Ruta Teresiana «De la cuna al sepulcro de Santa Teresa de Jesus», de Ávila a Alba de Tormes

Artículo escrito por Desam. Ferrández, (y algún apunte de Jose Mª Escudero Ramos) en Madrid, Julio 2021

Este escrito va dedicado a todas las hermosas almas, que han sido muchas, que nos han atendido en este trocito de camino. Almas de humanos súper atentos, amables, bondadosos, cariñosos, implicados con el camino y con toda la humanidad.

Lección del camino: «El ser humano es bueno, solo basta con ser. No te encuentras gente mala con facilidad». Dicho por un vecino de Peñalba de Ávila, durante una tertulia en uno de nuestros descansos. Más adelante, en otra tertulia, otra parada, otro pueblo, hacemos alusión a nuestra lección del camino y en esa ocasión nuestros contertulios nos responden, riendo, que ellos sí que conocen a humanos malos y además son vecinos de su mismo pueblo. Nosotros no nos hemos encontrado con ninguno. Santa Teresa ha estado presente en nuestro recorrido, nos ha acompañado y guiado con dulzura en todo momento.

Primer día del camino Teresiano:

Jose y yo llegamos a Ávila en tren a las 12:30 a.m. Nuestros pasos se dirigen al casco histórico. Atravesamos la muralla donde apreciamos sus enormes dimensiones y su colosal piedra. Tras ir al Centro de Información y Turismo visitamos la catedral, museo y claustro incluidos.

Siguiente paso: la comida. La suerte nos lleva a un restaurante con opción vegana, tallarines de calabacín al pesto y hamburguesa de falafel, a un precio bastante asequible.

Seguimos camino hasta la plaza de la Santa, visitamos la iglesia-convento donde se encontraba su casa natal, ahora hay una representación de la habitación dónde nació la Santa, para nuestro gusto demasiado recargada. Seguimos con el museo que está muy bien organizado y detallado, primero enseñan la vida de Santa Teresa desde su nacimiento, obras, conventos, hasta su muerte y luego detallan los grandes santos y santas que han continuado su obra. Continuamos con la visita para ver las reliquias de la Santa y la iglesia de San José, primera fundación conventual realizada por Santa Teresa.

Tras terminar las visitas a los lugares que siguen la huella de la Santa, los pasos nos guían hacia las afueras de las murallas para buscar el albergue de peregrinos. Está cerrado y decidimos dormir en el jardín de la iglesia de San Segundo, agradecemos y pedimos ayuda a la Santa y al Creador. Estamos protegidísimos. Montamos la tienda de campaña bajo un foco, ja, ja, desde luego pasamos toda la noche iluminados.

Segundo día del camino Teresiano:

El primer tramo de la Ruta Teresiana se solapa con el Camino de Santiago por lo que salimos tranquilos porque sabemos que al menos podremos guiarnos por sus flechas amarillas, creíamos que no íbamos a encontrar señales específicas de la Ruta Teresiana porque nos dijeron que estaba mal señalizado pero para nuestra sorpresa sí que las hay. Flechas rojas en postes blancos muy visibles durante todo el recorrido, gracias a la labor de Chin y sus compañeros que se encargan de hacer fácil el camino del peregrino desde el comienzo hasta el final.

Salimos de la iglesia de San Segundo con pasos de ilusión hacia el Humilladero de los Cuatro Postes y de ahí seguimos dirección a Salamanca. El primer pueblo por el que pasamos es Narrillos de San Leonardo y de ahí a Cardeñosa. Nuestro camino está salpicado de mariposas de todos los colores que revolotean a nuestro alrededor, espigas doradas por el astro Sol sobre un paisaje seco y áspero pero muy cálido, también vemos pajarillos de todos los tipos, conejitos, culebrillas, hormigas de todos los tamaños.

