Yo confío

Me ha pasado algo muy interesante, resulta que muestro confianza en las personas con las que me cruzo o tengo algún tipo de contacto y se sorprenden por ello.

Hace poco fui a una feria de libros antiguos y de ocasión con un cargamento de libros para vender, cuando llegué estaban montando la feria y dado mi carácter abierto y sociable, hablé con un hombre que estaba trabajando en un stand, no sabía muy bien si era un trabajador o el dueño de la librería que alquila el espacio.

Le pregunto si cree que el día de la inauguración sería un buen momento para pasar a ofrecer los libros, pues pensé que en pleno montaje no me podrían atender. El hombre se hizo el remolón, como no mostrando interés, mantuvimos una gran conversación sobre las ventas, la feria, la lectura, algo sobre la crisis en el mundo de los libros. Antes de irme le digo que tengo todo el carro de la compra con libros y me pide que se los enseñe. Me ofrece un dinero pero me dice que no tiene nada ahí, que los traiga el jueves pero yo le digo que se los quedé y que ya me pagará el próximo día. Se quedó sorprendido y me preguntó ¿te fías de mí? ¿Por qué no me iba a fiar? Respondí. Nos dimos la mano, como antaño, cuando bastaba un apretón de manos para sellar los contratos.

Volví a los dos días y me volvió a agradecer mi confianza.

Me dio que pensar. Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que ya no sirven ni  los contratos firmados, ¿cómo te vas a fiar de la palabra y de estrechar una mano?

Pues es que yo soy de abrazos. Me vale más un apretón de manos, un abrazo o una mirada que la inconquistable rubrica en unos papeles llenos de garabatos gráficos, rellenos por empresas que no tienen piedad a la hora de ofrecer “ofertas de por vida” que cambian a la menor oportunidad. Hubo un tiempo en que tenía la tarjeta American Express Oro gratis, les dije que yo no pagaba por una tarjeta de crédito y me la ofrecieron gratis de por vida, hasta que vieron que no era rentable para ellos, porque conmigo no conseguían nada, me llamaban, como me llaman ahora de otra entidad, para venderme el oro y el moro, pero yo siempre les digo lo mismo. Es que no soy consumista, no gasto, no compro, yo soy más de abrazos, de tomar un té y mirarse a los ojos. Yo soy más de vivir de la luz, de la energía y del amor.

No gastes tu tiempo conmigo porque yo no soy rentable para las empresas.

Soy más de amortizar el uso del corazón.

Jose Escudero

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