Tanto que decir

Cuando dejas fluir te das cuenta de que el tiempo no existe. Eso es lo que siento porque tengo tantas cosas que hacer, proyectos por terminar, cosas que decir, que me falta ese tiempo que no existe, que lo relativiza todo, que nos coarta o nos quiere limitar…¿quizás quiera crearnos conciencia de lo efímero de todo lo que nos rodea? Poner tiempo en nuestras vidas es poner fecha de caducidad. Puedes pensar en el aquí y el ahora o en las cosas que te quedan por hacer…e incluso sentir miedos por lo que dejaremos el día que nos llegue la hora ¿la hora? ¡pero si el tiempo no existe! ¿cómo nos va a llegar la hora?. El prefijo A significa SIN; por lo cual ahora podría significar sin hora, sin tiempo…PRESENTE.

Es hermoso jugar a buscar origen a las palabras, así incluso les podemos encontrar el verdadero sentido. La palabra con todo su poder, con toda su influencia. Una palabra nos marca, programa, limita o enaltece… ¡vaya poder que tienen unas cuantas letras seguidas! ¿y la entonación y énfasis? A veces decretamos, lanzamos dardos energéticos que dejan huella…¿buena o mala? Eso lo dejamos al libre albedrío de cada persona, ese libre albedrio que quiero entender es la forma en que tiene cada individuo de asumir cada acto que realiza en su vida. Es aquello de Acción-reacción- Repercusión, pero sintiéndolo desde una perspectiva personal, cada vez que estemos más elevados en la frecuencia del amor y la gratitud viviremos como meros observadores sin perspectiva única, viviendo desde el punto de vista de todos, desde la UNICIDAD.

Cuentan que en una ocasión mandaron a cuatro personas a averiguar cómo era una manta. Cada uno agarro una esquina y contó lo que había visto, su color y su forma, la parte de abajo era curvo, la de arriba acababan en esquina de 90 grados, en pico. Los colores variaban según el dibujo. Cuando volvieron a describir lo que vieron no quedaron de acuerdo en la definición… llegaron a la conclusión de que había una sola manta percibida desde diferentes puntos de vista. El trabajo en equipo es creer en tus compañeros, es apoyarles, amar y confiar. El trabajo de equipo que se hace al vivir en comunidad dentro de éste ecosistema llamado humanidad es lo mismo, confiar, apoyar los planes del universo y amar.

Al final no es tan complicado, es dejar fluir, vivir, amar, aceptar, agradecer…se trata de vivir en una frecuencia elevada para que los que estén a tu alrededor eleven, a la vez, la suya.

Podría acabar preguntando y decretando ¿me he explicado? Y soltar unas lágrimas de emoción, gratitud, amor y humor, el gran sentido que nos mantiene cuerdos en momentos de locura.

Para mí el Reiki comenzó como una terapia pero ha terminado siendo una forma de vida, amar sin condiciones. No es solamente canalizar energía de amor incondicional, es ser amor incondicional, y para vivir en coherencia no he de poner condiciones para amar. «Te amo si no me haces daño, te amo si me das lo que quiero, te amo si…»Te amo y punto. Dejo fluir, todo lo que pasa es por nuestra evolución. Eso es muy hermoso y un gran regalo digno de agradecer.

Y es ahora cuando me pregunto en voz baja ¿me he explicado?

 

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