Nuestros pies, animados por las ganas de conocer más, nos llevan hasta Peñalba de Ávila, un pueblo en fiestas y aunque es el segundo año que no las celebran hay muy buen ambiente. Allí paramos para que nos sellen la credencial y reponer fuerzas. Los vecinos, muy sociables, hablan con nosotros. Pareciera que la mochila de peregrino da pie a entablar conversación. El alcalde nos invita a “otra ronda” y mientras Jose se toma, muy agradecido, su refresco, recibimos una de las mayores lecciones del camino: “El ser humano es bueno, solo basta con ser. No te encuentras gente mala con facilidad”. Con esta frase en el corazón, y los pies descansados, continuamos hasta Gotarrendura donde, en el único bar que hay en el pueblo, nos atiende una mujer encantadora que alimenta nuestro cuerpo con comida preparada exclusivamente para nosotros y, al acabar, nos acompaña al albergue de peregrinos. También nos dará de cenar y nos proveerá de fruta para el desayuno. En este pueblo se pueden dejar el móvil en cualquier mesa de la terraza del bar, regresar horas después y encontrarlo en el mismo lugar.

Tercer día del camino Teresiano:

Comenzamos el segundo tramo de la Ruta dirección a El Oso. Nos despedimos de Santa Teresa en su Palomar, la única pieza que se conserva en la actualidad de la finca que heredó Teresa de Ahumada, del cual hace referencia la Santa en varias de sus cartas. El camino está tachonado con bebés de sapito, caracoles gigantes, ranitas enanas y cereal.

Con la vista puesta en el horizonte vemos cereal, cereal y mucho mosquito, debido a que hay mucha agua a ambos lados de la senda que recorremos.

En el momento en que emprendemos camino los dos verbalizamos cosas que llevamos en nuestra cabeza. La primera frase que digo no ha sido manipulada ni creada por la mente si no que sale de un lugar más profundo y es que «no estamos tan diferentes a hace cuatro años, cuando hicimos el Camino de Santiago desde Oporto». En aquel entonces huía de mi realidad, en ese momento quizás fuera el trabajo u otros proyectos que me absorbían y ahora huimos de esta realidad que nos está tocando vivir. En el camino se aprende, estamos en silencio, en presencia, con atención plena, sin embargo, cuando volvemos a nuestra rutina, al trabajo diario, en cuanto ya no estamos tan presentes, la mente se va emitir juicios y crear otras historias más. Lo bueno, o lo que he mejorado de unos años a aquí, es que me doy cuenta más rápido, aunque el punto es que lo sigo haciendo, sobre todo en este momento en el que hay tanta información, buena o mala, que te lleva de un extremo a otro. Aquí, en el camino, es fácil porque no hay nada más que hacer que ir de un pueblo a otro, disfrutar con la mirada limpia de lo que nos está mostrando el universo y ser todavía más conscientes del poder de la mente. El cuerpo humano es el vivo ejemplo del milagro de vida perfecto e infinito y la mente es la poderosa de la casa, la que es capaz de dañar al cuerpo hasta volverlo débil o de sanarlo. Así es que,mientras me expreso, decido que voy a estar muy presente hoy también, con la vista en el horizonte, los pasos, las piedras del camino, los pueblos y en la ruta marcada por nuestra Santa qué tanto bien hizo y, ¿cómo no?, conversar y conversar con nuestros nuevos conocidos que cuando ven a un peregrino enseguida se ponen a hablar. Gente abierta, amable, curiosa, que es como se tiene que ser, no solo en la ruta si no en la vida cotidiana, en la vida.

Nuestros pies continúan su marcha pasando por Papatrigo, Narros de Saldueña, Collado de Contreras. Si ayer pensé que la gente con la que nos encontramos eran de 10, hoy digo que de súper 10. En Collado de Contreras una vecina nos ve hacer fotos de la iglesia desde fuera, ya que está cerrada, y nos dice que llamemos a la encargada, “vive justo ahí en frente”, para que nos abra y podamos ver la iglesia por dentro pues es preciosa, “la más bonita de la comarca”. Hacemos caso y llamamos al timbre de la casa donde vive dicha mujer, que al decirle que somos peregrinos y que nos gustaría ver la iglesia, ni se lo piensa y baja con una antigua y pesada llave en la mano para abrirla, mostrárnosla y contarnos curiosidades de la iglesia de Nuestra señora de los Dolores y del pueblo.

