Repartiendo amor por la ciudad

Jose Mª Escudero Ramos, Madrid, 26 de abril de 2020

Estamos felices pues hemos conseguido el salvoconducto que nos permite movernos por las calles en busca de personas a las que podamos ayudar. Ya hemos salido en tres ocasiones: dos noches para llevar cenas, bebidas y tabaco, aunque en una situación normal no solemos darlo, consideramos que en esta época que estamos viviendo es mejor evitar que nadie recoja colillas del suelo para fumarse las “pavas” y hemos hecho una excepción; y una mañana de domingo para dar desayunos y productos de higiene.

El primer día que salimos, con mucha amabilidad, nos advirtió la policía secreta de que podíamos ser sancionados, así que insistimos a la Dirección General de Voluntariado de la Comunidad de Madrid de la urgente necesidad de tener ese documento que nos permitiera salir a las calles sin riesgo de sanción.

Y lo conseguimos.

Tras cinco años saliendo con nuestro grupo de voluntariado, puedo contar muchas cosas de la vida en la calle, por ejemplo que hay muchas personas que se vuelcan con los sin hogar. El otro día mismamente, charlando con uno de los amigos de la calle, paró una mujer taxista y le ofreció un bocadillo, en verdad creyó que yo también era un sin techo, normal, podemos ser cualquiera y me lo ofreció a mi primero. Al final, se lo quedó mi amigo de la calle quien seguro lo disfrutó.

En Susurros de luz hemos aprendido que estas personas tienen comida de sobra y que como cargan con la casa a cuestas, no quieren acaparar, confían en que les llegará lo que necesitan en todo momento.

Nos gusta llevar bebidas, aguza, zumos, batidos, algún refresco ,cafés, leche o fruta, plátanos, potasio, naranjas, vitamina C…. también les llevamos chocolatinas, les encantan ¿a quién no?

Muchos amigos de la calle no tienen buena dentadura por lo que nos piden que les llevemos comida fácil de comer, ni pan tostado ni pan de barra, pan blando, de sándwich, les viene mejor. Nos gusta llevar caldo de verduras por si hay alguna persona que no coma animal o cerdo, también hemos de pensar en las personas que puedan tener alguna intolerancia a la lactosa, una mujer nos dijo que le sienta fatal hasta el embutido pues también contiene leche…

Otra cosa que nos piden mucho es ropa interior. En roperos suelen dar ropa de abrigo, pantalones, camisas… pero no calzoncillos o calcetines… a veces nos piden mantas, un saco de dormir, mochilas para cargar sus pertenencias pues en muchas ocasiones tienen que vagar sin rumbo fijo hasta que vuelve a caer la noche, así se convierten en invisibles cuando la ciudad funciona con normalidad.

Nos encanta ir y preguntar que necesitan y, en la medida de nuestras posibilidades, atender sus peticiones. Ahora es muy complicado pero hacemos lo que podemos gracias al apoyo de todas las personas, empresas o instituciones que nos facilitan la labor, gracias a las donaciones y aportaciones recibidas, gracias a los voluntarios que nos acompañan, gracias a todas las bellas almas que nos acogen con amor.

Nos encanta recorrer las calles y hablar, escuchar a unos y a otros. Cada persona tiene una historia, o muchas, que contar.

 

Es muy bello poder compartir tanto, vivir al servicio y aprovechar cada circunstancia para dar amor, que es la mejor forma de recibirlo.

Estamos muy agradecidos a todas las personas que hacen posible el que estemos en la calle, repartiendo calor y amor, en estas circunstancias, a todos los que han confiado, a los que confían en nosotros. El hecho de recibir el permiso de movilidad de la Dirección General del Voluntariado de la Comunidad de Madrid nos sirve de aliciente para seguir con nuestra labor, sabemos que somos unos privilegiados. Es como un abrazo energético a todos nuestros voluntarios, nos da fuerza para seguir.

El reconocimiento de la Comunidad de Madrid igual nos sirve para afianzar la confianza que  tienen en Susurros de luz todas las personas que aportan tiempo o dinero para que podamos hacer nuestra labor, a través de un maratón ya sea de videncia y tarot como el del pasado domingo 19 que organizó la Escuela Esotérica La Orden de Ayala; o el de terapias complementarias que se está organizando en Alcora.

El sentimiento que produce el salir a la calle a dar amor a todas estas personas que hoy son visibles nos llena de un sentimiento inefable.

Es muy curioso porque en estos días que salimos, vemos las calles sin distracciones, sin paseantes, sin consumidores, sin gente, solo unas personas que hasta ayer eran invisibles y que hoy destacan detrás de unas cajas de cartón.

Podríais preguntarnos por qué estas no están en un albergue, unos creen que vivir encerrados con más personas puede ser un foco de contagio y prefieren vivir al raso, en la calle, en libertad. Hay personas con alguna adicción que les mantiene al margen de la sociedad, otros viven fuera del sistema, otros prefieren vivir en la calle antes de endeudarse y los hay ahora que tienen dinero para una habitación pero nadie les acepta por el covid y así pasan los días, haciendo nuevos amigos, viviendo nuevas experiencias, todos tienen una historia que contar por eso es bueno pararse a escuchar.

Cuando sales a repartir amor no sales con prejuicios, no juzgas, no emites juicio alguno. Hemos escuchado todo tipo de historias, algunas de ellas regadas con lágrimas de pena, de amor, con una carga emocional importante.

Salir a la calle no es cambiar sus vidas, es sencillamente escuchar, estar, sin más.

 

1 comentario en “Repartiendo amor por la ciudad

  1. María José Durán

    Cuando leo los artículos sobre esta amorosa labor que hacéis, sale de mi corazón un sentimiento inmenso de agradecimiento y amor hacia vosotros, también de amor hacia ellos.
    Yo puedo ser uno de ellos. Ellos podrían ser yo. Todos somos uno.
    Gracias, gracias, gracias.

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