Silencio y paz

 

Que valioso es el silencio. Me paso mucho tiempo solo, escribo, edito fotos en el ordenador o en el cuarto oscuro, hago fotos por la calle, corro o voy en bici. Me encanta el silencio. Cuando voy en el coche ya no pongo la radio, en casa ni televisión, ni radio, ni música. Valoro cada día más ese tesoro de escuchar mi interior, siento y necesito mi paz, esa paz de espíritu de la que quizás hablen los místicos.

Cuando durante un tiempo lo que te rodea es ruido, voces incesantes que no paran de hablar sin dejar un respiro entre medias de las palabras, uno se da cuenta de lo hermoso que es el universo.

Cada día valoro más no ser bombardeado por la música machacona o los comentarios de los periodistas charlatanes de las tertulias. Observo y comparo la sociedad actual con las personas que la formamos.

No tenemos paz ni gozamos del silencio. Es parte del progreso. Hemos sacrificado esa paz interior individual por formar una sociedad del bienestar desquiciada y enferma.

Yo necesito silencio. Necesito escucharme y rendirme a las voces de las musas que me dictan que es lo que tengo que contar en cada momento, pero ¿cómo nos vamos a escuchar con todo ese ruido que tenemos en nuestro alrededor y nuestro interior?

¡Qué bien sienta la paz para poder escuchar las palabras que nos dicta el corazón! Los hermosos diálogos entre la mente y el co-razón.

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