El camino nos hace estar muy presentes, muy humanos, muy conscientes y así llegamos a Fontiveros, el que pensábamos iba a ser el último pueblo de la ruta de hoy, pero no tenían albergue para peregrinos. Buscamos un lugar para comer. Encontramos el Mesón de Juan de Yepes. Están muy atareados porque es temporada de siega y han venido trabajadores a comer a este mesón. La dueña nos pide que esperemos para poder preparar algo especial para veganos pues ahora está haciendo los últimos cocidos. Vaya contraste. Nos invita a tomar algo mientras dura la espera. Nos refrescamos sin prisa. Nos atienden muy bien, la dama que hoy nos alimenta nos ofrece lo que tiene para nuestros gustos. Para Jose un arroz, los hidratos van bien para guardar energía para los próximos kilómetros, a mí me prepara un repollo que me supo a gloria. Cuando vino a preguntarnos qué tal habíamos comido le dijimos que muy bien, y la buena señora se ofreció a darnos un tupper con más repollo para otro día. No pudimos aceptarlo pero ese detalle alimentó nuestras almas. Le preguntamos dónde podíamos dormir y nos da el teléfono del alcalde, en un principio parecía que había posibilidades de encontrar un espacio municipal, incluso nos habló de una vecina que en otras ocasiones presta su casa para acoger peregrinos, pero hoy no podía, quizás por la situación que estamos viviendo. Aún siendo sábado llamamos y el alcalde nos atiende la llamada. Nos dice que hay un espacio para peregrinos pero no está en uso. No hay lugar donde poder alojarnos pero nos da el número de teléfono del alcalde del siguiente pueblo para que le podamos llamar y preguntarle si hay lugar para pasar una noche en su albergue, si por lo que fuera no podía, nos pidió que le volviéramos a llamar para encontrarnos una solución. Llamamos al alcalde de Rivilla, el pueblo siguiente, y nos dice que vayamos y preguntemos por las llaves del albergue en un bar que hay en la plaza.

Antes de partir de nuevo, descansamos un rato en el jardín de la iglesia de Fontiveros, lugar donde San Juan de la Cruz fue bautizado, con la buena suerte de que van a decorarla con flores para las comuniones del día siguiente y aprovechamos para pedir permiso y entrar, la muchacha llamada María Ángeles, súper agradable, nos hace una visita guiada y nos cuenta anécdotas. Emocionados por los regalos del universo y por las personitas que nos encontramos, seguimos caminando hacia la siguiente parada. Siguiendo las instrucciones del alcalde nos dirigimos al bar que hay en la plaza de Rivilla y de ahí nos indican que hemos de ir a la casa de la alguacila para que nos abra el albergue. Así hacemos, mientras la mujer nos enciende el calentador para que nos duchemos con agua caliente suenan campanadas, nos dice que a las 19 hay misa, hemos ido a parar al lado de la iglesia de Santa María Magdalena, iglesia que evidentemente no queremos perdernos, por lo que aprovechamos el momento que está abierta para hacer la visita. José tiene un amor especial a María Magdalena. Nos duchamos con agua fría por no querer esperar a que se caliente la caldera y vamos a misa. Al acabar hablamos con el cura, con los vecinos y preguntamos para que nos sellen la credencial. De ello se encarga un vecino, es quien tiene el sello, insiste en que le acompañemos a su casa para que nos cuñe nuestras preciadas credenciales de peregrinos. Ya sé que ya lo he dicho antes, pero he de insistir, vuelvo a repetir que son todos súper amables. Después de alimentar el alma, le toca al cuerpo. Volvemos al bar, el amable hombre que lo gestiona nos prepara una espectacular ensalada de tomate de la huerta de aquí y nos invita a una tapa de las típicas patatas revolconas de la zona de Ávila, todo ello acompañado de una muy grata conversación. Nos dice que en los pueblos pequeños se atiende mejor al peregrino que en los grandes y este es un pueblecito muy chiquitito. También nos dice que el alcalde está de vacaciones fuera del pueblo, ¡y a pesar de eso nos ha atendido la llamada y nos gestiona la petición de ayuda!, además, mientras cenábamos el alcalde de Fontiveros nos llamó para preguntarnos si ya teníamos lugar donde dormir.
Nos quedamos sin palabras. Podemos sentir una humanidad perdida en las grandes urbes. Aquí se vive en casitas y el vecino de un lado sabe lo que está haciendo el del otro lado, no se ha perdido ese contacto tan humano, se ayudan. Todos se dirigen a nosotros, «si necesitas algo dímelo, a la hora que sea», esto es brutal. En la ciudad, con sus torres de edificios fríos que generan individualismo, hemos perdido la comunicación con los vecinos, quiero pensar que es eso y no que se nos ha cerrado el corazón.

