la vida cotidiana

Reiki en el camino

Desam. Ferrández Doménech, Madrid, 22 de julio de 2026

Fotografía: www.escuderoramos.com

¿Cuándo fue la última vez que te diste auto Reiki?

¿Cuándo fue tu último Reiki en movimiento?

Te cuento mi última experiencia.

Un día de julio de 2026. Viaje por Murcia… Un viaje flexible con coche, quiero decir que no tenemos nada reservado y donde nos apetece, nos quedamos.

Queremos hacer el último tramo del Camino de la Cruz de Caravaca, desde Bullas hasta Caravaca de la Cruz. 21 kilómetros, más uno que va desde el albergue donde pasamos la noche hasta el comienzo de la Vía Verde desde donde parte esta etapa del Camino. 

Sólo hacemos el último tramo porque yo no estoy preparada, 21 km me atrevo pero 21 km todos los días durante 5 o 6 consecutivos, pues no. El verano me pilló sin preparación, sin embargo, como me gusta caminar, sentir, observar, adentrarme en esos caminos maravillosos donde disfruto de los baños de árboles que reconfortan tanto el alma como la mente, me animo a hacer este tramo.

Estamos en marcha a las 6:30 A.M. Empezamos pronto porque el calor es intenso y según las guías el recorrido nos llevará mínimo cinco horas y media.

Parece ser que los miedos y las dudas también madrugan; nada más comenzar el camino me viene un dolor en la rodilla izquierda que me pone en alerta. «Pues igual tengo que abandonar; igual no acabo; igual son muchas horas; igual llego agotada». Un sinfín de dudas y de miedos me asaltan pero las ganas pueden a todo eso. Me digo: «ahora es momento de Reiki.»

Es algo que ya lo he hecho en otros caminos y me gusta muchísimo, en medio del baño de árboles, con mis hermanos verdes al lado, acariciándoles las hojas mientras recibo esa maravillosa energía. Me encanta. 

Así que me ofrezco un Reiki en movimiento. En cuanto invoco la energía Reiki, aparece. Cuando la envío desde la cabeza ya la siento fluir por el cuerpo como si hubiera cogido un cubo de agua lleno de energía y me lo hubiera arrojado directamente desde la cabeza a los pies, mi sensación es que no toca ni las células, inmediatamente me inundó los pies, ¡bua, qué cantidad de energía, madre mía, qué intensa! Visualizo esa misma energía como va subiendo y va llenando todo mi interior. Va por todas las células y los órganos, subiendo hasta la cabeza, rellenando todos los huecos que encuentra por el camino.  Presto atención a la rodilla dolorida y me doy cuenta de que ya no hay el mismo dolor, se ha suavizado, parece ser que el movimiento la ha ido lubricando y deja de doler. Pero aparece un dolor en el pie izquierdo, ese pie, desde que hace dos años tuve unas fracturas en los metas, se carga, se resiente y duele. Me digo «no puede ser que ahora el dolor pase a otro sitio». Me concentro, sigo con el Reiki. Continúo visualizando como sube esta maravillosa energía, ofreciendo primero para mi interior: órganos, músculos, etc; luego para mi exterior: la piel, el pelo…

Sigo caminando en silencio, visualizando, sintiendo, escuchando las señales del cuerpo. Entonces aprecio que el dolor del pie se disipa. No, no voy a abandonar a mitad y salirme del camino, eso no es opción, entonces aparece otro dolor en la rodilla derecha ¿En serio? Bueno, no hay otra, más que continuar con el Reiki.

Me he ofrecido Reiki para lo que mi ser interno necesite en ese instante y mientras dure todo el camino, además, si necesita un chute de energía extra que la reciba en el momento preciso. Continúo. Ya estoy enviándome energía Reiki al aura, me envuelvo en una esfera rosa palo, me abrazo y me digo lo maravillosa que soy.

Veo un almendro que en este momento tiene almendras, todavía con la cáscara verde; las veo tan redonditas que pienso en la panza de una mujer, la mujer con su bebé dentro; la almendra con su bebé dentro. En un momento dado esa piel verde se secará y entonces caerá el fruto que ha llevado en su cascarita durante un tiempo. Me parece tan maravillosa la vida… como funcionamos es un milagro tras otro, como las células funcionan, como se reproducen, como nos reproducimos los humanos… se juntan unas células diferentes y crean un ser maravilloso que va creciendo en la panza de la madre hasta que llega el momento de abandonarlo.

