Villa Purificación

Este fin de semana ha sido maravilloso, lleno de experiencias únicas que se han de convertir en el bello recuerdo de un futuro cercano. Se repetirá, esa es la probabilidad cuántica. Yo lo quiero creer, lo quiero crear.

Ha habido contacto con seres de luz, con ángeles que enseñan lo que hemos de aprender, porque aunque no se vea a simple vista, se aprende con los ojos que no ven, esos que están en el corazón, que por cierto, ahora descubren que tiene neuronas. Hace unas semanas escribí sobre los indios, de la India, que señalan al corazón cuando dicen “tengo una idea” en contraposición a nuestra cultura que señala a la cabeza, menos Vicky el vikingo que se rascaba la nariz. Bromas aparte, que también las ha habido, hasta más de cinco, hemos compartido autenticas joyas naturales, perlas de sabiduría y emociones.

Hemos trabajado en equipo, compartido grandes conversaciones, meditado en lo alto de una montaña y junto a una poza mágica, tan mágica como la unión de  nuestros corazones.

Hemos improvisado una sesión de risoterapia que ensordece a las carcajadas de los niños en el circo, a pesar de que estábamos cruzando un pueblo lleno de turistas sorprendidos. En pleno proceso de desternille pasamos frente a un palacete hermoso que me llama la atención, en la puerta están escritas dos palabras, Villa Purificación.

 Este fin de semana hemos sido niños jugando, viviendo y disfrutando el presente sin importar las apariencias, sin querer asombrar más bien con ganas de descubrir nuevas sorpresas.

Este in de semana hemos vivido, hemos aprendido, hemos compartido.

Y yo he sido inmensamente feliz, tanto que no tengo nada más que una palabra para definirlo.

Gratitud.

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