En el camino disfrutamos del contacto humano, de la generosidad y las buenas conversaciones entre los vecinos. Tenemos mucho que aprender.

Cuarto día del camino Teresiano:

Llevamos cansancio acumulado en los músculos, en los huesos, sin embargo, el camino que nos entra por los ojos es amable, abierto, limpio y muy bondadoso lo que hace sigamos dando zancadas de ilusión.

La medida del tiempo es muy diferente en el camino o en la ciudad. El tiempo aquí parece que se expande, es maleable, llegamos a todo, siempre hay tiempo y es ahora. Nos podemos dedicar a hablar, a escuchar, a que nos cuenten historias del camino, cuando nos damos cuenta ha pasado un montón de tiempo… mientras vamos caminando no es que el tiempo se detenga, es que no existe, las agujas del reloj viajan con nosotros, cada uno a su ritmo, como buenos compañeros de camino, nos respetamos en el ser y en el no ser… vivir la vida cotidiana debería ser realmente lo que experimentamos en el camino, vivir, vivir sin permitir que las agujas del reloj, marcando su tic tac, nos domine, más bien debería ser un tiempo abierto, que no limite sino que abra posibilidades. Sin embargo, vivimos en la ciudad un tiempo comprimido en un reloj, un tiempo apretado en nuestras prisas, en nuestros mil quehaceres, a veces incluso cuando te sobra tiempo, haces algo para emplearlo que luego te hace llegar tarde.

Como cada mañana, madrugamos; es mejor partir con la fresca pues el sol arrecia fuerte al medio día. Mientras se ordenan las palabras y los silencios, nuestros pies nos llevan a Narros del Castillo, allí seguimos encontrando ángeles. Conocemos a Rubén y a Eva, dos personitas maravillosas que se vuelcan en nuestro bienestar como en el de todos los peregrinos que pasan por su bar, El Gallo Kiriko. Después de dar energía a nuestros cuerpos con ricas viandas, nos dan su número de teléfono por si les necesitamos más adelante o no encontramos donde alojarnos. Podríamos quedarnos horas charlando con ellos y con algunos de sus clientes que también se prestan a ayudarnos, pero ellos tienen trabajo y nosotros un camino por delante, así que continuamos hasta Duruelo donde se encuentra el convento de las Carmelitas Descalzas. Nos han comentado que no dan cobijo al peregrino, a pesar de ello queremos adentrarnos en su finca para visitar la capilla. El peregrino suele ser agradecido pero también es exigente, demanda comida, techo, agua, ducha como si fuera un requisito y ellas a lo mejor no son tan exigentes ni con ellas mismas. Quizás Las monjas no quieran tener la obligación de dar ese servicio que, aunque ahora lleguen pocos peregrinos, en otras temporadas puede resultar un trabajo tan absorbente que les robe tiempo de sus propias tareas.

Después de la visita a la capilla y de ver las imágenes de Santa Teresa de Jesus y de San Juan de la Cruz vamos al torno para que nos sellen las credenciales, allí nos atendió la hermana María del Mar con una voz cálida, estuvo hablando el largo rato que nosotros le dimos conversación, con una calidez humana que denotaba cariño y respeto. A pesar de que no nos podíamos mirar a los ojos por que manteníamos la conversación a través de ese torno característico de los monasterios de clausura, nos expresó la admiración que siente hacia el peregrino y se interesó por nuestro camino; nos contó que las hermosas flores que decoran la iglesia son fruto de los jardines que las monjas mantienen y cuidan; que pasan los días rezando por todos los enfermos, incluidos los del Covid, y por toda la humanidad y también nos pidió muy humildemente que rezáramos por ellas «porque lo necesitan». Se despidió tras darnos su bendición y nos dijo que también estaríamos en sus oraciones. Nos marchamos llenos de amor por el cariño recibido.