Pienso en mi cuerpo, es un milagro, me observo y ya no hay dolores.

Wow, maravillosas reflexiones en un momento de silencio y en un bosque pletórico de vida.

Acabo con el Reiki dando gracias a la naturaleza que me rodea; a mi compañero de camino; a mí por no rajarme, por seguir, por querer vivir esta experiencia, a la vida, a mi cuerpo, a mis células, hasta a mi cabeza.

¡Wow, me siento llena de vida, de energía, con ganas y sin dolores!

Después de todo esto hablo con mi cuerpo y le digo «marca tú el paso», un paso que no me queme, que pueda llevar hasta el final con un paso alegre, con vidilla, que no lleguemos a las 3 de la tarde. A a mí me gusta llevar un buen ritmito, no ir demasiado despacio. Es verdad que este tramo Bullas-Caravaca es una vía verde y que casi todo es plano, pero los kilómetros están ahí y van sumando.

Durante el recorrido hicimos un par de paradas: Primera, desayunamos un plátano, frutos secos y agua. Vamos tranquilos con el agua porque llevamos mucha. Seguimos marcha. La segunda, en Hellín, es parada para café, baño y continuar. Al arrancar es verdad que cuesta volver a coger el ritmo. 

Creemos que estamos cerca y nos preguntamos si debemos parar para tomar dátiles y frutos secos o continuar. Llevábamos buen ritmo y más de la mitad del camino fuimos con sombra, frescos, agradables y un paisaje maravilloso. Coincidimos los dos y preferimos no parar para no cortar el ritmo.¡Venga, ya queda poco!

A lo lejos ya vemos la parte alta de la Basílica de la Vera Cruz, solo falta la última cuesta. Llegamos al Centro de Acogida al Peregrino donde hay duchas para el peregrino y por lo tanto al final de nuestro camino, y sorpresa, lo hemos hecho en 4 horas 37 minutos. 

La verdad es que sentí los músculos cargados pero no estaba excesivamente cansada. No hemos tenido exceso de calor excepto en la última parte y ha sido soportable.

Vuelvo a comprobar el tiempo que hemos hecho: cuatro horas 37 minutos. Esto me resultaba meramente imposible, yo no estaba preparada para hacer un camino. Nos duchamos y reflexionamos, entonces le cuento a mi compañero de camino todas mis conversaciones con mi cuerpo, el Reiki, las dudas, el miedo, el saber que no estoy preparada, pero que las ganas me pueden… pueden más mis ganas que mi cuerpo. Es cuando me hago realmente consciente de que en vez de cinco horas o cinco horas y media o incluso seis, han sido cuatro horas 37 minutos, es que no nos lo creemos. 22 km en 4 horas 37 minutos.

Tú qué crees ¿ha sido gracias al Reiki? Yo sí, estoy segura. Maravillada y muy segura de que ha sido el poder del Reiki, gracias al cual me he podido dar un ritmo fuerte, intenso, sin cansancio y descubriendo el paisaje que nos rodea, atentos, sintiendo, viendo los animalillos de los bosque que nos han acompañado en este trayecto, conejitos, ardillas, un zorrito, pájaros. Disfrutando del paisaje sin estar quemada, abandonando los miedos y llegando al final, y perdona que sea pesada, en 4 horas 37 minutos.

También voy a decir que cuando me enfrié no me volví a dar Reiki. Descansé por la tarde y al día siguiente tenía molestias en los muslos, un poco de falsa ciática y los músculos entumecidos de haber hecho un ejercicio extra en el cual he gastado una energía o una fuerza que yo creía que mi cuerpo no disponía. 

Y te vuelvo a preguntar ¿tú crees que ha sido el Reiki? Pues te vuelvo a responder yo estoy segura al cien por cien que la energía Reiki, a mi pareja y a mí, nos hizo casi volar para llegar los dos al final del recorrido de los 22 km en solamente 4 horas 37 minutos.

Doy infinitas gracias al Reiki y a mí por darme la posibilidad de escucharme.

Susurros de luz

Susurros de luz, la asociación que hace que las cosas bellas sucedan y además las cuenta.

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