Respetar es otro gran acto de amor.

El otro día pasaron en televisión una película que ya había visto, Mentes peligrosas, con una guapísima Michele Pfeiffer. La película transcurre en un instituto de estudiantes en situación de exclusión social. Es de esas películas que ves y piensas que el mundo tiene mucho que cambiar, y cuando eres joven y observas esas realidades en la ficción pero no las has comprobado en la vida real, te rebotas y te indignas con el sistema, y piensas en qué poder hacer para cambiar todo esto.

Cuando uno crece no es que se deje uno de indignar, es que ve las realidades ficticias, las películas, y las realidades reales, de otra forma. Es verdad que todas las películas transmiten un sentimiento, el que el director quiere que sintamos, miedo, psicosis, amor, terror, humor, ansiedad…. Así nos conformamos con vivir la vida de otros, a veces somos héroes y salvamos el planeta, otras veces somos médicos, científicos, aventureros…Pero, ¿y la realidad? ¿cómo nos influye y marca nuestro camino?

Hace años vi Mentes Peligrosas, el título ya marca el carácter de los estudiantes como nosotros etiquetamos a cada persona con la que nos cruzamos ya sea por su perfil, su forma de vestir o donde trabaje pero también nos ponemos nuestras propias etiquetas y esas, nos pesan mucho.

Lo que me gustó de la película es que la maestra se enfrenta a los alumnos y les dice que son ellos, somos nosotros, los que elegimos día a día nuestra vida. Tenemos elección, cada mañana elegimos ir a trabajar, podríamos no hacerlo, pero elegimos esa opción, como los estudiantes deciden ir a estudiar en vez de tomar drogas o hacer vandalismo por las calles de sus barrios…recordad, son mentes peligrosas…Con la edad, quizás sea la madurez, entiendo un mensaje que no vi hace 20 años, ahora no veo el problema en que las mentes de esos adolescentes sean peligrosas por ser rebeldes, la verdadera peligrosidad de una mente es cuando se educa, se aprende y se puede convertir en una herramienta de evolución y desarrollo. Es entonces cuando interiorizas, cuando dejas la manada y buscas el camino en tu interior, no en el exterior.

“Un cerebro se entrena igual que cuando sales a correr para entrenar tu cuerpo” dice la profesora. A medida que pensemos y desarrollemos ese gran órgano que es un universo en sí mismo, más armas tendremos para luchar contra lo que no nos guste, ya sea el sistema o nuestro peor enemigo que no es otro que nosotros mismos.

Yo tengo una mente peligrosa, la ejercito mucho, pero también me doy mi tiempo para no pensar, me doy mi tiempo para digerir lo aprendido y para que se asienten las energías y las ideas recolectadas en el inmenso campo del conocimiento.

Llevamos encima demasiada información, mucha de ella innecesaria, a veces hay que formatear el cerebro-disco duro y comenzar de nuevo para aprovechar el espacio sobrante en él mientras actualizamos los programas de arranque y de trabajo. Esos que podemos llamar principios, ideas o pensamientos universales.

Hoy no me sale hablar de amor, me conformo con nombrar la palabra respeto y de eso también trata la película de la que hablo.

Respetar es otro gran acto de amor y cada vez más difícil de llevar a cabo porque siempre salen nuestros egos, ¿cómo voy a respetar a quien no me respeta? Pues la respuesta es muy sencilla, Respeta y ama incondicionalmente. Sólo por hoy no te irrites, el primer beneficiado es uno mismo.

Y este lo sé fruto de mi propia experiencia como intolerante e irrespetuoso. Quizás sea una forma de despertar uno mismo o de intentar hacer ver en el otro lo que uno tiene que cambiar en sí mismo…y volvemos a la teoría de los espejos y de que todo pasa por algo…hasta que decides que quizás estás creando una resistencia a lo que de verdad tendría que pasar.

Si dejas que todo fluya verás la vida con otra perspectiva, romperás esas resistencias que crean dependencia y sufrimiento y seremos otras personas nuevas, sin cargas, sin peligros, pero con una gran mente y un gran corazón.

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