Nuestros pies continúan su andadura hasta la siguiente parada, el convento nos deja esa paz en el alma difícil de expresar en palabras. Nos damos cuenta del poder de la voz, como unas ondas sonoras pueden transmitir una sonrisa y tanto cariño.

A partir de aquí el camino está lleno de piedras lo que nos hace estar muy presentes en cada paso que damos para no dañar más nuestros cansados pies. Dependiendo de nuestros zapatos y nuestra pisada sentiremos esas piedras de una forma u otra, cada uno siente su propio caminar, depende de cómo uno pise, del calzado, el peso de la mochila y las piedras que se pisen que, por cierto, ninguna es igual, las hay puntiagudas, planas o redondeadas. ¿Qué es lo que he de sentir en este tramo? Hay partes del camino con arena que lo hace más pesado pues se necesita más esfuerzo para caminar; otra parte tiene paja que lo se hace resbaladizo. Las veredas de los caminos recorridos están apoteósicas, flores por doquier de todos los colores, todas hermosas, lozanas, no importa el tamaño, lo que sí se aprecia es que van cambiando al igual que los mismos paisajes.

Llegamos a Mancera de Abajo donde encontramos un albergue Teresiano donde lavar y descansar nuestro cuerpo, en este amplio espacio encontramos una vitrina con lectura mística de Santa Teresa, San Juan y varios autores más, nos gustaría tener tiempo para leer mucho más… y así nos dormimos con las palabras, leídas en voz alta, de uno de esos magníficos libros.

El peregrino es exigente, sí, y a la vez humilde, quiere techo aunque no le importa dormir en el suelo, quiere agua para quitarse el polvo aunque no le importa que esté fría, quiere comida y mejor si es sencilla…

Quinto día del camino Teresiano:

Madrugamos también porque es cuando mejor se camina y cuando mejor se aprecian nuestros silencios.

Comenzamos el camino agradeciendo el descanso en el jergón del albergue Teresiano. El cansancio nos hace dedicarnos a mandarnos reiki y luz para nuestros doloridos músculos. Llegamos a Macotera pronto y ya aparecen más ángeles mientras tomamos café. Pedimos algo de fruta y el dueño del bar nos regala dos plátanos de su despensa particular. Ángel Luis, Cristina y dos amigos más nos regalan también una conversación agradable y alegre, ¡qué gusto empezar el día así!. Los nuevos conocidos también comparten con nosotros sus «cachorricos», incansables cachorritos perrunos tan tiernos cómo la mamá. Nuestros amigos nos enseñan a una de las perras que todavía no tenía nombre y nos preguntan ¿cómo podemos llamarla? Peregrina, respondió Jose. Y así quedó bautizada.

Las pisadas nos llevan a Tordillos, La Lurda y Garcihernández por el camino saludamos a todos los que encontramos y vamos sellando las credenciales en todos los ayuntamientos y lugares que podemos.

Garcihernández es pequeño y a la hora que llegamos ya hace mucho calor, casi no hay ni sombra ni bares. A pesar de la poca gente que vemos, nos cruzamos con los más amables. Buscando algún refresco para aliviar la sed vamos a una frutería en la que no vende refrescos fríos, sin embargo, nos saca de su nevera particular una cerveza fría que nos regala. En este lugar no hay albergue, por lo que continuamos el camino hasta Alba de Tormes donde acaba esta ruta Teresiana.

Nuestros pies saben que ya llevan kilómetros, aproximadamente cien desde que comenzamos, y que la última etapa va a ser dura ya que hace mucho calor, el sol ya está muy alto. El camino seco está coloreado con cereal, girasoles y granjas, el aire caliente te seca y hace que te deshidrates más. Este trayecto se hace especialmente duro, así que si se ha de pasar del dolor al sufrimiento se lo ofrecemos a La Santa y a las hermanas de Duruelo, aunque nosotros somos más de ofrecer el gozo y el disfrute de llegar a nuestro destino sanos y salvos, con nuestras mochilas más ligeras y el corazón lleno de amor.

Llegamos a Alba, de cabeza a por agua fresca que nos hidrate y un asiento para descansar nuestros cuerpos, especialmente los pies. Luego de la emoción de la llegada vamos en busca de un albergue y descubrimos con sorpresa que no hay, en todos los pueblos anteriores nos habían dicho que en Alba no tendríamos problemas. Hablamos con las Madres Carmelitas Descalzas del convento y nos dicen que la casa de oración, local que suele acoger peregrinos y podíamos utilizar como albergue, no está en funcionamiento. Vamos al centro de acogida del peregrino y está cerrado, preguntamos a la policía y nos confirman que no hay albergue. Tanto las hermanas como la policía nos remiten a la Casa Parroquial. Por error vamos a la parroquia de San Pedro, que está cerrada, en lugar de ir a la casa parroquial.

Después de descansar nuestro cuerpo en la piedra de los bancos que están en la plaza del Peregrino, nos vamos a la plaza Mayor, a dejar que pase el tiempo porque nos han dicho que a las 20 horas llegan los Carmelitas Descalzos a la iglesia de San Juan de la Cruz y queremos preguntar si tienen algún lugar donde podamos dormir. Como nos ven con las mochilas, la gente pregunta y como la Santa y los ángeles han estado presentes durante nuestro camino, encontramos a otro en formato mujer, nos invita a un refresco porque «los peregrinos se lo merecen», nos proporciona el teléfono del párroco y nos indica que el ayuntamiento está abierto, que pasemos a preguntar al concejal si nos puede dar cobijo en algún espacio municipal. Este nos dice que no hay albergues y, otra vez, que vayamos a la Casa Parroquial. Hacia allí se dirigen nuestros pies y aquí aparece el siguiente ángel, el párroco don Emilio, un hombre implicado con la gente de la calle y con los que no tienen recursos ni techo bajo el que dormir. La Casa Parroquial acoge una o dos noches a las personitas que están de paso y que viven en la calle o tienen necesidades. Con tanta amabilidad como sorpresa nos abre las puertas de una habitación que se usa para los indigentes que van de paso, tiene dos camas, baño, cocina con despensa y mesa con silla, ropero y lavadora. ¡Cómo es la vida!, nosotros desde la Asociación Susurros de luz damos desayunos a indigentes y el Universo nos devuelve de esta forma nuestros servicios. Don Emilio se interesa por el camino que estamos haciendo y en la conversación sale que conoce a un cura con el que estuvo colaborando Jose en Nueva York y en Madrid con las Hermanas de la caridad de Madre Teresa, en un refugio donde atendían a enfermos de SIDA, personitas necesitadas en sus últimos días. Estuvimos hablando con Don Emilio muy a gusto. Nos duchamos con agua caliente y tras una cena ligera nos acostamos pronto ya que al día siguiente queríamos visitar el pueblo de Alba de Tormes para luego regresar a casa.

Sexto día del camino Teresiano:

Despertamos por el dulce repiqueteo de la lluvia al caer sobre las piedras de las calles que rodean el lugar que nos da cobijo, las baldosas irregulares hacen charcos indicando que hace rato llueve. No hizo falta esperar el canto del despertador pues la naturaleza nos regaló su hermoso sonido para que tomáramos conciencia. La lluvia siempre me hace agradecer por lo necesaria que resulta el agua, sin embargo hoy, más que nunca, me salen las gracias repetidas porque en la jornada de ayer decidimos estrujar nuestras fuerzas para llegar a Alba, de no haberlo hecho así hubiéramos acampado en medio de algún campo de cereal, despertado a merced de la tormenta y continuado el camino con lluvia y charcos, lo que indudablemente lo habría hecho más difícil. No tenemos ni idea de la repercusión de cada decisión, Jose y yo nos miramos exclamando ¡qué suerte estar aquí ahora! La situación nos hace ser todavía más conscientes de que la Santa ha velado por nosotros.

El día comienza bonito; continuamos yendo a la iglesia de San Juan con el párroco y un sacerdote para acompañarlos y participar en sus Laudes matutinos. Terminamos cantando el Padre Nuestro. Don Emilio nos cuenta la historia de la iglesia y sus magníficas obras, seguimos la agradable conversación con un café en la plaza de Alba de Tormes. Nuestros pies nos llevan a visitar el monasterio de la Anunciación donde está el sepulcro de Santa Teresa de Jesus, la iglesia de San Juan de la Cruz, el Castillo de los Duques de Alba y el mirador del Espolón con espectacular vista desde donde se ve el río Tormes y los paisajes que lo bordean. Al acabar de recorrer el pueblo regresamos a Madrid en autobús, mantenemos el silencio recreándonos en lo vivido.

En los caminos se suelen aprender valiosas lecciones ¿Qué hemos aprendido del camino Teresiano? La lección más destacada del camino es con la que empiezo esta crónica: «El ser humano es bueno, solo basta con ser. No te encuentras gente mala con facilidad».

Otras lecciones importantes son, además de volver a creer en el humano, los nuevos conocidos han sido impresionantes; comprobar que si me dejo llevar tomo decisiones acertadas; corroborar que hay “seres” que nos acompañan, ayudan y guían; lo atractivo del silencio; volver a conectar con la esencia, me sentía imbuida en las energías de la ciudad y el trabajo, o sea, desconectada total. La crítica aparecía fácilmente y sin pensar, quiero no poner etiquetas a cualquier cosa que suceda próxima a mí y en esto es en lo que me voy a ocupar más activamente.

El camino no se hace por ver lo que hay al final de él sino por todo lo que aprendes en el recorrido.

Lo más fastidioso del camino: No poder ver varios museos por estar cerrados, ya sea por la situación actual o por falta de personal.

…Y al día siguiente, ya en la ciudad y de vuelta a la rutina, entras en el metro y ves las espigas que ya no están en el campo, están dentro del metro, las observo y me veo reflejada en algunas. Unas espigas erguidas con la cabeza altanera que intentan no ver y no ser vistas, pasar desapercibidas, no cruzarse con otras miradas para no tener que saludar; otras espigas van con el tallo inclinado sobre el móvil. Es curioso porque aquí, en la gran ciudad, como que no queremos hacer nuevos conocidos, ni mirar la expresión de los ojos que están a nuestro lado, miramos hacia el horizonte dentro de un vagón de metro hacinado, las caras en lugar de sonrisa de buenos días o de buenas tardes, son largas, serias, cada uno en su propia burbuja, la cual seguramente no será muy espiritual, quizás sean burbujas de rutinas.

Mil gracias a todos aquellos con los que hemos cruzado nuestros pasos porque nos han hecho un camino muy, pero que muy grato.

Mil gracias al universo y todas esas energías que forman parte de él, en las que se encuentran Santa Teresa de Jesus, María Magdalena y el coro de ángeles con formato de almas bellas.

Gracias a Jose, compañero de camino, por respetar mis silencios, que han sido muchos.

3 comentarios en “Ruta Teresiana «De la cuna al sepulcro de Santa Teresa de Jesus», de Ávila a Alba de Tormes

  1. Margarita Gatti de Pfannl

    Gracias Desam por compartir el relato de esta bella experiencia que han vivido con Jóse, gracias por abrir tu corazón e incluso contarnos intimidades que nos han hecho experimentar con mayor vivencia el camino.
    Me quedo con tu frase: «El ser humano es bueno, solo basta con ser. No te encuentras gente mala con facilidad», concuerdo con ella, es lo que nos sucede día a día, encontrarnos con las personas, es donde está Dios presente en cada momento para acompañar nuestro peregrinaje en la tierra.
    Dios permita que un día podamos hacer el camino teresiano, estamos lejos….pero nada es imposible para quienes dejan todo en manos del Señor. Sólo Dios basta!!

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